Archive for the 'Cowboys' Category

De Vikingos y Vaqueros (Primera parte)

 

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¡Hola a todos! Menos de un año después desde la última entrada, en la que el menda tuvo la suerte de pasarse por Lambeau Field para ver a los Dallas Cowboys, volvemos con otro serial al que podríamos llamar: “Los viajes del cabronazo de Gartzo.

Aquellos que me sigáis por Twitter (¡santa paciencia la vuestra!) habréis podido seguir mis aventuras por tierras estadounidenses, y seguramente conozcáis los detalles y lugares que visité, pero previendo una historia larguísima, voy a partir este viaje en un par de entradas. De esta manera, podré añadir más fotos y links a twitter, y hacer que las entradas salgan antes.

Como ya escribí el año pasado, no pretendo que lo que voy a contar aquí sea una guía de como hacer esto o aquello, simplemente narrar mi experiencia en la que, seguro, muchas cosas se podrían haber hecho de manera más eficiente y/o barata. ¿Preparados? Pues al lío:

497 días, o lo que es lo mismo, 1 año, 4 meses y 8 días es el tiempo que tuvo que pasar para que nuestra idea de viaje perfecto se cumpliera. Todo nació la tarde-noche del 28 abril 2016, cuando 3 locos nos juntamos en un pub, horas antes del Draft 2016 para comentar lo que esperábamos de aquellos días siguientes y en sus potenciales consecuencias para nuestros equipos.

Conmigo con la idea de viajar a Green Bay y a nuestro colega Charger convencido de ir a ver a los suyos en los próximos meses, pensamos que sería un puntazo hacer un tour para ver a nuestros equipos, más aún sabiendo que CowboysChargers se iban a enfrentar en Dallas en 2017, fecha aún por concretar.

No dejamos de pensar en ello durante toda la temporada, y tras ir sorteando varios imprevistos y complicaciones habituales de la vida cotidiana, nos colocamos ya en la SuperBowl, donde nuestro amigo Viking y yo decidimos que sería estupendo empezar la temporada en EEUU, pasar una semana viendo a los Cowboys en casa y viajar la siguiente semana a ver a Vikes, o viceversa, dependiendo de quien jugara primero.

Pero el calendario de la NFL, allá por abril, nos preparó una sorpresa bastante desagradable, y fue el hecho de ver que Cowboys y Vikings iban a compartir alternancia de partidos en casa/fuera. A estas alturas, nuestro Charger ya se había visto forzado a darse de baja del plan por motivos profesionales, lo cual nos “facilitaba” el camino al tener que ver a dos equipos en vez de a tres, sobretodo porque logísticamente prometía ser una odisea.

Entre que debatíamos qué equipo íbamos a ver a su estadio y a cual en la segunda semana (Vikings contra Steelers o Cowboys contra Broncos) caímos en la cuenta de que aún existía la remota posibilidad de ver a ambos equipos en casa: Dallas jugaba el SNF y los de Minnesota el MNF. Tendríamos menos de 24 horas para llegar del extremo sur de EEUU al extremo norte, algo posible viendo que los precios de avión tampoco se disparaban demasiado.

El 3 de mayo, en plena celebración de mi cumpleaños (a la manera inglesa, pinta tras pinta en un pub, of course) y con el calentón del momento, intentamos comprar vuelos y entradas para ambos partidos desde el móvil, y gracias a Dios que el mío no parecía estar por la labor de colaborar, ¡benditos smartphones!

Ya con la cabeza más calmada y tras reposar la idea durante… horas, el 4 de mayo compramos todo lo más doloroso del viaje: Mi amigo Viking, al que llamaremos J, se ocupó del viaje Houston-Londres y yo pagué las entradas para ambos partidos más el vuelo Dallas-Minnesota. Decir aquí que aunque la idea inicial era volver a Londres desde algún destino en el norte, el precio del avión se volvía imposible, así que hacer la ida y vuelta desde la misma ciudad parecía ser lo más sensato. Significaba tener un gasto adicional al tener que alquilar un coche, sí, pero nos abría un abanico de posibilidades y lugares que podríamos visitar.

No me meteré en faena de explicar cómo se consigue el ESTA, carnet internacional (que tuve que volver a sacarme), seguro, y otras gestiones porque ya las expliqué un poquito más en detalle el año pasado, siempre podéis echar un vistazo ahí o sino preguntarme, que para eso estamos.

Pasaron meses con el hype, pensando el qué planes íbamos a hacer una vez allí y soñando con nuestros estadios, cuando a una semana para volar nos llegan noticias preocupantes desde el sur de EEUU: La zona de Houston y otras ciudades de alrededor están siendo azotadas por el huracán Harvey. Aeropuerto cerrado, la ciudad sumergida como no lo había estado nunca, y nosotros acojonados, claro. Meses de planes y de gastarse los dollars para que cuando casi estamos allí, todo quede en el aire.

Que una central química estuviera en riesgo de explotar tampoco ayudó a tranquilizarnos, y vale que no hubiera sido tan malo como si reventase una central nuclear, pero mostraba que las cosas estaban lejos de normalizarse. Aquí fue donde nos planteamos muy seriamente el cambiar el vuelo directamente a Dallas y gastarnos más dinero, que una vez llegados a este punto era lo de menos, la verdad. Por suerte, en el fin de semana previo los vuelos desde el George Bush Intercontinental se retomaron y creedme cuando os digo que durante esos días seguimos la pista de todo vuelo que salía de Londres con destino Houston.

Tras lidiar con este estrés, el 7 de septiembre del 2017 llegó, con la promesa del Kickoff a la temporada 2017 y un muy apetecible viaje de dos semanas por delante. No hay mucho que contar del viaje en sí, aparte de la sorprendente escasez de viajeros aquella mañana, lo cual vino genial para poder coger filas enteras para uno mismo y tumbarse y dormir algo más cómodos que en la rigidez del asiento erguido.

La llegada al aeropuerto fue mucho más fluida de lo previsto, con el nuevo sistema electrónico que tenían montado las colas se han reducido muchísimo y no creo que pasasen más de 20-25 minutos desde que nos bajamos del avión hasta que salimos de la terminal.

No nos quisimos pillar los dedos con nada, y por comodidad y rapidez decidimos coger un taxi que nos llevara directamente al hotel, y de paso aprovechamos para preguntar al conductor por las consecuencias y efectos del huracán en la ciudad. Todo parecía estar bajo control, y nos confirmó que salvo algunos lugares concretos en los que todavía esas consecuencias eran visibles, Houston apenas se resentía.

Para poco más tarde de las tres de la tarde ya estábamos con el check-in hecho, las mochilas desperdigadas por el hotel y unas ganas terribles de ver football. Yo tenía mis servicios de telefonía activados y funcionaban de la misma manera que si estuviera en el Reino Unido, lo cual nos ayudó a salir del hotel y andar todo sin miedo a perdernos.

Porque otra cosa no, pero J y yo hemos andado como si no hubiera un mañana, y menos mal, teniendo en cuenta la cantidad de homenajes que nos hemos dado en esto del comercio y el bebercio.

Nuestros pasos nos llevaron hasta el downtown de Houston, en donde tras cerca de tres cuartos de hora después encontramos un sports bar que nos convenció. Tejas Grill se llamaba, y nos refugiamos del calor texano de la manera que mejor conocemos: sentaditos disfrutando de una cerveza fría, y aprovechamos para comer y beber hasta que empezó el Chiefs-Patriots que abría la temporada NFL.

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Tejas Grill

Antes del descanso yo ya estaba dando cabezadas bastante pronunciadas, y veía que el camino hasta el final se me iba a hacer larguísimo, pero por suerte para mi J parecía correr la misma fortuna. Eso hizo que al llegar el descanso decidiéramos volver hacia el hotel… andando, por si había la más mínima duda. Pusimos la TV en el cuarto para terminar de ver el partido pero yo me quedé sopa en el momento que rocé la cama. No me dio tiempo ni a quitarme la ropa.

Tras un sueño reparador y varios intentos fallidos de desayunar en el típico diner americano, emprendimos la marcha por Houston, con la idea fija de llegar hasta el NRG Stadium y echar unas fotos del estadio que acogió la más reciente SuperBowl. Tuiteé al respecto, y es que como las grandes mentes pensantes que somos, se nos ocurrió andar hasta allí bajo un Sol y un calor acojonante.

Nos llevó algo más de dos horas, con paradas incluidas, y es que por el camino descubrimos Hermann Park, uno de los parques mejor valorados de la ciudad. Aprovechamos para recuperar líquidos y sentarnos un buen rato bajo un árbol, disfrutando de la suave brisa que acompañaba a la inmejorable sombra que nos cobijaba.

8,9 millas después llegamos a nuestro destino y toda la caminata mereció la pena. La ciudad de Houston es amplísima, y tener coche se hace casi indispensable, razón de más para que nos pareciera que, o todo estaba lejísimos, o que lo que vimos era bastante decepcionante teniendo en cuenta la fama de la ciudad. Que un huracán acabase de azotar tampoco ayudaba, eso lo sabemos, pero en los apenas dos días que estuvimos allí no salimos impresionados más que en contadas ocasiones.

Una de ellas fue en el parque que he mencionado antes, y la otra en al llegar al NRG. Varias zonas se encontraban valladas, y un banner de “Houston Strong” acababa de ser instalado en una de las fachadas. Justo al lado del estadio se encuentra el viejo Astrodome, y el recinto para el Houston Livestock Show and Rodeo. He de reconocer que una de las espinitas que se me quedan clavadas de este viaje es no haber podido ir a ver un rodeo, pero bueno, todo no se puede tener.

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Hermann Park

Para la vuelta decidimos coger el tranvía, y acercarnos así a los otros estadios que nos quedaban por ver. A la ida, y el jueves por la tarde, habíamos pasado por delante del Toyota Center que es el recinto que acoge los partidos de los Houston Rockets de la NBA. Es una pena ver que salvo un par de banderas y una placa en el suelo, hay muy poca referencia al equipo, imaginamos que porque será un centro compartido con muchos otros eventos.

El Minute Maid Park es el estadio de los Houston Astros, equipo de béisbol de la ciudad, y bastante difícil de fotografiar como para sacar un ángulo decente de todas sus peculiaridades. Tras las fotos de rigor ya sólo nos quedaba por ver el estadio de la MLS, el BBVA Compass Stadium de los Houston Dynamo.

Muy pequeño y curioso éste último, y lo que es más importante, relativamente cerca de los otros dos y… con un pub con una selección variada de cerveza al que ya habíamos fichado en una búsqueda por internet. No me vais a negar que nos lo habíamos ganado, ¡por pura hidratación eh, no alcoholismo!

Cuando creíamos haber llegado al pub que queríamos, nos dimos cuenta que era otro, y que que buscábamos nosotros se encontraba un poco más adelante. Nosotros nunca desaprovechamos una oportunidad así, por lo que decidimos tomar una cerveza en “Lucky’s” porque somos así de leales con nuestras decisiones, para acto seguido ir al otro bar (Little Woodrow’s) a por la siguiente. Y de vuelta al Lucky´s, y una vez más al Woodrows. En estas idas y venidas aprovechamos para ver el US open, algo de béisbol, y como no, cenar. Una tarde noche de lo más bien aprovechada culminada con J perdiendo sus gafas de sol en el camino de vuelta al hostal.

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Lucky’s

A la mañana siguiente, ya sábado, tocó andar hasta la estación de Greyhound de Houston… el sitio más desolador y tenebroso del mundo entero. Mientras deshacíamos los pasos de la noche anterior y con la mente clara se me ocurrió que el único sitio donde J podía haber perdido sus gafas era en el momento en el que recibió la llamada de la naturaleza para aliviar su vejiga, y la razón por la que no las habíamos oído caer era porque había tenido que ser en un tramo de hierba. Y tal cual, allí reposaban sus gafas con una ligera humedad en los cristales fruto del rocío mañanero. El puto Grissom de Zarautz, me llaman.

Volviendo al tema Greyhound (he pensado que el gafa-gate os tenía en vilo) no sé si habéis tenido la suerte desgracia de viajar en uno, pero es una experiencia muy difícil de explicar. Lo digo totalmente en serio, los alrededores, incluso la sala de espera de la estación de buses es punto de encuentro para la gente más variopinta y escalofriante. Íbamos con la idea de desayunar tranquilamente cerca de allí, pero al ser “semi-rodeados” por un grupo de unas 7 personas y declinar amistosamente su oferta para comprar droga y darles alguna propinilla, decidimos meternos en la terminal echando hostias.

