Todos queremos más

Las semanas previas a la Super Bowl se viven con un ambiente ligeramente enrarecido. Primero porque no abundan las noticias. Bueno, sí que hay, claro está, pero tú quieres más y más. Necesitas saberlo todo. ¿Qué tal ha meado Mr. Aaron Rodgers? ¿Tiene bien la pilila? ¿A ver si esas arrugas le van a hacer pasar mal? ¿Y el pobre Troy PELOmalu? ¿Eso que veo son canas? ¡Ay, ay, ay, ay! ¿Cómo va la nariz de Big Ben? ¿Ya se recorta bien la perilla Charles Woodson? ¿Qué piensa Obama de su desafío? ¿Se ha reencontrado ya Mike Tomlin con su hermano gemelo separado al nacer Omar Epps, prota de House? ¿La foto, la foto, qué cojones pasa con la foto? Noticias, noticias, ¡NOTICIAS! ¡Más, más, más! Todos queremos más.

¿Problemas en la pilila? Me la saco y hasta aquí me llega el badajo.

Por otro lado, son dos semanas de ansia pura y dura. El ansia te carcome por dentro, y en el trabajo, en casa, con tus amigos de fiesta, deseas que llegue el domingo/lunes, ponerte el jersey y berrear viendo la Super Bowl, mientras comes panchitos y piensas en lo duro que va a ser ir al curro al día siguiente. Pero ay, amigo, también deseas que no llegue. Porque su llegada implica el final de la temporada y el inicio de casi 8 meses de travesía por el peor de los desiertos. El Dakar dura menos de un mes y ya lo pasan mal, pues imagínate los football-aficionados (algunos dicen adictos, otros enfermos. Yo prefiero la palabra aficionado)… Comentaba por Twitter (estoy hasta las narices de que el Word me ponga Twister en vez de Twitter y ticket en vez de kicker) que es como con el final de las series televisivas. Deseas con toda tu alma ver el último capitulo, saber como le va a Jack y Kate, o al Coach Taylor y a Cafferty (Vince vuelve a ganar puntitos después de esas cagadas, pero Luke sigue siendo el amo), pero a la vez no te imaginas las semanas venideras sin ver esos capitulazos.

Bros before Hoes, dude!

También está la pachanguilla esa que se juega entre medias, la Pro LOwL. Un partido sin sentido, que ni siquiera es de pretemporada, donde ya se está con el mono por las nubes y te tragas cualquier tontá que tenga un ovoide. Jugadores de risas mil, reglas estúpidas, y Bill Belichick con camisa hawaiana y guirnalda al cuello. El horror…

Por si fuera poco te dan los premios de la temporada con cuentagotas. ¿Tom Brady ha sido ya declarado offensive player of the year? ¿El premio al defensive player of the year es por calidad o por peinado (Polamalu ganador, Clay Matthews III segundo)? ¿Y los novatos? ¿Nadie piensa en los novatos?

Así que no te cansas de pasarte por NFL.com, ESPN.com, Sports.yahoo.com y suputamadre.com si hacer falta. Efecinqueas a dolor por los blogs de Doble Cobertura, a ver si hay alguna novedad y te lees los artículos como si te fuera la vida en ellos. Y cuando terminas… ¿Ya? ¿Esto es todo? ¡Mecagoenlaleche, Merche! ¡Más, más, más!

¿5 líneas de artículo? What the fuck is this shit?

Y mientras tanto, el puto Jerry Jones chupando más cámara que cualquier piltrafa de la telebasura española actual, o que The Sevenspecial One (que juegos de palabras me marco, madre mía, estoy que lo tiro) en la sección de “Deportes” de los telediarios. Nunca el owner del estadio donde se juega la Super Bowl había hablado tanto: “No, no, no es momento para hablar de los Dallas Cowboys. Este es un partido entre dos grandiosos equipos, los Pittsburgh Steelers y los Green Bay Packers eran, ¿no?, que simplemente, por casualidades de la vida, se juega en el mejor y más caro estadio del mundo mundial. ¿Qué como se llama el estadio? El COWBOYS Stadium, claro”. Pero pírate a sodomizar a Antonio Ramiro, cansino.

Hacía años que no se me ponía así de dura

Y así estamos todos. Quedan menos de 5 días y a cada minuto que pasa la longitud de las uñas de muchos de nosotros va disminuyendo. Los que no nos las mordemos, porque somos unos tipos elegantes, nos contentamos un molesto rechinar de dientes.

Por último comentar, que oye, pa’ elegantosos, los chicos de Green Bay, ¿no? Saliendo del avión todos con su camisita, su chaqueta, Matthews marcando pechamen, que pum que pam, soy un pro fucker… Así sí. No con mierdas de sombreros de vaqueros y cinturones king size, o barbas de rockero a lo ZZtop. Eso sí, la de peña que debía de haber por ahí para que estuvieran todos flipando y grabando con sus movilazos.

La única conclusión que me queda es que sí, lo podemos llamar como queramos, pero realmente somos unos enfermos.

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