De Vikingos y Vaqueros (Segunda Parte)

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The events depicted in this blog took place in Minnesota in 2017. 
At the request of the survivors, the names have been changed.
Out of respect for the dead, the rest has been told exactly as it occurred.

“¿Dónde estoy, y qué narices es eso?” es algo que todos nos hemos preguntado alguna vez según el despertador nos devuelve a la tierra desde el más profundo de los sueños. Golpe que, además, tu cuerpo asume francamente mal cuando apenas han pasado varias horas desde que cerraste los ojos.

No había tiempo que perder, porque como dije al final de la primera parte, nuestro vuelo a Minneapolis era prontísimo y poco después de las 4 de la mañana ya estábamos en pie para ducharnos y preparar las mochilas. La única razón por la que nos aguantábamos cualquier quejido era la esperanza de poder dormir algo durante el vuelo, que nos iba a llevar poco más de dos horas.

Pero antes de todo aquello había que llegar al aeropuerto, checkear las mochilas, pasar los controles… situaciones que ya son suficientemente molestas cuando se tiene un descanso completo, y que te hace replantearte muchas cosas en la vida cuando no.

La verdad es que todo fue rodado, habíamos reservado sitio en el shuttle gratuito que varios hoteles ponen para acercar a sus clientes al aeropuerto de Fort Worth, J checkeo su maleta online el día anterior porque se pasaba considerablemente de las medidas permitidas para la cabina, y a esas horas la cola para el control de seguridad era mínima.

Lo único que me preocupaba un poco era que no habíamos metido nuestros pasaportes en ningún campo de relleno cuando hacíamos el check-in online y la reserva parecía estar completa solo con nuestros nombres. A la hora de imprimir los billetes de embarque en el aeropuerto sí que has de utilizar el pasaporte para la identificación, y, brujería, te reconoce sin problemas. Cómo es la tecnología hoy en día eh… y qué bien funciona lo de tenernos controladitos. Un saludo a la CIA y NSA, fieles lectores de Monday Night Blog, y de todo en general.

Haciendo tiempo en la puerta de embarque, me dio por acercarme a una de las tiendas del duty-free y pude ver bastante merchandise de la Universidad de Texas, “mi” equipo de College. Muy entrecomillado ésto último porque el College es algo en lo que no me he metido de lleno aún, pero claro, hay que apoyar a los tejanos.
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A una camiseta que reza “We are Texas” con el logo Longhorn, añadí algo que siempre he querido tener: un sombrero vaquero. Me he probado varios durante mi vida, pero siempre he tenido claro que solo había un sitio en el que podía comprármelo: Texas, y a ser posible, Dallas. Aquí me tenéis. Sombrero que, por cierto, llevé puesto a Wembley para el primer partido del año en el Reino Unido, nada de dejarlo cojiendo polvo en casa.

El avión que Delta tenía preparado era el más pequeño entre todos en los que había volado antes, lo cual se hace raro en un principio; desde el sonido de los motores al espacio en el interior, todo es distinto. Cuando superamos el “cotorreo” de las señoritas que teníamos delante, porque vaya paliza iban dando, tanto J como yo nos dormimos durante más o menos la totalidad del vuelo.

Aterrizaje en St Paul’s en hora (la azafata de cabina confirmó que eran las 9:11 y J, yo y varios otros viajeros nos miramos como diciendo, “extraña y algo macabra elección de palabras a utilizar un 11 de septiembre”) , ningún retraso en la recogida de equipaje, y acto seguido nos montamos en un taxi de los que allí mismo se encontraban para llevarnos al hotel, sin muchas ganas de liarnos a mirar otra opción en Uber. Aquí nos jodió un poco el hecho de que nos hiciera pagar en metálico, cuando podíamos leer una pegatina que clarísimamente decía que el pago con tarjeta era bienvenido. Su puta estampa.

En las últimas curvas hacía nuestro destino, pude ver un camión parado con una referencia a la que no pude evitar sonreír, y a la que ahora me arrepiento de no haberle sacado una foto porque no volví a verla: Fargo, ND.

Desde el día en el que reservamos el hotel en Minneapolis habíamos intentado contactar a la gerencia del mismo para preguntarles sobre la hora del check-in, que aunque estipulaba que era a las 3 de la tarde, queríamos saber si había alguna manera de  adelantarla (pagando, intuíamos) o si a unas malas podríamos dejar nuestro equipaje en la recepción para poder ir tranquilos al partido, que empezaba a las 6:10 pm.

Llegaríamos a eso de las 10 de la mañana y para nuestra sorpresa (y alegría), la habitación estaba ya lista y nos dejaron entrar de inmediato. Nos quedamos alrededor de hora y media tumbados en la cama, viendo ESPN y comiendo mierdas que compramos en una vending del hotel, algo que nos devolvió a la vida.

IMG_1754Otro shuttle bus gratuito nos acercó hasta el Mall of America, centro comercial por excelencia del estado de Minnesota, y un sitio cojonudo para resguardarse del frío… cuando hace frío, porque menuda torrada que nos acompañaba también aquí. Varias personas locales nos reconocieron que aquello era mucho calor para la época en la que estábamos, y menos mal, porque pensábamos que habíamos vivido engañados toda la vida con lo referente al tiempo en la Tierra de los 10.000 lagos.

Una de las tiendas de obligada visita aquel día era el Vikings Locker Room, la tienda oficial de la franquicia. Como sabíamos que al día siguiente tendríamos un rato tranquilos, J no se volvió muy loco comprando cosas en el gameday, y salió de allí con un nuevo jersey: el del #22, Harrison Smith.