Dentro la cosa no mejoraba mucho, y el asegurata que nos checkeaba los billetes nos preguntaba si llevábamos armas en las mochilas. A día de hoy no sé si lo preguntaba por seguridad, o para cerciorarse de que teníamos con qué defendernos. Tras nuestra negativa, ni se molestó en hacérnoslas abrir Al rato, y después de ser testigos del inmejorable servicio al cliente americano (nótese la ironía), nos subíamos al bus con destino a Dallas… fuck yeah!

El viaje transcurrió sin incidentes, 4 horas de camino incluyendo una parada para estirar las piernas. Y así, sin tener tiempo a procesarlo, llegamos a Big D, donde lo primero que hicimos fue contratar un Uber para que nos llevase desde la terminal de autobuses hasta nuestro hotel. Aquí fue cuando conocimos a Kenneth, nuestro conductor, el tío más majo entre los que conocimos en nuestras aventuras.

Hablamos de todo un poco, de Europa, Reino Unido, de Jerry’s World, el soccer, de lo graciosos que eran nuestros acentos, nos recomendó varios steakhouses y se lamentó de no poder llevarnos él mismo al partido al día siguiente porque decía que conocía un par de sitios que merecía la pena visitar.

También nos contó que en ese mismo asiento en el que yo me sentaba había estado Zach Martin unos meses atrás, cuando al parecer él y otros 2 compañeros llegaron tarde al bus del equipo y tuvieron que ir por su cuenta. Al preguntarle si había podido charlar un rato con el guard de los Cowboys, Kenneth se limitó a decir que Martin tenía cara de pocos amigos y que no quiso ni intentarlo.

Nos dio su tarjeta y nos animó a llamarle si queríamos recomendaciones más específicas de algún steakhouse, sobretodo si pasábamos por Fort Worth. Tampoco nos bajamos del Uber sin antes recibir un par de lecciones de cómo hablar texano por parte de nuestro amigo. A las clásicas “Howdy” (para “Hola”) y “Y’all” (para referirse a alguien) nos introdujo al  “I´m fixing to”, que viene a ser el equivalente al “I´m going to” (“voy a…” “estoy”) que usa todo hijo de vecino. Así pues, Kenneth juntó todo para terminar diciendo “Howdy, y’all, I´m fixin’ to drive you to your hotel!”. Fucking legend.

Una vez nos despedimos de nuestro chófer, nos tocaba esperar para hacer el check-in, así que lo que hicimos fue dejar las mochilas en recepción e irnos a comer a un restaurante contiguo, y del que salimos absolutamente enamorados. Por suerte para nosotros Denny´s es una cadena de restaurantes 24 horas, y le rendimos varias visitas durante nuestro viaje. San Denny´s, patrón de los fanegas.

Otro Uber nos llevó hasta el Downtown, esta vez el conductor era un tío que parecía estar algo tocado en el piso de arriba, y preferimos no hacerle demasiado caso. Paseando por la ciudad pasamos por el hotel The Westin en el que los Giants se alojaban, cosa que desconocíamos, pero nos dimos de bruces con todos los jugadores y staff. No había ni vallas ni nada, y de de la sorpresa de verlos delante no me salió ni insultarles.

Entre las visitas obligadas, estuvieron el Pioneer Plaza, y como no, el lugar en el que JFK fue asesinado. Aquí pecamos de pardillos al ser enganchados por un guía “oficial” cuando ya salíamos de la zona, nos pegó el sablazo del siglo y no quisimos ni rebatirlo, pero a decir verdad la charla y los sitios que nos enseño estuvieron de puta madre: Hubo 3 tiradores, pero solo 2 dispararon, había 4 razones fundamentales por las que querían a Kennedy muerto… y otras varias cosas que no os voy a desvelar porque me he propuesto recuperar ese dinero. Si queréis saber más, os mando mi cuenta de PayPal, me ingresáis el dinero y ya si eso os lo cuento.

IMG_0949Tras esto, y visitar una tienda en la que vendían sombreros vaqueros y en donde el que me gustó estaba defectuoso, me entró bastante bajona. Fuimos a un bar a echar una cerveza y ver algo de college, Clemson vs Auburn, pero apenas pude terminármela. Decidimos que ya estaba bien del downtown y que era hora de volver al hotel, no sin antes pegarnos otra comilona en el Denny’s.

Llegó el gran día y es que por fin pondríamos rumbo hacia Arlington para ver a mis queridos Cowboys, por lo que más nos valía desayunar como campeones (¿no había duda de dónde lo íbamos a hacer, verdad?). Serían eso de las 10:30 cuando llamamos al Uber que nos llevaría hasta el estadio, y aquí tengo que decir que me esperaba que nos costase más caro de lo que fue ($24) pero también es verdad que íbamos como con 10 horas de antelación. El partido era a las 7:30pm hora local, y como sabíamos que la gente llevaría sus televisiones para disfrutar del tailgate, esperábamos poder engancharnos a alguien y ver los partidos previos al que íbamos a presenciar.

Según avanzas por la autopista empieza a resaltar una figura inmensa, y sabes que no puede ser otra cosa que el AT&T Stadium. La gente de la ciudad no para de repetirte lo maravilloso que es, y de todo lo que vas a disfrutar una vez dentro, sobretodo siendo fan de Dallas pero os puedo asegurar que nada como ir acercándose a un lugar tantas veces has visto por la TV y en el que te has imaginado tantas otras. Justo antes de llegar te encuentras con “Six Flags Over Texas”, un parque temático impresionante en el que no me hubiera importado haber pasado un rato soltando adrenalina en sus atracciones, pero para el que no tenía ojos aquel día. Además, ya daba igual quien me estuviera hablando: no estaba escuchando.

Leticia, nuestra conductora Uber, se metía por las carreteras cercanas al estadio mientras buscaba el punto de destino marcado por la aplicación, pero no me pude contener más y le dije que si no le importaba soltarme allí mismo, que yo iba a desmayarme igual me dejara donde me dejara. Bajé del Uber y… no puedo explicar lo que sentí. Creía que tras un tiempo desde que viví la experiencia iba a poder describir lo que fue, pero se ve que me equivocaba. Como siempre, añadirá el típico listo.

Fue muy extraño, me pasé un buen rato quieto en el mismo sitio, mirando al AT&T mientras lo único que era capaz de balbucear era WOW. En bucle, en un larguísimo bucle. Miraba a J, señalaba al estadio, WOW. Me frotaba los ojos, mandaba fotos a mi familia, y WOW. Daba pequeños pasos hacia adelante, como temiendo que uno de ellos me despertara de un sueño, porque es lo que sentía que era aquello. Un sueño.

Fui recuperando la compostura, pude hacerme más fotos sin parecer un completo idiota delante del estadio, y la primera parada tras apreciar aquella obra de ingeniería fue la tienda, no sin antes echarme una foto con la estatua de una leyenda vaquera como Tom Landry.

La tienda es como ser un chiquillo otra vez, pero no por lo mágico, que también, sino porque lo quieres TODO y no tienes dinero para comprarlo. Iba con la idea de comprarme el jersey color rush de Prescott o Elliot, pero el único que parecía quedar era el de Witten, precisamente jugador del que llevaba el jersey aquel día. Gasté mis dineros en un chubasquero/paravientos, una sudadera y una camiseta con la estrella y el mapa USA que reza “America´s Team”. Esta última me da mucho gustico llevarla porque la gente siempre tiene algo que decir, y a mi me encanta discutir por discutir… es lo que tiene ser un trolazo. También añadí una guía del partido, algo que me gusta comprar como recuerdo, guía que por cierto aún ni he sacado del plástico.

Contento con mis nuevas adquisiciones y por hacer algo de tiempo hasta que los primeros partidos comenzasen, nos acercamos hasta el estadio de los Texas Rangers, que está justo enfrente del AT&T y en el que además había partido aquel día: final de la serie contra los Yankees de Nueva York. Iba a ser Texas contra NY tanto en béisbol como en football.

Tanto caminar al Sol nos estaba asfixiando un poco, así que nos fuimos hasta un Wal·Mart que se encuentra en las inmediaciones del estadio para comprar Gatorade y recuperar sales minerales, y cerveza, para volver a perderlas. Todo acompañado por unos Doritos que hicieron las delicias del respetable.

Estando sentados bajo un árbol veíamos como la gente se esmeraba en colocar sus tailgates zonas como es debido, montando carpas desde cero y trayendo pantallas de plasma grandísimas y generadores que les dotasen de energía para toda la tarde. Y como no, barbacoas cada cual más grande que la anterior, porque para eso estábamos en Texas.

Fuímos saltando de tailgate en tailgate hasta que encontramos un sitio en el que podíamos ver las TVs sin problemas, y con el tiempo fue llenándose con gente de ambos equipos, todos charlando y haciendo amigos. Nosotros conocimos a un grupo que nos acogió en su tailgate, nos dieron cervezas, comida, y echamos unos pases y les retamos al bean bag toss, ya sabéis, este juego en el que lanzas saquitos de arena/arroz/lo que sea desde una distancia y hay que meterlos en el orificio del rival. En el orificio de la tabla que hace de objetivo, ojocuidao, no que haya que hacer cosas sucias a los rivales. Al menos no a esas horas.

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Tras pasar un tiempo muy agradable con nuestros nuevos amigos, pensamos que era buena idea ir acercándose al estadio cuando abrieran la Miller Lite Plaza, exclusivo ya para aquellos que tienen entrada, y en la que la música y el alcohol siguen en un recinto cerrado y con muy buen ambiente. Según entramos en aquella zona vimos una carpa con un par de cheerleaders vaqueras sacándose fotos con los allí presentes, por lo que no perdí ni un segundo y me puse a esperar mi turno.

Tuve bastante suerte porque en menos de un minuto estaba ya bien agarrado a las dos simpáticas mujeres, con las que pude hablar muy brevemente, y echamos la foto que veis aquí. Qué felices los 3, no me lo iréis a negar. Y es que no todos los días se tiene la suerte de poder sacarse una foto con uno de los locos del Monday Night Blog. Ehem.


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Después de la larga espera llegaba otro momento mágico, entrar al AT&T y disfrutar de lo que tiene para ofrecernos dentro, y os puedo asegurar que es impresionante. Te das de frente con el Jumbotron quieras o no quieras, y eso que solo ves las pantallas laterales, pero sigue siendo igual de alucinante. Según te vas abriendo en ángulo y empiezas a ser consciente de todo el espacio que una pantalla de alta definición de 60 yardas ocupa, tu mandíbula se desencaja de nuevo.

Fotos y más fotos aquí, incluyendo un vídeo de Facebook en directo para nuestros familiares y amigos tratando de describir la experiencia, y es que no era para menos. Cada asiento tenía una toalla para animar al equipo con la fecha del partido incluída, un recuerdo que está ya bien presente en mi sala de estar y que me devuelve por momentos a mi asiento en Arlington.

En lo que respecta al partido, vimos como la defensa de los Cowboys machacaba y anulaba al ataque neoyorquino, mermados con la notable baja del receptor Odell Beckham Jr., mientras que Prescott, Elliott (421!!) y compañía hacían lo suficiente para doblegar a sus rivales. Es justo decir que los Giants nos hicieron parecer mucho mejor de lo que en verdad éramos. Resultado final: 19-3 a favor de Dallas y yo contento de haber visto a mi equipo ganar en directo por tercera vez.

La salida del estadio la hicimos bastante rápido, no había mucho que nos retrasara pero a partir de aquí y con la vista puesta en el madrugón del día siguiente, la cosa se torció un poco. Antes de eso, y cuando caminábamos más siguiendo a la marea humana que otra cosa, me fijé en una persona a la que estaban llevando en silla de ruedas a uno de los coches en la zona de aparcamiento.

Aquella persona había sido presentada en el estadio, y a mi, que me pirra todo tema relacionado con el espacio no me era desconocido: ¡era Buzz Aldrin! Nadie más pareció verle, o eso o están muy acostumbrados, pero yo corrí a su lado y esperé a que sus asistentes le ayudasen a levantarse para saludarle y presentar mis respetos. No quise molestar con fotos, así que mientras esperaba me hice un selfie con el segundo hombre en pisar la Luna. Historia viva, aunque no todos los que leáis esto pensaréis lo mismo. Uníos al club que J empezó minutos después de este encuentro, magufos.

Como ya he dicho, aquí el día dio un giro a peor cuando no había manera de encontrar el sitio destinado para la recogida de pasajeros que proporciona Uber, y no solo eso sino que el tiempo de espera no paraba de aumentar, y en consecuencia, los precios. Llegamos a ver viajes de hasta 80$ por la vuelta al hotel, y no nos quedó más remedio que dejar que pasara un tiempo considerable hasta que pudimos montarnos en uno.

Pasada la medianoche nos recogió Tonjulla, a la que hicimos bastante poco caso por el cabreo que llevábamos encima, y es que el vuelo hacia Minnesota del día siguiente era a las 6.40 am. Cada segundo de más que pasamos esperando el Uber significaba otro que perdíamos de descanso, y fue algo que nos frustró a ambos.

25 minutos y $63.51 menos después, llegamos al hotel con las fuerzas justas de poner la alarma para 3 horas después y caer rendidos. A las 4:15 de la mañana, la siguiente aventura comenzaba…

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Episodio CLVII – La amenaza Vaquera

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Hace mucho tiempo, en un blog muy, muy lejano…

Dejad de sorprenderos, estáis viendo bien: Esto es una entrada especial de Monday Night Blog. Y ojo que no es que sea especial porque el que escribe éstas líneas sea como Ralph, ni porque quienes escribimos escribíamos en éste espacio iban al colegio en autobuses cortos, no, es especial porque todas nuestras entradas son especiales y sería injusto que… pffffff, vale, mentiraca, ¿pero y lo bien que queda? El caso es que va a haber entrada nueva y punto, ¿no os iréis a poner exquisitos ahora, no?

Y qué extraño fenómeno del Universo ha propiciado tal hecho, os preguntaréis, pues que aquí el menda y la Anteriormente conocida como Lady Favre se han pegado un viajazo a Green Bay. Así, con toda nuestra chulería; por afición, locura, por impresionar a una extranjera… por la razón que sea nos fuimos (y volvimos contra nuestra voluntad) y aquí estoy para contarlo con pelos y señales. Al menos los pelos y señales de los que me acuerde.

¿Y por qué digo esto? Pues porque como no podía ser de otra manera, llego ultra tarde a una entrada que prometí hace eones, pero que por azares de la vida no he podido sentarme a escribir como es debido. En mi defensa diré que escribí un buen trozo el día que llegamos del viaje y tenía que forzarme a aguantar despierto para que el jet-lag no me amargara la existencia al volver a Europa, pero (y aunque usaré algo de lo que escribí) aquello fue mayormente una basura. Vamos, como viene siendo habitual, pero dándome cuenta de ello.

Es posible que hayáis escuchado la experiencia que vivimos el domingo 16 de octubre en el podcast de nuestros amigotes de Football Speech, que no sólo está en su mejor temporada ever tras su mejor temporada (rollo Inception, un lío de la hostia) sino que además son tan majos que tuvieron a bien enchufar un audio con nuestras seductoras voces. Si queréis ir directos al clip, empezad la reproducción en 1 hora, 23 minutos, 19 segundos.

Aquí lo que se pretende es contar con más detalle cómo fue todo, por si alguno de vosotros necesita un empujoncito extra para convencerse o tiene dudas de cómo organizamos tal o cual. No hace falta decir que lo que viene a continuación es nuestra propia historia, habrá otras mil formas muy válidas de hacerlo, pero nosotros “elegimos” esta. ¿Preparados? Pues al lío.

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Como bien podéis imaginar, un viaje de éste calibre requiere que muchas cosas salgan bien, demasiadas diría yo. Ya no sólo es que puedas librar esos días para pegarte una matada de viaje (que lo es, a menos que viajes en business), entra en juego que te lo puedas permitir (tema para nada baladí), que el equipo al que quieras ver esté jugando bien y no tenga lesionados a tus jugadores preferidos (que en la NFL, vete tú a saber), que el equipo rival sea medianamente decente y llegue en forma al partido, etc… Vamos, que casi es más fácil que te toque la lotería. Eso sin contar con retrasos/cancelaciones de vuelos, problemas con las entradas y otro sin fin de putadas propios de un viaje cualquiera.

En ese sentido nosotros tuvimos una potra tremenda, a principio de año ni siquiera se nos había pasado por la cabeza el ir a ver un partido de NFL en los Estados Unidos, pero ni por asomo. Hemos estado en bastantes partidos de International Series ya que viviendo en Londres es bastante cómodo y asequible, y de hecho me compré entradas para los 3 partidos que se jugaron en octubre de éste año. 2 se jugaron en Wembley, y por primera vez, uno en Twickenham, estadio conocidísimo entre los aficionados al rugby. En ese sentido, me daba por satisfecho con el menú de NFL que me había preparado: iba a disfrutar de un partido divisional entre Colts y Jaguars (Jag-wars, que dicen los americanos y que saca de quicio a ingleses), abuchear a muerte a los Giants en su partido contra Rams y más de lo mismo con los Redskins jugando “en casa” de los Bengals. Pero salió el calendario de 2016 y, casualidades de la vida, en una de las semanas en las que no tenía cita con la NFL en Inglaterra había un muy golosote Cowboys@Packers. Nuestros equipos frente a frente, y encima en Lambeau, como para pensárselo aunque sea.

Al principio nos lo tomamos a coña, sobretodo porque por cuestiones de trabajo esas fechas entre partidos son normalmente las únicas posibles para ir a casa a ver a la familia hasta pasadas las fiestas navideñas, pero al poco tiempo nos confirmaron que podíamos retrasarlas hasta noviembre… y ya no nos parecía tan descabellado. Es más, diría que lo más difícil estaba hecho, cuadrar fechas. “Seguro que cuesta un pastizal” fue lo siguiente que pensamos, casi como queriendo tener una excusa para cerrar el tema; y aquí no nos equivocamos. La indecisión nos retrasó muchísimo, y eso que estoy hablando de las primeras semanas de mayo, cuando los season ticket holders no tienen aún ni los billetes en la mano.

Las entradas y sus locos precios las íbamos mirando en TicketExchange, la página de Ticketmaster que lleva la NFL en donde aficionados de todos los equipos pueden comprar y vender sus entradas de forma segura. No os voy a mentir, acojona un huevo gastarte una pasta y en donde te dicen que, ya si eso, los tickets te los mandan por mail y que te los imprimes a tu nombre y con eso pasas. ¡El timo de la estampita versión yuesei!

– ¿Y si vamos y resulta que esas entradas no valen?

+ Que va, ¿no ves que lo promociona la NFL?

– Ya pero, ¿y si resulta que no valen?

+ Es veneno.

– Pero huele a canela…

Total, el tema se desvió y como ya he dicho antes, nos retrasó un copetín. Luego vas viendo que las entradas a las que más les echas el ojo se van yendo, que los precios suben aún más, y te desesperas. Cada vez parece más una locura. Porque claro, obviamente no te vas a dejar el dinero sólo en las entradas: está el alojamiento, el desplazamiento hasta el estadio y más cosas. Sumar y sumar. A unas malas, sabíamos que podíamos contar con un amigo que vive en Chicago y ahorrarnos el alojamiento, pero el viaje no es ninguna broma y eso sumaba más gestiones que ya detallaré un pelín más adelante.6Una tarde me dio por ser más pesado de lo habitual (que no queréis saber cuál es ese punto) y Amidala acabó cediendo siempre y cuando las entradas fueran “asequibles” y yo aceptara estar en la sideline de los Packers, cosa que me daba un poco igual porque ya estuve en el lado de los Cowboys cuando jugaron contra los Jaguars en Wembley (ay, qué bonico estaba Romo… un poco lisiado eso sí (algunas cosas nunca cambian (toma, multiple paréntesis como hizo mi Bro (aunque él con bastante más estilo y más largo (qué puto amo y sexy es))))). ¿Y cuando estaba ya todo decidido qué pasó? Que vamos a comprar las entradas y los gastos de gestión de Ticketmaster suben el precio de cada una más de 150$. Hijos de una hiena. Aquello sí que era un robo que ríete tú de lo de El Dioni. Otra hostia en la cara, nunca mejor dicho.

Al final nos decantamos por unas que, estoy seguro, iban a ser nuestra última intentona. íbamos a pagar lo que pretendíamos pagar por las otras antes de descubrir el gasto de gestión, y encima estando en peor sitio. Pero seguiría siendo en Lambeau, con eso bastaba. Fecha de compra: 22 de mayo. Desde la web me aseguraban que para 3 días antes del evento las tendría en el mail. Muy tranquilo no estaba, no os voy a engañar. Al final las entradas estuvieron listas para imprimir el 23 de agosto, y no os hacéis a la idea del subidón que te da eso. Entradas a mi nombre y todo en riguroso orden, como prometen en el anuncio, ninguna queja, desde luego.

Tras un desembolso así decidimos que lo mejor era esperar y tantear las webs de las distintas aerolíneas que cubren el vuelo Londres-Chicago con tiempo, ya que siendo el viaje tan adelante en el futuro, seguro que los precios variarían muchísimo. Con lo culo inquieto que yo soy (Amidala lo describiría como PLASTA), al día siguiente de lo que os acabo de contar con las entradas pagamos el viaje. Un puto día. El precio, hay que decir, estaba muy bien y no quería desaprovecharlo. De hecho, sigo muy contento por lo que pagamos. Lo de darse tanta prisa nos acabó sirviendo para una cosa (claro, qué voy a decir yo) y es que cuando los peores presagios del Brexit se cumplieron, la libra esterlina se desplomó de tal manera que nos habría hecho perder toda ventaja respecto al dólar estadounidense a la hora del cambio. Y de haber sido así, me parece que nos hubiéramos quedado con las ganas de ir.

En este punto vuelvo al tema de las gestiones que hablaba antes, más que nada porque15 desde finales de mayo hasta prácicamente el mes de octubre no hubo noticias importantes y fue más la interminable espera que otra cosa. El alojarnos en Chicago nos obligaba a viajar hasta Green Bay el día del partido, aunque tenía el kickoff previsto para las 3:25pm CT y eso nos daba margen de maniobra. Tras barajar las diferentes opciones (avión, tren, bus o coche) nos decantamos por la última por ser la más cómoda y por la flexibilidad que nos daba. El volar a Green Bay era indecentemente caro, el tren no nos venia bien de horas y el bus nos venía genial para la ida pero no teníamos opción viable para la vuelta. Intentamos cuadrar el tema con mil combinaciones diferentes, incluso la de pasar la noche allí tras el partido, pero una vez más, los “Wisconsianos” saben dónde hacer dinero. Claro que el alquilar un coche iba a traer consigo otros quebraderos de cabeza.

El primero de todos fue la necesidad de sacarse el permiso internacional de conducción ya que nuestro país no tiene ningún tipo de acuerdo con los Estados Unidos en este sentido y el carnet no sirve para circular allí si no está acompañado del ya citado permiso. El trámite es super sencillo hoy en día, pides cita en la página de la DGT, te plantas allí con tu cuerpo serrano, y tras pagar 10,10€ tienes tu permiso reshulón para un año entero. Hay ciertos requisitos que podéis rebuscar en la propia página, pero básicamente se trata de rellenar un formulario, llevar foto reciente y poco más. Nosotros, al vivir en Londres, teníamos que aprovechar las vacaciones de verano en casa para ir a sacárnoslo, y claro, en los meses de verano cualquiera se fía de un funcionario (¡un besi para todos los “trabajadores” del sector!). Ante mis miedos iniciales, todo se solucionó sin sobresaltos.

Otra cosa que implicaba el alquilar un coche era la necesidad de tener una tarjeta de crédito, algo que para muchos seguro que es vuestra opción preferida, pero nosotros no nos movemos más allá de la de débito así que había que sacarse una. Reuniones con los señoritos del Barclays: condición aquí, allá, límite de pasta y explicación sobre intereses aparte, otro trámite que solucionamos sin mayor historia a la vez que nos daba cierta tranquilidad en caso de cualquier imprevisto una vez en USA.

5Seguimos con más gestiones: Seguro de viaje. Algo vital cuando se conoce la faceta saca-pasta de la medicina estadounidense. A través de Olga y Antuán, unos youtubbrrs la mar de majos que viven en San Diego y que contaban su experiencia personal en cuestiones de seguros, conseguimos un descuento del 5% en el que contratamos. Explican cómo conseguirlo en éste video, y tengo que decir que IATI nos ofreció una cobertura cojonuda a un precio genial. Parece que me pagan a mi también por decirlo, pero no, habla un cliente satisfecho.

Ya por estas fechas, finales de agosto, recibo uno de los reveses más importantes en lo que a este viaje se refiere: Tony Romo se lesiona la espalda en el partido de pretemporada contra los Seattle Seahawks tras un golpe. Las previsiones eran que, como mínimo, estaría de baja hasta la semana 8 (el partido de Lambeau era la semana 6). Ésto suponía que el partido se descafeinaba ligeramente… aunque después apareció un tal Dak Prescott y, en fin, el resto ya lo conocéis. Simplemente quería plasmar mi decepción en aquel momento. Es más, en el trabajo, aparte de mi jefe que es fan de Vikings, tenemos al GM que es fan de Green Bay y pasó del insulto y la envidia inicial a un bullying continuo con el “váis a recibir una paliza bestial” o “me encantaría que las cámaras te enfocasen como único fan de Dallas en Lambeau, deprimidísimo con la sangría de puntos que estaréis recibiendo”. Y como el karma es muy puto, pues, también sabéis lo que terminó pasando. Lo he llamado bullying, pero nada más lejos, hay una relación footballera guay y un gran respeto profesional.

De hecho fue él quien me recomendó un programa que emitió la BBC con Reggie Yates, un10presentador de TV inglés que se dedica a viajar al más puro estilo Callejeros Viajeros, y siendo totalmente desconocedor de la NFL, se embarcó en un viaje a Green Bay contando cómo se vive el football en esa pequeña localidad. El capítulo se llama Touchdown USA y no os podéis imaginar cómo de arriba nos vinimos. ¿Sería posible vivir algo parecido en apenas un mes?

Seguimos. El cambio de divisa es algo de lo que hay que preocuparse también, aunque tengamos la tranquilidad de saber que la tarjeta de crédito estará ahí como plan B, nunca está de más llevar cash, sobretodo para las propinas. Madre mía qué hostiazos. A estas alturas de la película hay que decir que el cambio nos salió bastante peor de lo que hubiera sido antes de verano, pero bueno, no podíamos hacer nada así que para qué darle más vueltas.

A una semana del viaje alquilamos, por fin, el coche. Seguro waiver y GPS incluido. Gracias a nuestra compañía de teléfono teníamos datos móviles gratis en USA, pero no era plan de jugársela con problemas de conexión a la hora de seguir indicaciones de Google Maps así que creímos más que necesario el contratar el navegador. A la hora de elegir coche nos decantamos por un coche un poco grande, más que nada por la seguridad y el comfort que ofrecen sobre los compactos y más económicos. Un Chevrolet Cruze o similar era el coche que nos iba a tocar conducir, y yo estaba emocionado sobre desbloquear un logro que siempre he querido: conducir por las carreteras de Estados Unidos en un coche americano. Digamos que sólo el 50% del logro se cumplió, porque lo que terminaron dándonos fue un Volkswagen Jetta SE. Por supuestísimo, de transmisión automática. “El mejor seguro antirrobo que tienes en USA es que sea de cambio manual”, dice siempre  mi amigo Óscar. Un sabio, el tío.

He dejado para lo último la gestión MÁS COÑAZA que os podéis echar a la cara, y no es otra que el ESTA (siglas para Electronic System for Travel Authorization). Muy rápidamente, un formulario extensísimo que hay que rellenar (y pagar) para poder entrar en Estados Unidos, o bueno, más bien, para tener la opción de entrar al país siempre y cuando la tramitación sea aceptada, aunque luego esté en manos del miembro del Homeland Security dar el último sí para tu entrada a su territorio. Vamos, que puedes viajar hasta allí pero luego terminar en la frontera y que te manden de vuelta a casa si ven que algo no está en orden. La respuesta te la dan en un tope de 72 horas, y a nosotros nos llegó al mail tan pronto como al día siguiente. Todo en orden. El tema de presentarse ante el oficial de la frontera me daba cosica, más que nada por su fama de no pasar ni una y de ser tipos duros. Yo, como buen caballero, dejé a Amidala pasar primero y me esperé en la misma fila aunque hubiera algún otro sitio libre en otras ventanillas, pero sabía que aquello me beneficiaría.

A esto que estoy escuchando la conversación de Lady Favre con el oficial y sale el tema estrella: Motivo del viaje. Nada más y nada menos que ir a ver a los Packers… y va la tía y lo suelta tan campante en Chicago. EN CHICAGO. Joder con las vascas, vaya huevazos se gastan. Que para qué demonios iba a querer alguien ir a ver a los Packers, le pregunta, que a ver si no es conciente de que le puede negar la entrada ya sólo por eso. Y entre pitos y flautas, le cuenta la historia de como se hizo fan de Green Bay, que yo, ese tipo tan sexy y con cara de estar cagándose en los pantalones unos metros más atrás soy fan de Dallas y que venimos al partido del domingo. Me hace pasar para hablar conmigo también, que si aupa Romo, que él estudio en Eastern Illinois y que le tiene aprecio. Se nota a quién se enfrentaban los Cowboys ese fin de semana… tras el control rutinario, un “Go Cowboys!” de los buenos finaliza todo el gag. Un tío singular, aquel muchacho, y así sin más… Admitidos en USA. YEEEEHA!
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Ahora sí que sí, empieza el viaje de verdad.  Decir rápidamente que la noche antes de ponernos en marcha, los Chicago Cubs jugaban el primer partido de la NLCS contra los LA Dodgers y nos acercamos a los aledaños del mítico Wrigley Field para ver qué se cocía por allí y disfrutar del ambiente. Aunque el baseball no nos llamara demasiado en un principio, y tras un repasillo a las reglas básicas en un sports bar de los buenos, vivimos una experiencia increíble. Todos dejábamos el bocado a medias  para fijarnos en lo que pasaba en las pantallas, a Amidala escuchar a Joe Buck, no sé por qué, le ayudó a olvidar su haterismo por el “Bola-base”. Momento de confesión: tras un día de locura andando por la ciudad, estábamos tan cansados y teníamos que levantarnos tan temprano que tuvimos que marcharnos poco antes del Grand Slam que cerraba el partido a favor de Cubs. Escuchamos a la ciudad entera celebrarlo, y con pena, sí, pero había cosas más importantes a las que atender.
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Habíamos decidido coger el coche a las 7 de la mañana, cuanto antes, y en base a eso elegimos el “concesionario” que más cerca se encontraba de casa de nuestro amigo. A pesar de que para cuando nos acostamos el reloj pasaba considerablemente de la 1 de la madrugada y que la alarma estaba puesta a las 6 y poco, recuerdo despertarme casi una hora antes… de la emoción, pensaréis. Pues no, por la pedazo de tormenta que estaba cayendo en ese momento sobre la ciudad. Qué manera de llover. Al rato se despertó la señorita pensando, “espero que pare para cuando vayamos a salir de casa”, y éste alegre pensamiento le duró lo que tardó en mirar el móvil y ver que no nos quedaba más de media hora para ponernos en marcha.

Con todos los trastos encima, y un paraguas no lo suficientemente grande para los dos (un vasco necesitando un paraguas, ¡ya veis qué ironía!), fuimos a la parada del autobús que nos dejaría cerca del concesionario. Digo cerca, pero con lo que caía, lo mal que funcionaba el alcantarillado y el sueño que teníamos aquello era una travesía a nado. Pasamos por delante del Wrigley Field una vez más, y con el cielo queriendo amanecer descubríamos la resaca de la victoria del día anterior. La verdad es que la imagen estaba bastante chula. Ninguna incidencia más hasta llegar a nuestro destino, como “buenos ingleses” a las 7 en punto entramos por la puerta del chiringuito, y el trámite de recoger el coche que habíamos alquilado fue super rápido. Acostumbrarse a él, ya no tanto…

He dicho antes que nunca había conducido un coche automático, y entre eso y la tontería que tengo en la cabeza me hicieron pensar que el dejar un pedal para cada pie era una idea fetén: derecho para el acelerador (bien, todo controlado), izquierdo para el freno (caos absoluto). Los karts no te preparan para ésta mierda. Alguna vez he frenado en un coche manual con el pie izquierdo y os puedo asegurar que ninguna de las veces pisé el pedal tan fuerte como cuando intenté parar el Jetta dentro del garaje. Menudo frenazo, un plano al neumático que ni en la F1… y Amidala mirándome acojonada perdida. El pavo de AVIS allí, preguntándose qué pollas hacía y que por qué no salía. A duras penas saco el coche de allí y aparco en el primer sitio que veo… aún llovía, aunque es verdad que menos, y las luces eran más que necesarias a esas horas. Todo hubiera estado en orden si no llega a ser porque ¡no las encontraba! Entre los nervios del susto anterior, el intentar no cagarla durante el viaje, etc… aquello era el despelote. Finalmente, con mi cansada compañera de viaje hasta el gorro, nos ponemos en marcha tras configurar el GPS. ¡Destino Green Bay!


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Mi idea era hacer el camino lo más tranquilo posible, no parando aunque me tuviera que meter la matada del siglo, pero Amidala iba mirando las salidas de la interestatal en la que parecía haber un Starbucks para repostar café. Al rato, diría que a medio camino o así y tras haber pasado dos peajes bastante cercanos uno del otro cogí una de las salidas para ver si encontrábamos un sitio para pedir un café y estirar las piernas ya de paso. En una bifurcación se ve que tomé la que no era y nos desviamos del plan que acabábamos de improvisar, con tal suerte y fortuna que dimos de lleno con un dichoso Starbucks. Pam! La potra de Gartzete seguía intacta. Mensaje a la familia mientras la Lady pedía el café y aprovechaba para ir al aseo, un poco de Twitter y reemprendemos la marcha. Bueno, o lo intentamos, porque al apagar el motor se había apagado también el GPS y había que recalibrarlo. “¿Cual era la dirección de Lambeau?”, pregunto mientras empiezo a mover al coche. “Espera, que lo vuelvo a mirar” dice ella. Se pone blanca… deja hasta de respirar.

– Pero qué pasa, ¿estás bien?

+ ¡EL iPHONE! ¡NO LO TENGO! ¡ME LO HE DEJADO DENTRO!.

Aquí el acojone era ya total y no esperó ni a que parara del todo el coche, saltó y salió corriendo para el baño del Starbucks, en donde, gracias a Dios, su teléfono seguía allí. En los minutos posteriores al susto comentamos que fue una suerte que el GPS se apagara, porque de lo contrarío no sabíamos hasta cuando no se habría dado cuenta de que le faltaba el móvil. Nos incorporamos a la I-94, y tiramos millas. Tal cual. Es interesante cómo funciona el cerebro, acostumbrado toda la vida a seguir las señales e indicaciones en kilómetros, y lo laaaaargas que se pueden hacer unas míseras millas. El último gran tramo, una vez más por carreteras de cuatro carriles en las que puedes adelantar tanto como por la izquierda como por la derecha y con límite de 70mph si no recuerdo mal, fue interminable. Claro, ves que Green Bay queda como a 130, y piensas que en un pis-pas te plantas allí, pero si conviertes esas 130 millas a 209 kilómetros, normal que se haga largo. El viaje se hizo agradable, los paisajes me parecieron una pasada, de película total: las granjas típicas de la zona, los silos de agua, etc… Amidala insistía que quería pararse en Manitowoc, ciudad donde se grabó el documental Making a murderer, y yo pues como que no estaba por la labor; no entraba en mis planes el ser acusado falsamente y detenido poco antes de llegar a uno de los mejores eventos de mi vida. Faltaría más.

Cuando estábamos casi en Green Bay, y tras preguntar a la familia Twittera qué debíamos poner en nuestra pancarta para el partido, empezamos a ver como el tráfico se intensificaba, y encima la carretera se reconvertía a dos carriles. Vimos bastantes coches y caravanas pintadas con los colores verde y oro del equipo de Wisconsin, estaba claro a dónde estábamos llegando.
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Desde que compramos las entradas hasta que llegamos a Green Bay, me había parecido que a Amidala “no le hacía tanta ilusión” el viaje, que no digo que no quisiera hacerlo ni nada por el estilo pero era simplemente una sensación que me daba. Seguramente sea que ella lo puede disimular mejor, pero todo aquello cambió en el momento en el que cogimos la salida hacia Green Bay desde donde se podía apreciar Lambeau Field y su gran G a la derecha de la carretera. Aquí no hubo disimulos que funcionasen, según vio aquella estampa se puso a llorar de emoción (¡me hizo derramar alguna lágrima incluso a mi!) y no se pudo contener durante un buen rato.

Ahora venía otro punto de máxima importancia y es que al haber metido la dirección del estadio en el GPS, no teníamos otra que intentar aparcar lo más cerca posible, gastando el mínimo en aparcamiento. Seguimos la caravana de coches por Oneida Street, calle que te enfila hacia el estadio y en un momento dado, no sé muy bien por qué, se me ocurrió girar a la derecha.

Era una de las calles perpendiculares a Oneida y vimos a gente ofreciendo sitio en el parking de un centro religioso (no quiero llamarlo iglesia porque no era tal) y un
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poco más adelante un par de campas, con sitio a ambos lados de la calle. Preguntamos a un guardia de seguridad que estaba en una de las campas si había que pagar o si podíamos dejar el coche sin más. Nos dijo que si lo subíamos al césped había que pagar 15$ pero que en la calle era absolutamente gratis, así que lo dejáramos aparcado junto al bordillo. ¡Pues no nos hacía falta más! AAAAPARCAO’. Eran poco más de las 11 de la mañana.

Sacamos los básicos esenciales para llevar al estadio, todo metido en ámbas bolsas transparentes que tenemos de la NFL, y nos quitamos la ropa que nos sobraba. Porque, sí, contra todo pronóstico hacía una temperatura increíble y un solazo que pegaba la mar de ricamente. Yo llevaba una camiseta térmica puesta, pero ni sudadera, ni cazadora, me la jugué y me fui al estadio ligerito. Metí un gorro de invierno de Dallas por si refrescaba, más que nada porque con la gorra las orejas se me quedan heladas y me jode un huevo. Total, que según saco la foto a la calle para ver exactamente dónde habíamos dejado el coche en caso de no acordarnos (Oneida St con William Charles St) y miro hacia adelante para ver una cola tremenda seguir hacia el estadio. Llegamos en el momento idóneo, por lo que se ve.

Poco a poco nos íbamos acercando a Lambeau Field, parándonos mil y una veces, disfrutando e intentando asimilar dónde estábamos. Era una sensación extrañísima, veía a la gente empezar a preparar sus tailgates, las casas con las banderas, gente echando pases en las aceras, parkings… inolvidable. Bastante más fans tejanos de los que me esperaba, a buen seguro el buen hacer de Dak Prescott a los mandos y un record de 4-1 habían ayudado a que la gente se acercara. Los días previos al partido y tras mirar la Game day information que ofrece la página web del estadio, nos enteramos que iba a haber una celebración en el descanso como homenaje a la introducción al salón de la fama de… ¡Brett Favre! Amidala no cabía en sí (de odio, claro). Sólo el karma más cabrón habría sido capaz de preparar un evento así el día, quizá el ÚNICO día, en el que Amidala pisase Green Bay y Lambeau Field. Yo, por los suelos viendo su odio eterno, tuve el placer de contárselo además. Mi viaje ya estaba hecho.

Fotos de los puestos de comida, casas pegadas al estadio, el Doc Hutson Center, el Atrium, y todo lo que rodea al estadio (incluyendo las figuras de Vince Lombardi y Curly Lambeau, así como un lugar para imitar el archiconocido Lambeau Leap) nos vamos mezclando con la gente de allí. Preparamos el cartel para el partido, gracias a la idea de @Sillonbowl, y nos disponemos a entrar después de comprar el programa oficial del partido, con, como no, Brett Favre en portada. Según caminábamos hasta la puerta, podíamos escuchar a la gente murmurar sobre nuestro “Venímos desde Londres” plasmado en el cartel. Cuando nos ponemos en la fila y entablamos conversación con un padre y su hijo, me doy cuenta que nos estábamos poniendo en la entrada que no era, así que nos despedimos de ellos y nos vamos, ahora sí, a la correcta.

Esperando como estábamos, veo a un señora acercarse a mi, y de la nada me suelta que “Ésa camiseta no es muy buena para tener aquí”, señalando mi jersey Salute to Service de Dez Bryant. “Es más, ¿vienes de verde para que se note menos, eh?”. Qué cabrona, la vieja. Tras explicar de dónde veníamos (del mono, dije… la que lié en Wisconsin), me dijo que entendía que yo pudiera ser de Dallas, que explicaba mi poco criterio (un encanto de mujer). A Amidala, por supuesto, la felicitó por el buen gusto y por ser una chica tan maja. Cuando dejó de dar por culo, el fan que teníamos detrás con su hijo sobre los hombros nos explicó que iba a ser el primer partido del niño, del que además era su ¿octavo? cumpleaños. Todo esto mientras se abría una lata de cerveza. Como dije en Football Speech, “que la paternidad no disimule tu alcoholismo”.25

Entramos y lo segundo que hicimos (después de flipar mucho) fue alquilar las sillas para el campo, porque imagino que lo sabréis pero Lambeau Field no tiene asientos como tal, es una bancada para que entre más gente y se esté más acurrucadito y más protegido del frío. Así de paso hacen negocio con el alquiler de asientos. $6 dólares costaba cada uno, pero si vas a estar más de tres horas sentado, merece la pena tener respaldo y no apoyar tu buyate en el frío metal/piedra de la bancada. El error que cometímos fue el pillarlos nada más entrar porque luego tuvimos que cargar con ellos durante el tiempo en la Pro Shop y demás caminata que nos pegamos dentro. Se suelen agotar, así que por ese lado, tampoco lo consideramos como un error total.

El atrio del estadio es una pasada, es una imagen bastante habitual que se puede ver en los pre-games y se hace rarísimo estar allí. A la entrada nos obsequiaron con un can-holder, una especia de calcetín para el móvil que tan de moda estuvieron en su día, y servía para que la mano no se te jodiera de frío con la birra o refrigerio que tomaras. Imagino que también podría ser usado como abrigo para los huevos, en caso de que algún valiente lleve la mercancía fuera del envoltorio. Esto ya es más sensación mía, no lo he probado (¡ni volveré a hacerlo!). Cogimos uno de más, porque queríamos llevarle uno a Nuere, mi Bro, mi amor en pecado y más guarrerías que no puedo escribir aquí por si me leen mis allegados. También le compré un llavero toh molonguis de Lambeau, en la Packers Pro Shop y en las que las colas son HORRIBLES. Es verdad que el tema va rápido, pero si váis y tenéis pensado comprar algo, id cuanto antes. Amidala se compró entre otras muchas cosas, un Cheesehead.

Llegó el momento de buscar nuestros asientos y de colocar las sillas de alquiler. Me resultó curioso que el señor que me tocó al lado nos diera la bienvenida a los asientos, que era un placer tenernos allí. Algo parecido nos dijo un señor durante el tailgate, “gracias por venir”. Ya ves tú.

Como no habíamos comido nada Amidala se fue a comprar algo típico de la región, unas bolas de queso fritas (Cheese Curds) que estaban buenísimas. Si os soy sinceros, estaba tan impaciente que no notaba que tenía hambre siquiera. Los equipos habían calentado ya y cuando les tocó saltar al campo, hubo pitos para Dallas y vítores para los jugadores locales, siendo los últimos presentados uno a uno cuando llegaron a gente como Cobb, Nelson, y Aaron Rodgers.

Se acercaba el momento himno. Vale, ya por la tele parece ser que el himno es un acto en sí
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mismo, al margen de cualquier equipo, partido o evento en general. Pues vivirlo en un campo de la NFL es una sensación acojonante, los pelos como escarpias incluso minutos después. Siempre me ha gustado cómo celebran éste momento los americanos, y aquellos minutos fueron increíbles y difíciles de explicar, una vez más. No sólo es la letra, el tener a todo el mundo cantándolo (no vi a nadie arrodillarse), las banderacas que despliegan, los fuegos artificiales, el sonido de los cuatro helicópteros CV-22 que hacían el fly-over retumbando en todo el recinto… IM-PRE-SI-O-NAN-TE.

 Del partido en sí no voy a hablar, lo que sí voy a decir es que justo delante tenía a otro fan de Dallas que estaba viendo el partido con su hermano y sobrinos (todos Packersfans) y me estaba poniendo de los nervios incluso a mi. Llegué a pensar que me iban a calzar una hostia norteña a mi también ya sólo sea por compartir equipo, y porque no hacía más que chocarme la mano. En serio, insoportable, regocijándose de cada cagada como si los Cowboys no hicieran de eso. Cuando la victoria parecía clara ya me vine más arriba, esto también es cierto, pero al menos no me reía de los queseros en su puta cara.

Momento álgido fue ver a Favre en el campo. Perdón, el momento álgido fue la cara de Lady Favre con el viejales en la pantalla. ORO PURO.

Y tras unos buenos abucheos a McCarthy y varias horas después, el sólo motivo del viaje llegó a su fin con una victoria “imprevista” para Dallas. Yo contento, aunque a la vez un poco fastidiado por mi acompañante, sobretodo cuando me soltó: “Tú al menos ya habías visto ganar a Dallas en directo, yo me quedo sin ver ganar a los Packers en Lambeau”.

Una vez terminado el partido nos quedamos merodeando por allí y bajamos a la primera fila para sacar las fotos a pie de campo hasta que nos invitaron a salir. No me esperaba ver el parking tan lleno al salir, no por los coches en sí sino por la cantidad de gente que aún estaba bebiendo y viendo lo que quedaba de jornada en las televisiones allí instaladas. Que el partido estuviera roto antes del final seguro ayudó a vaciar el estadio antes, y es verdad que para cuando encontramos el coche y salimos, la cola no fue tan larga y salimos bastante rápido de allí. Hubo alguna retención por unas cuantas millas, pero nada del otro mundo, así que decidimos poner rumbo de vuelta a Chicago escuchando el SNF por la radio y con Amidala prometiéndome que no se iba a dormir para darme conversación y que se me hiciera más ameno el viaje… fracasando estrepitosamente. Cuando íbamos a pasar el segundo y último peaje, que era de los automáticos en los que has de meter el cambio justo (o de más, si vas sobrado), nos damos cuenta de que no tenemos suficiente… por 3 míseros céntimos. Pocos minutos después, y sin saber qué hacer, nos damos cuenta de que el peaje era de 1,5 dólares en vez de 1,80, como creíamos. Menos. Mal.

Antes de entregar el coche de vuelta en el aeropuerto de Chicago, ya que tienen un servicio de 24 horas, teníamos que repostar para dejar el depósito lleno (no he echado gasolina tan barato en mi vida, ¡daban ganas de invitar a la gente y todo!) y ya de paso aprovechamos para paramos en un Taco Bell a comer algo, vamos, que me pegué todo el viaje del tirón y a eso de las 23 habíamos dejado ya el coche con 401 millas a nuestras espaldas. Casi nada.

La vuelta a Chicago fue una odisea, y nos metimos a la cama a eso de las 2:30 am del lunes. Una paliza que mereció la pena en todos los sentidos. Es más, Amidala se lamentaba de no haber comprado entradas para el partido del jueves también (los Packers se enfrentaron a los Bears, de nuevo en Lambeau). Así de adictivo fue el viaje, nos hubiéramos pegado una paliza igual de grande tan sólo unos días después para volver a vivirlo. Cerramos el periplo footballero con un tour al Soldier Field en nuestro último día en la ciudad, y aún a día de hoy nos cuesta creer lo que vivimos a mediados de octubre.

Si habéis llegado al final, sois unos héroes, siento la chapada pero había que contarlo como pasó, y eso que me he dejado cosas en el tintero (sobretodo fotos, pero ha sido un dolor subirlas). Os lo completaré en persona algún día, si se tercia. Hasta entonces, ya sabéis donde estamos.

Un saludo de vuestro Amistoso Vecino Gartzman.

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Así tengo el Ohio ahora mismo, ¡igualito que cuando vea a mi Bro!

Más vale tarde que… patada en los cojones

¿Hola? ¿He acertado? ¿Era así como se subía una entrada? Pues no me lo creo ni yo. Decía Gandalf El Gris que un mago no llegaba tarde, ni pronto, que llegaba exactamente cuando se lo proponía. Olé ahí G, ¡con dos!. Pues los Bros que llevan este blog de referencia en internéi no iban a ser menos que un tío que va en pijama largo y llegamos también cuando nos sale de las blakandekers. ¡Eh! y además de sepsis venimos discutiendo amistosamente la eterna pregunta:

  • ¡42!
  • Bro, que te me lías de respuesta… A lo que iba, que cada vez me decanto más por las tetas, ¡de esas como cabezas de enano!
  • Ya, pero es que un buen culo pa’forrá pelóhhhta

Con unos argumentos tan convincentes es difícil encontrar la unanimidad, así que seguimos en las mismas pero con más experiencia en la vida. Podríais pensar que entre tanto culo y teta (imaginarios) nos habíamos olvidado del blog, del football y de la madre que nos parió (a cada uno la suya) pero os equivocáis; solo en dos de esas tres opciones priorizamos los elementos ya descritos. Y es que no había más que ver nuestras cuentas de Twitter en días de partido en el ya conocido #NFLesp para confirmar que la facilidad para pensar/escribir estupideces sigue siendo innata en nuestras calenturientas mentes.

Se ve, además, que no teníamos bastante con demostrar poca vergüenza en los escritos y decidimos subir un nivel a nuestro proyecto común: estrenamos el Porncast con el que tanto hype creábamos en la red social del pajarillo azulete, ¡con hashtag y todo eh, a lo loco! #Porncast. Se caga la perra. Si no lo habéis escuchado os dejo en enlace al que llamamos el 00, el otro lo podéis enlazar una vez escuchéis el primero si os queda moral. Nadie os obliga a escucharlo, pero si lo hacéis, estáis bajo vuestra responsabilidad.

Antes de empezar con lo que nos atañe hoy, que es hacer un ligero repaso de como han llegado Giants y Patriots hasta la SuperBowl y lo que pasó con nuestros equipos por el camino, quiero dejaros este enlace creado por los amigos de FootballSpeech, FansNFLSpain y Sports Made In USA, en donde encontraréis los lugares en los que podréis ver la gran final del domingo en compañía de más locos trasnochadores como vosotros. Si tenéis Twitter, recordad usar #PreviaSB y #NFLesp hasta el domingo, y el mismo día del partido saldrá otro HT al que se pretende que sea trending topic a lo largo de la noche. Lo que vendría siendo lo chachi-guachi del día.

La última jornada sobre la que nos dio por escribir fue la 10, así que haremos un rápido fás-forguar hasta el final de la semana 17 contando un par de cosas puntuales, y después atacamos las distintas rondas de playoffs. Tranquilos que en este avance temporal no habrán sueños raros, ni agentes del FBI con cara de estreñido y dotados de nombres tales como Mark Benford y Demetri Noh. Eso ya no más.

La decimoquinta semana nos deparaba una sorpresa desagradable para la afición Cheesehead y es que verían cortada su temporada perfecta en casa de unos… aseguraos de tener el cinturón abrochado… ¡CHIEFS! con ganas de tocar las tres de la tarde. Habían pasado escollos mucho peores con una facilidad pasmosa y en un partido que no prometía ser ninguna excepción, zasca. Los de Kansas City supieron aprovechar el desajuste que crearon en el timing entre quarterback y receptores de Green Bay para pasarles la mano por delante de la cara y poder decirles: “Mira Rex Banner, llevo sombrero nuevo… O sea, mira Mike McCarthy, llevo el rotulador cerrado, no como tú, que pareces toooonto. Y yo hubiera pedido el chaaaallenge. Os prometo que fue así, con recochineo, lógico sabiendo que lo de no tirar el pañuelo rojo fue una gilipollez. Touchdown regalado para los ‘jefes’ y nuestro bro malagueño Caleionllorando de alegría. Y con razón.

Jim Harbaugh

"Puto CRUZZZZ" Tranqui Jim, nos pasa a todos.

Si de esta manera tan estúpida terminaba la senda victoriosa del campeón reinante los Cowboys seguían en su tónica particular de “ahora la cagamos… y ahora también la cagamos, pero menos”. Por suerte para mis nervios habíamos jugado un día antes y ganamos con soltura a unos Buccaneers muy venido abajo, coincidiendo también en que aquella jornada vimos como los Redskins podían con los Giants. Si llegan a cascar los Eagles también, el fin de semana hubiera sido redondo. Ni pillando el sábado por la noche se tiene esa suerte. El título de la NFC Este y el billete hacia la post-temporada parecían estar más cerca…

La casualidad quiso que el título de la Este se decidiera en la última jornada, entre Giants y Cowboys, por lo que la penúltima semana de competición fue un trámite para los de Dallas perdiendo (dejándose perder) en Philadelphia, con el gran infortunio de que Jason Garrett es tonto y sacó a Antonio Ramiro en una serie en la que ya no debió aparecer. ¿Que qué paso? Mano golpea casco, casco gana, mano para el puto arrastre. En una jugada de mieeeeeeerda (intento ser imparcial, sino hubiera añadido alguna ‘e‘ más para enfatizar mi desagrado) había conseguido no solo arriegar a su quarterback, sino que encima hipotecarlo para la siguiente jornada, la importante. Tenéis que ver mi cara al leer eso vía móvil, porque no sé si recordaréis que esta jornada se jugó el día de Nochebuena. Así me pasó lo que me pasó luego, salí para olvidar la desgracia y volví lesionado; resacalo llamó el médico. Y el día de Navidad, que cruz…

Y hablando de cruces, el llamado Víctor. ¿Puede haber tío más gilipollesco? Así de primeras podríamos pensar que sí, que basta con mirar la cara de quien recoge los snaps para Nueva York y que la respuesta llega por sí sola. Pues no, porque por mucho que me pese decirlo (y de lo sucio que me sienta al hacerlo… el decirlo, vaya) el pequeño de los Manning se está pegando una temporada muy buena. Siempre le vacilamos, pero la verdad es que nos está callando con estadísticas más que aceptables. No pasa nada Elisha, haces bien intentándolo, pero seguiremos vacilándote. ¿Si los Giants estarán en el Big Stage, podréis imaginar lo que pasó en el partido del día de Año Nuevo, verdad? Nos violinaron a base de bien. Dio la casualidad de que yo pude ver el partido en Londres, después de un Packers@Lions en el que Matt Flynn demostró al mundo que si hace falta tener los huevos como los de Espartero, los saca y en un momentito hace subir los de Rodgers por encima de su nivel de flotabilidad y tras otro partido en el que esperábamos revancha a muerte como era un Chiefs@Broncos con Orton en el papel de Satanás y Tebow en el de hijo del que todo lo ve. Yo no quería rellenos, yo quería que llegara el Sunday Night y ver lo que pasaba con mi equipo.

Al final pasó lo que tenía que pasar, que jugamos como el culo (para variar), pero al menos fue algo, porque nuestra secundaria ni se presentó al partido. Protagonista con (des)honor fue Newman, del que no olvidé recitar su árbol genealógico completo. Tal bochorno hizo que hasta cierta Lady que desde tiempo atrás se negaba a entender como podía odiar a mi equipo porque según ella hay que quererlo, admitiera que incluso en anteriores frustraciones me había quedado corto. Tuve que recordarle cierta catch-phrase que con el tiempo he repetido en innumerables ocasiones: Es muy duro ser un Cowboy.

Llegaba la semana de Wild-Card y mientras Packers y Niners (¡FLIPA!) descansaban en la NFC, Patriots y Ravens lo hacían en la AFC. Bengals@Texans, Lions@Saints, Falcons@Giants y Steelers@Broncos (sí, con el Tebowinómano) iban a jugarse el turrón. Sorpresón de aúpa en el Mile High Stadium en el que vimos a un Tebow insipirado que conectaba con Thomas ya en la prórroga para ganar el partido. Acojonante. Aunque más acojonante me resultó ver la actitud de la defensiva de los Steelers, no tenían ganas de placar, fueron demasiado confiados y si a todo le sumamos la mermada situación de Big Ben el resultado es el que se vio. Caos y vergüenza. Y encima hacía que tuviéramos que aguantar al tontolnaboeste una semana más. En el resto de citas, los Texans conseguían su primera victoria en playoff en su debut, los Saints no tuvieron problemas para vencer a los Lions y los Giants anotaron todos los puntos del partido.

"Ay, la lentilla..." Y así nació el Tebowing

Divisional Round. Por una vez, un nombre acorde con lo que vimos ya que todos los participantes habían sido los campeones en sus respectivas divisiones, aunque también estoy de acuerdo en que podríamos referirnos a esta ronda como la de Semifinales de Conferencia. Asuntos que no llevan a ningún sitio aparte, nos impacientábamos con los partidos, Saints@49ers, Broncos@Patriots, Texans@Ravens y la guinda del pastel, el Giants@Packers. Para mi hubo una gran sorpresa y fue la de la victoria de San Francisco, la de Nueva York en Lambeau me cabía más en la cabeza, aunque no la quisiera.

Vernon Davis y Alex Smith conectaron cuando más lo necesitaba su equipo, lo que daba pie a muchos comentarios de “Si ya decía yo que este chico era mú güeno” hasta que Brees puso a los suyos por delante y volvieron los “Puto asco de QB. ¡No está ni sudao’!”. Estas gilipolleces, por suerte, duraron 4 minutos que fue lo que faltaba de partido cuando el majete de Drew adelantaba a los Saints, para que acto seguido anotara Smith, volviera a anotar Drew, y cerrase el partido mi tocayo Alex. Euforia en un Candlestick lleno hasta la bandera.

A los jugadores de Green Bay me pareció verlos más relajados de lo que debían, incluso mis sensaciones fueron las mismas que tuve contra el partido contra Chiefs que comentaba antes. Sé que lo tuiteé incluso, pero no encuentro el tuit que lo demuestra. Decía algo así como “Este partido me recuerda al de KC, GB en plan: tranquilos que remontamos, remontamos… ¡aiba! Pues no”. Y es que el día en el que Aaron Rodgers no estuvo fino, las carencias defensivas fueron aún más evidente. Eso, y que los drops de los receptores eran para cortarles las manos, que total peor no lo iban a hacer. Campeón actual a casita, y los Giants que siguen avanzando. Primero se cargan a mi equipo y después al de mi Bro, os podéis imaginar con quien simpatizo en la SuperBowl.

Los Patriots supieron finiquitar rápido a un Tebow al que le cerraron la option por completo, fue incluso humillante, sobre todo el momento de Brady en la que puntea un balón en un tercer down. ¡Ese Tom! Por algo te fulas a la Bündchen, porque puedes hacer lo que quieras… siempre que sea lo que ella quiera. Los Ravens por su parte sufrieron más de la cuenta para doblegar a los Texans, que con T.J. Yates poco podían hacer. Enhorabuena al equipo del coach Willy Bistuer, no está nada mal, aunque sé que lo tuyo con Kubiak es irreconciliable (;D).

Ravens@Patriots y Giants@49ers fueron las Finales de Conferencia en la que la tónica fueron los errores garrafales. Lee Evans y Cundiff se llevaron el varapalo en Baltimore (suerte tienen que McNulty no estaba en el estadio que si no…) mientras que el joven Kyle Williams se los llevó por parte de San Francisco al perder un balón ya en la prórroga, dejando a los Giants una genial posesión de campo. Williams ya había ‘regalado’ un touchdown a Elisha and Co.hacía no demasiado así que tuvo que soportar unas bochornosas amenazas de muerte que le llegaban a su cuenta de Twitter.

Vernon ya vestía el uniforme Niner siendo un espermatozoide

Y así es como nuestra historia nos lleva a Indianápolis, en una reedición de aquella SuperBowl XLII, que curiosamente fue la primera a la que ‘de verdad’ presté atención. Como lo mismo nos da por seguir sorprendiendo al personal, no adelanto mis comentarios respecto al partido, vaya a ser que escribamos otra entrada así, a lo loco, y nos repitamos. Por si acaso no llega, un par de cuestiones:

La primera es que animaré a los Patriots, 555 lo razonó muy bien en su blog; si eres de los Cowboys (entre otros) es razón suficiente para animar a los de New England. Muchas gracias compañero. Y la segunda recordar que el año pasado sacamos una ‘guía’ de como había que prepararse para una SuperBowl, no estaría de más echarle un vistazo si os la perdisteis. Buscad en la categoría de SuperBROwl, en la columna derecha del blog, si os interesa.

Nada más, esperamos que nos sepáis perdonar este prolongado tiempo de inactividad y que disfrutéis del partido. Ya sabréis de nosotros, ya descubriréis por que lo digo… Agur!

7 Dallas Cowboys @ Green Bay Packers 45

Un partido entre los Packers y los Cowboys siempre es algo bonito de ver. Ambos equipos mantienen un dura rivalidad, a pesar de no estar en la misma división, desde la llamada Ice Bowl. Jugar un partido en semejantes condiciones atmosféricas siempre curte, y si se enfrentan los dos equipos más fuertes de la liga… Pues más.

¡Asín de malos son los Cowboys!

Por si fuera poco, este encuentro también suponía un enfrentamiento directo entre los dos autores del blog. Nuere, fiel seguidor de la magnifica y noble franquicia de los Green Bay Packers. Y Gartzo, valiente incondicional del equipo de America, los Dallas Cowboys. ¡¡Cuantos partidos habrá visto el Madden entre estos dos equipos!! Y con todo tipo de resultados. Victorias apabullantes, derrotas dolorosísimas, remontadas épico-decadentes… Un sinfín de anécdotas.

 

A pesar de que ambos equipos estaban destinados a luchar por la NFC, sus resultados no podían ser más distintos. Los Cowboys tenían un record de 1-6, habiendo perdido los 4 últimos partidos. Los Packers, en cambio, llegaban con la moral por las nubes, tras ganar a Vikings y Jets, y con un balance de 6-3. Aún así, no eran buenos números para un aspirante a la Super Bowl.

Shamina mina, eh eh, waka waka, je je

El partido empezó de manera “extraña”. Los ‘boys no pudieron completar su drive y tuvieron que realizar un punt (esto no es lo extraño), tras el cual los Packs comenzaban una serie de jugadas bien hilvanadas. Un screen-pass a Brandon Jackson, una carrerita del mismo, Aaron Rodgers saliendo del pocket, un susto de James Jones, con un fumble que recuperó Jordy Nelson…Así se plantaron en la 35 de Dallas, dispuestos a chutar un field goal de 54 yardas. Antes, en 3rd&3 Rodgers había sufrido un señor sack que les dejó en 4th&15. Pues bien, el FG fue bloqueado, y recuperado por Marcus Spears, hermano negro de Britney y defensive end de los Cowboys.

El siguiente drive finalizó con una perdida. Jon Kitna fue interceptado por Sam Shields, el cornerback novato y no drafteado de los Packs. Hay buena perlas en esta posición para cuando Woodson se retire. Ya he mencionado que Tramon Williams está haciendo una gran temporada, digna de Pro-bowl. Lider en interceptaciones, no descansa y es quien retorna los punts. Esta interceptación dio paso al último drive del primer cuarto, periodo sin anotación, preludio de un festival de puntos. En este maravilloso cuarto, Green Bay se llegó a poner 0-28 en el marcador. Jackson anotó en dos ocasiones, una tras un pase de 9 yardas y una carrera de 2. Greg Jennings volvió a demostrar su clase en una recepción de 8 yardas, tras la cual Bryan McCann, el kick returner de Dallas, sufrió un fumble recuperado para TD por Nick Collins.

¡Que feliz el niño anotando un tashdawn!

Los pobres ‘boys pudieron maquillar el resultado, con un TD de Dez Bryant en el último drive de los texanos en la primera mitad. Vaya joyita tienen, capaz de, siendo novato, cargar con todo el peso del ataque. Y es que se trata de un WR altamente explosivo, muy rápido, con manos seguras y capaz de crear jugadas tras la recepción, rompiendo placajes, lo cual le sirve para ganar buenas posiciones retornando los punts.Pero también hubo tiempo para las demostraciones defensivas. Clay Matthews III, en su noche bajo escucha, marcó una nueva muesca en su revolver, logrando un sack de 8 yardas.

Al descanso el partido ya estaba roto y listo para sentencia. Solo quedaban jugadas para el lucimiento personal. Jones logró un merecido touchdown, que le dejó con 123 yardas en 8 recepciones. Dez Bryant seguía a lo suyo, siendo el líder de estos Cowboys. Mason Crosby se resarció, con un FG facilito, de 26 yardas, y el pobre Kitna volvió a ser interceptado, esta vez por Matthews, quien logró llegar a la zona de anotación, cuajando así un gran partido. Rodgers amplió a tres sus partidos sin interceptaciones, después de un inicio fallón, logrando 289 yardas en 27 de 34 pases, para un QB Rating de 131.5. Lejos del 63.6 de su veterano contrincante.

¿La O con un canuto? ¿No vale con la boca?

Tras esta dolorosa derrota, la paciencia de Jerry Jones llegó al límite, y decidió echar a su head coach, Wade Phillips. Era un clamor popular, y todo indica a que ha sido la decisión más adecuada. Su sustituto, el ex-coordinador ofensivo Jason Garrett le ha dado otro aire al equipo, pero eso os lo puede explicar mejor Gartzo.

Yo, por mi parte, me he mostrado como un aficionado noble y caballeroso, de los que saben perder, y también ganar (que no todos saben), y pudiendo haber lanzado mis mofas hacia los aficionados texanos, he optado por un respetuoso silencio. Bastante humillación es ver al equipo destinado a ganar la Super bowl en su propio estado con semejante balance…

Aunque ahora que estoy con la crónica…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Febrero el Cowboys Stadium verá un equipo de verdad.

¡¡¡¡¡Se siente, Gartzo!!!!!

Si la vida fuera una película de Disney…

Entrada patrocinada por Walt Disney Pictures

…los Cowboys, ganarían la Superbowl.

Sí, sí, así, sin más, fácilmente, que diría aquel. Pero lo mejor es que no solo pasaría eso.

Dez Bryant, wide receiver novato del equipo, pasaría a ser la mayor estrella del equipo. Sus duros inicios, con el padre en la cárcel y su madre metida en el mundo de las drogas, no serían impedimento para que este magnifico primera elección de los Cowboys triunfara, como está triunfando (Y al loro, que esto es verdad). El amor de su madre, en proceso de recuperación, sería la fuerza que le empuja a esforzarse más y más, siendo el primero en llegar a los entrenamientos y el ultimo en dejarlos. Sus duros inicios con sus compañeros, con choques personales, finalizarían tras un momento decisivo, cuando el WR demuestra su valía.

Jon Kitna, se erigiría como el líder absoluto que siempre ha sido, pero que nunca le han dejado ser. Abocado al anonimato, siempre en los banquillos, o en equipos de segunda (que los fans de los Barcelona Dragons me perdonen, todo es por el bien del guión), tras la lesión del malvado y tiránico quarterback titular, Antonio Ramiro, gozaría de la oportunidad de su vida. Sus primeros partidos serían duros, con derrotas, interceptaciones y humillaciones. El público no creería en él, pero tras una dolorosísima derrota (45-9, así, pooooooor ejemplo) y el re-encuentro con su viejo maestro, demostraría que este viejo rockero guarda pólvora en sus pistolas.

Por si fuera poco, este maestro se haría cargo de las riendas del equipo, tras la expulsión del entrenador, por sus pésimos resultados. El propietario, un viejo bonachón cuyo sueño es ver al equipo de su padre ganar la Superbowl en su propio estadio, decide, acertadamente, que ese head coach, de rostro impasible, no es digno de una franquicia de la talla de los Cowboys. Así pues, contrataría a Jason Garret, un entrenador repudiado por todos, que vaga con su familia, de equipo en equipo, buscando nada más que un hogar donde retiraste en paz.

Una familia que está formada por Julie, su amada y complaciente esposa, que espera a su marido levantada y le prepara ricos estofados, masajeándole el cuello mientras su querido esposo revisa una y otra vez los videos del equipo contrario; Jennifer, su hija, inocente, casta, pura (o al menos eso cree su padre). Harta de tanto viaje, se rebela, debido a las ausencias de su progenitor, un padre obsesionado con el football. Odia, por ello a todo lo relacionado con este malvado deporte; y Johnny, el hijo menor, perdido en un mundo ovalado, donde él no da la talla. Donde sus pases no son precisos, ni fuertes, ni profundos. Son mierdas pinchadas en un palo. Es la vergüenza de su padre. Los problemas en esta casa son de aúpa.

El coach, orgulloso de su pupilo

Pero bajo el mágico manto del desierto texano, todos tienen una oportunidad. Bryant, se encontraría con Jennifer, a la salida de un entrenamiento a altas horas de la madrugada. Machacado y dolido por las derrotas, sus primer encuentro no sería más que doloroso, creando una fuerte enemistad. Pero con el paso del tiempo, ambos descubrirían que tienen en común mucho más de lo que creían. El amor es inevitable, y a pesar de la inicial negativa y preocupación del coach, ambos terminan casándose, después de que Bryant le pida matrimonio nada más ganar la Superbowl.

¡Un anillo asín de grande te he comprado, Jenny!

Y además Kitna, ese viejo jugador, machacado por todos, observaría la desesperación del hijo de su mentor. Viéndose reflejado en él, no podría más que tomarle bajo su tutela, y enseñarle todo lo que sabe. Todo lo que le su padre le debería haber enseñado, pero no supo hacer, porque le pedía más de lo que un tierno y núbil niño podía dar. Entre ambos, surge una amistad que duraría años. Una amistad que se traspasaría a algo más, cuando Kitna se convirtiera en entrenador, y llevara, como le llevaron a él, a su alumno y amigo a la NFL.

Aprende Johnny, así se lanza un pase

Desgraciadamente para los chicos de Dallas (y Zarautz), la vida no es Disney, y todo apunta a que de Superbowl nada, chicos… Pero, ¿y lo bonito que sería?

Reviews: Dallas Cowboys

21.32 horas. Actualizo la entrada que he ido escribiendo esta misma tarde porque acabo de saber que Wade Phillips es historia como Head Coach de los Dallas Cowboys: ha sido despedido. Así pues, se cumple algo de lo que pedía en esta misma entrada. Deja un total de 34-22 en temporada regular y 1-2 en playoffs tras su paso por la franquicia. Al mando del equipo se queda Garrett. Es todo, ahora, la entrada original. Un saludo.

Hola a todos. Aquí vuelvo con una entrada para mí solo (maldita RAE, echo de menos la tilde), para Romo y para mis Cowboys. Soy consciente de que llevo un retraso considerable con las pasadas reviews, así que creo que para que todo sea más fluido y entretenido, resumiré muy brevemente cada partido y después escribiré lo que realmente vengo a contar. No va a ser fácil, pero ya va tocando. Empezamos:

21 Dallas Cowboys @ Minnesota Vikings 24

En un partido denominado Desperation Bowl por la necesidad de victoria por parte de ambos equipos, los errores fueron la clave cuando el partido empezaba a ponerse a favor de los texanos, siendo el más grave el inicio del tercer cuarto en el cual Percy Harvin conseguía retornar el chute inicial para touchdown. Romo salió del Mall of America Field con 2 intercepciones mientras que los Vikings, con Favre y Randy Moss a la cabeza, lograron una ajustada victoria.

41 New York Giants @ Dallas Cowboys 35

El partido que despejaba cualquier duda posible, si es que la había: los Cowboys no jugarán la post-temporada. Si bien los Giants mandaron durante todo el partido, el momento clave fue la lesión de Tony Romo, dejándole fuera de los campos para unas ochos semanas. El marcador no refleja la superioridad Neoyorquina, que se dejaron ir según el reloj descontaba minutos. El pequeño de los Manning supo recuperarse de unos turnovers tempraneros para liderar a su equipo hacia la victoria final del encuentro.

35 Jacksonville Jaguars @ Dallas Cowboys 17

Partido que me alegré de no ver, aunque en las pantallas gigantes de Wembley no me dejasen de enseñar la debacle de mi equipo. Esto lo expandiré en la ya nombradísima review de Wembley. En cuanto a lo que pudimos presenciar diré que David Garrard se puso las botas lanzando 4 pases de anotación y corriendo para lograr otro, mientras que los Cowboys se las vieron y se las desearon para mostrar algo de nivel.

Y una vez dicho esto… Hora de criticar. Yuju, mi hora preferida. Inciso: En Wisconsin la hora preferida suele ser la de quejarse, lo digo por si viajáis alguna vez, que no os pille desprevenidos. Fin del inciso.

Vaya que si sufriréis. Esto mide el molde...

Como habéis podido comprobar, estos resultados no son para tirar cohetes, y la derrota de ayer contra los Packers (¡Ay, de mí! En días como estos me alegro de vivir lejos de los otros dos y poder ignorar llamadas y mensajes) ha hecho que me anime por fin con esto. Se especula bastante hoy sobre el posible despido de Wade Phillips, y que Jerry Jones (propietario, presidente y general manager de los de Dallas) diga: “People will suffer” es como para acojonarse.

Si nos ponemos a hablar sobre el Head Coach, tengo tema para rato. Aunque el problema no sea enteramente suyo, creo que es el que más urgentemente necesita ser solucionado. A Phillips le falta algo para poder ser un digno coach del Equipo de America, y ese algo es autoridad en el equipo. No es que los jugadores se pasen por el mismísimo forro lo que está diciendo, sino que en momentos clave, cuando de verdad hay que enfadarse y gritar para despertar al equipo, le falta sangre. A nada que hayáis visto un partido de Dallas conoceréis la cara de Phillips, esa cara de “me están jodiendo, pero en vez de darles la satisfacción de verme perder la cordura, voy a poner cara de estreñido…”.

Desconozco el número de personas que estaréis de acuerdo conmigo, pero para el equipo del que dispone, sus números son muy pobres. Por no hablar del tema playoff. El año pasado no es que tuviera suerte, porque llegaron en buena forma y con confianza a la post-temporada, pero su extensión de contrato fue un regalo del cielo. A mi parecer, si Phillips siguió siendo Head Coach para esta temporada tenía una clara explicación: La SuperBowl XLV se juega en el Cowboys Stadium. Por lo tanto, poner a un nuevo staff técnico en un año tan importante y sin conocer el equipo, era una tarea complicada.

Si algo me ha desesperado durante estos años, aparte de la dichosa cara que pone, son los penalties absurdos. No habrá regalado Dallas yardas ni nada… Bueno, yardas, en consecuencia downs, y en consecuencia más grave: partidos. Este año era más claro aún, los Cowboys jugaban contra el equipo de turno, y contra ellos mismos.

La elección de jugadas no ha sido nada que merezca la pena destacar, es otra de las cosas por las que ha sido cuestionado antes, y con razón. Se empeña en repetir esquema cuando no funciona, da igual que Barber se haya estrellado cuarenta veces contra la defensa, le va a volver a mandar por el mismo sitio. Y es que Barber ha sido uno de los que peor ha usado. Si a los Cowboys les funciona cuando pases y carreras se van turnando, ¿porqué no exprimir eso en su propio beneficio? Los downs de los texanos llegan a ser tremendamente previsibles.

Vamos ya con otro de los puntos calientes: Tony Romo. Mi amigo Antonio Ramiro, que bastante tiene con llamarse así, ha sido de los más criticados durante los años que lleva en Dallas. Incluso reconozco que yo mismo, durante un partido, he sentido deseos de cargarme al number nine… y es que a veces nos lo pone demasiado fácil.

No intento convencer a nadie, ni justificar sus actos, pero Romo no me parece mal QB. Da igual lo que hiciera, estaba mal de todas formas, y todo lo que pasó en su amorío con la ¿cantante? Jessica Simpson no le ayudó para nada. ¿Que Romo se va con la Jessy de vacaciones? MAL. ¿Que Romo le hace el caballito texano? MAL. ¿Que Romo mea con viento en contra? MAL, MUY MAL: Todo el mundo sabe que acabas con los pantalones hechos una mierda, y no digo nada si encima llevas chancletas….

Hace poco sacaron un artículo, del cual os dejo un enlace en inglés aquí, comparando a Tony Romo con Aaron Rodgers. El quarterback de los Packers tiene una innegable calidad, pero el trato que recibe es totalmente el opuesto a Romo.

Habría que analizar los momentos en los que Romo comete los errores que comete, porque cuando vas a por una remontada para ganar el partido, si te juegas un pase arriesgado no es una locura que este acabe en una intercepción. Le ha pasado a muchos y les seguirá pasando a muchos otros, además que el estilo de Tony, muy Favre, es hacer volar el balón mucho y largo. Por muchas intercepciones que lleve encima, es uno de los que mejores números tiene en porcentaje de completados, yardas y touchdowns de la franquicia de Dallas, digo yo que por algo será.

Ahora le ha venido el remate de la temporada, la lesión: Se fracturó la clavícula izquierda después de un placaje por parte de Michael Boley, que el rookie Grownkoski no supo ver. A decir verdad, se le vio perdido en la jugada, sin saber cual era su sitio… Al menos no ha sido en el brazo de lanzar, pero el panorama que deja en el equipo no es demasiado bueno.

¡Jo! Y siguen a vueltas con mi nombre torero...

Si podéis repasar vídeos de principio de temporada o leer alguna de las primeras reviews veréis que comentaba que a Romo no se le veía confiar demasiado en su línea ofensiva. Todos aquellos pases eran rápidos, y paralelos a la línea de scrimmage, daba la impresión que el balón le quemaba entre las manos. Claro, si la carrera no está funcionando y con esos pases no llegas a ninguna parte, hay que echar el resto y jugártela. El no bloqueo de Grownkoski hizo lo demás, y lo digo sin querer culpar de lo sucedido al fullback, pero es lo que pasó.

Y para ir cerrando esta entrada, diré lo que Jerry Jones debería cambiar si quiere hacer algo de provecho: Sus cargos. No puede ser que lo sea todo, por mucho que haya invertido en el equipo. Que se quede como owner, o como presidente, pero no de general manager, no de las tres cosas. Luego llega el Draft y no quiere que se critiquen sus decisiones, donde ya se ha visto que dejan bastante que desear.

A estar alturas lo único que se puede hacer es darle salida a Wade Phillips, poner provisionalmente al hasta ahora coordinador ofensivo del equipo, Jason Garrett, y buscar un head coach con garantías. Pero claro, ¿a quien pones? Ese es el gran asunto, podrían incluso dejar a Garrett dependiendo de como se desenvolviera en el cargo, pero necesitamos un cambio. Y pronto…

Esto ha sido todo por hoy, espero que os haya gustado y que comentéis algo, que sobre estos temas todo el mundo tiene algo que opinar y a buen seguro que es digno de mención. Yo me despido hasta la próxima, esperando una mejora para el año que viene, porque no vamos a negar que la temporada está más que perdida. A este paso acabamos eligiendo el número uno del Draft… Cuidaros.

 

34 Tennessee Titans – Dallas Cowboys 27

Hola a todos, lamento el retraso con la review de este partido, pero entre el puente que hemos pasado y quehaceres varios me ha sido imposible escribirla antes. Sé que sois buena gente y que me dejaréis vivir, así que en agradecimiento a eso os la dejo aquí:

 

Ambiente previo al partido. Si os fijáis bien, por ahí está Nuere...

 

Se acababa la bye-week para los Cowboys y tocaba demostrar que lo visto hasta ahora era un simple bachecillo en el camino hacía el Lombardi, contra unos Titans dispuestos a hacer pupita. Que os diga que a estas alturas los de Dallas están teniendo el peor arranque desde 2001 no os debería de asombrar mucho, pero cuando os cuente una de las razones por la que no se llevaron el partido os vais a reír. A menos que sea vuestro equipo, entonces estáis tan jodidos como yo.

Penalties, Penalties everywhere. Qué sí, no os penséis que siempre ando con lo mismo, en tal caso los ‘Boys andan siempre igual. Especialmente activo estuvo Jenkins desde el inicio, en el que una interferencia de pase primero, y el ponerle toda la manaza en la cara al contrario después permitieron 2 anotaciones de los Titans y un 10-0 que ya pintaba mal. Lo más grave es que esta segunda era después de un sack que forzaba a los visitantes a puntear el balón. Ganas de matar aumentando.

En los drives ofensivos de los de casa se veía la desorganización, Romo intentaba completar con Austin una y otra vez, hasta que llegó Jones y se pegó 20 yardas de carrera de golpe. Eso es lo que hay que hacer, no obcecarse con el pase, un juego variado. A la postre todo este ataque sirvió de poco, porque la línea ofensiva era incapaz de frenar a la defensa y se comieron a Romo unas cuantas veces.

 

-El primero que me la menea hoy... - ¿WTF?

 

Los primeros puntos para los Cowboys llegaron en forma de field-goal de 51 yardas transformado por Buehler, tras otro drive en el que sackearon al quarterback del equipo Texano. Y con ese 10-3 se llegó al termino del primer cuarto.

Chris Johnson sumaba yardas y Vince Young se mostraba acertado en sus envios, tanto para Washington como para Britt. Éste último fue quien consiguió poner el marcador 17-3, gracias a una recepción de 12 yardas.

7 minutos enteros de drive para los Texanos, que terminaron en un nuevo punt a cargo de McBriar. No penséis que no paso nada en este drive, porque Romo sufrió una nueva hornada de sacks, llegando hasta 3. Si tras los tres primeros partidos el bueno de Tony sumaba tan solo 1 sack, en este le devolvieron a la tierra, literalmente, porque se llevó 6. ¿Querías café? ¡Toma dos tazas!

No tengo idea de cómo seréis de benevolentes, o permisivos, con vuestro equipo, pero a mí desde luego consiguen cabrearme. Con todo en la vida nos pasa, si nos gusta algo, buscamos excusas para justificar algún acto. Si nuestro equipo juega mal, nos cuesta verlo, si juega bien los llevamos a terreno divino. Será la experiencia con los ‘Boys, pero nunca termino de estar tranquilo con ellos. Es tan duro ser un Cowboy…

Cuando faltaban unos dos minutos para llegar al descanso Romo fue interceptado, para mi desdicha, qué digo desdicha, cabreo monumental. Menos mal que los referees corrigieron la decisión y declararon la jugada como incompleta. Todo esto llevó a Williams a anotar su tercer TD de la temporada y dejando un minuto escaso en el reloj, si los Titans no conseguían marcar no todo estaría perdido, ya que los Cowboys recibirían el balón al inicio del tercer cuarto. No lo hicieron. 17-10.

No pudo empezar mejor la segunda mitad, en un minuto y medio Austin conseguía atrapar el balón entre dos defensores para un touchdown de 69 yardas, ese era el espíritu. Íbamos para una remontada más que necesaria, para no perder el tren en nuestra división.

La defensa funcionaba, estaban siendo capaces de parar tanto a Young como a CJ2K y así lo demostraron una vez más, pero donde NO hay que perdonar es cuando uno se va a poner por delante por primera vez en el partido. Buelher, que da una de cal y otra de arena, quiso perdonar y mandó su chute de 44 yardas por la derecha. Sigo sin entender qué pasa con los kickers en Dallas, ¿alguien es tan amable de explicármelo?

Parecía que ya no costaba tanto parar a los Titans en ataque, y cuando los Cowboys estaban ya en la yarda 21 de los de Tennessee Romo lanzó una intercepción que había palmeado Bennet. Touchback, empate a 17, y Gartzo en plan Spiderman colgando de la lámpara cagándose en .

 

Este TD va pa' Gartzo, que sé que le jode...

 

Y una jugada después estaba aún peor, porque Young conectaba con Britt y lograba un touchdown de 80 yardas. Lo que más rabia me dio fue ver que Jenkins, al ver que Britt tocaba suelo y se levantaba, le dejase terminar la jugada. Pudo salir vivo del estadio por una sencilla razón, Wade Phillips hizo revisar la jugada y se vio que ésta debía de haberse terminado mucho antes. 20-17.

El empate llegó ya en el último cuarto, en el que Buelher esta vez sí, lograba colarla entre palos. No obstante Romo volvería a ser interceptado una vez más y propició otro touchdown de Johnson. 27-20.

La absurdez extrema llegó tras el TD de Witten, en el que se penalizó al línea Colombo, al que Witten había pasado el balón tras anotar. Los 7 puntos eran válidos pero el chute de retorno sería 15 yardas más atrás. ¿No os ha parecido tonto? Normal, si no sabéis que es lo peor.

Atentos, por esto se descojonarán toda la vida en Tennessee: Lo que hizo Colombo fue lanzar el balón a la grada, y en primera instancia pensé que era por eso, pero no. Hay una norma en la NFL, majetes ellos, que dice que no se pueden celebrar los TD en el suelo, por cosas de no pasarse con las celebraciones y tal y cual. Conducta antideportiva lo quisieron llamar.

Es habitual que dos jugadores den muestras de su alegría chocando los cascos, tocándose el culete o saltando pecho contra pecho, pues en esta última opción y al ser Colombo bastante ancho de huesos (por no decir gordo, que me sigue en el twitter y lo mismo me viene a crujir) se cayó de espaldas. Por increíble que parezca, los referees entendieron que era parte de la celebracion y penalización al canto. No se pararon a pensar que podía ser cosa de una cosa llamada inercia, no, era más fácil penalizar.

La repercusión de esta tontería fue que el retornador de los Titans consiguió llegar hasta la yarda 11 de Dallas, cuando en condiciones normales el balón se hubiera perdido en la end-zone. Touchdown de Johnson una vez más y el 34-27 final en el marcador. Con 47 segundos los Cowboys tuvieron una última oportunidad pero Romo sumo su tercera INT.

Uixx, se má ido la mano con las INT’s hoy…

El partido terminó y las sensación que me dejaron los Cowboys no fue del todo mala, pero sigo sin saber como dejan escapar ocasiones tan buenas para ponerse por delante y pasar a controlar el partido. Están jugando con fuego y no creo que a Jerry Jones, dueño del equipo, le haga mucha gracia que en su estadio se juegue una SuperBowl sin estar ellos presentes, antes lo cierra.

Como último apunte, decir que Tony Romo realizó su record de yardas en un partido, con 406. Es el cuarto jugador en la historia de los Cowboys en conseguirlo.

Nos vemos en la próxima review. Un saludo.


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