Contento con su nueva camiseta, y siendo ya la hora de comer, nos acercamos a un restaurante dentro del Mall of America que tenía una pinta tremenda: Twin City Grill. J se comió una hamburguesa (+1 en el contador hamburguesil para él) y yo me tiré a por algo con un nombre tan apetitoso como Open-face turkey. Increíble, en mi Top 3 de todo el viaje sin duda alguna.

IMG_1013El plato era, básicamente, como cenar en Thanksgiving. Pechugaza de pavo totalmente limpia, un puré de patatas extraordinario, el relleno del pavo a un lado y la salsa de arándanos de acompañante junto con la gravy.   Como Semi-British en el que me he convertido, un buen stuffing, un buen mash y la gravy hacían que quiera que me enterraran allí mismo.

Ya con los estómagos llenos, bajamos hasta la estación de tranvía que tiene el MoA y que nos acercaba hasta el US Bank Stadium. El viaje dura como unos 40 minutos y te deja en la mismísima puerta del estadio; sencillo, barato y áltamente recomedable.

Ahora era J el que no podía estarse quieto y dejar de sacar fotos, y yo aprovechaba que pude llevar mi cámara réflex (en el AT&T podría haber tenido problemas porque mi objetivo medía exáctamente 3″, el máximo permitido, y no quise arriesgarme) y me entretuve sacando fotos a los alrededores y a J. El estadio tiene enfrente al downtown de Minneapolis, una estampa muy bonita, y que con el tiempo tan magnífico que hacía la mejoraba aún más.

Sabíamos que la carpa (llamada Vikings Longhouse) que ofrecería sombra, aire acondicionado y cervezas (¡como no!) no abría hasta un par de horas antes del partido así que nos mezclamos con la marea morada que tan feliz parecía estar haciendo a J. Entendía perfectamente por lo que estaba pasando, no hacía ni 24 horas desde mi propia experiencia indescriptible, pero sé también que para él era un poquito más especial porque no se ha visto rodeado de tanto vikingo en la vida. Dejé, pues, que andara y procesara las cosas a su ritmo.

En mis idas y venidas por la avenida que enlaza con el US Bank Stadium, y mientras sacaba fotos a varios anillos de la SuperBowl allí expuestos en vitrinas, escuché un gran alboroto y al girarme pude ver por qué la gente corría: en un carrito de golf pasaban Randy Moss y Charles Woodson, ambos trabajando ahora para la ESPN, y claro, pues allí que me fuí. El bueno de Moss iba a ser homenajeado e incluído en el anillo de honor de los Vikings aquella noche, y también haría sonar el Gjallahorn antes del kickoff.

Todo el jaleo se terminó y mientras esperábamos a que la carpa abriera, escuchamos un rato a la banda que tocaba en el Sound of the North, un escenario situado en medio de la plaza con yet another beer, que diría aquel. Nuestro contador cervecero estaba como en 1 trillón.

El Tailgate abrió oficialmente, y matamos el tiempo haciendo lo que os he comentado antes, mientras hablábamos y conocíamos a más gente. También soñábamos con otra victoria de nuestros equipos, porque ir a tu estadio mola, pero si te vas con una derrota pues como que no sabe igual. De momento estábamos 1 de 1.

No recuerdo cuanto de abusivamente antes entramos al estadio, pero fue ver las enormes puertas laterales abrirse y J se tiró para allí. Es un estadio impresionante este también, y dentro no decepciona. Tras dar una vuelta por el interior y seguir con las fotos, compramos algo para comer (en comparación con el AT&T, baratísimo) y J se gastó más dinero en merchandise. Se compró una toalla morada con la palabra SKOL escrita en amarillo que era preciosa, de hecho la vi yo, y que no me compré porque de ser así no vuelvo a entrar en casa. Pero ese es tema aparte, no seáis cotillas.

Empezó el partido tras un homenaje a las víctimas del 11-S, especialmente emotivo en aquella fecha tan señalada con el mosáico formado por cartulinas que rezaba “Never forget”. Aun siendo el US Bank Stadium un estadio cerrado como es, hubo flyover, pero también es verdad que el techo es una cristalera que no imposibilita la visión, lo cual le daba aún más emoción al momento.

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El morbillo del día estaba centrado en ver cómo rendiría Adrian Peterson tras su vuelta a la que había sido su casa durante tantos años, y que por primera vez le vería sentarse en el bando visitante. No fue factor alguno en el partido, y los Vikings dominaron el juego en ambas facetas y durante todo momento.

Tengo que decir que el estadio vibraba muchísimo más que el AT&T, me lo pasé como un enano (di que cuando veo a Dallas tengo pocos momentos de descanso/disfrute porque me puede la tensión) y los terceros downs defensivos eran inmensos. En Dallas cuando más se escuchaba a la afición a duras penas se llegaban a las 112Db, mientras que en Minneapolis no bajaba de 117Db.

Cada vez que el canto de SKOL sonaba, aquello se convertía en una locura. El público aplaude por cada golpe de tambor mientras grita la palabra escandinava a pleno pulmón. Pelos como escarpias, y J, con su incapacidad para la sincronización en masa, perdido, pero entretenido.

El partido nos lo pasamos chocando, celebrando y abucheando con nuestros compañeros más cercanos, y tanto es así que la persona que tenía al lado J preguntó “Do our fellow Viking fans want a beer?”, no sé si se dio cuenta que yo iba de camuflaje con Dez Bryant, pero el caso es que nos invitó a unas cervezas que costaban casi $10 cada una. No solo eso, sino que encima no nos dejó invitarle de vuelta algo más tarde.

Lo comenté tras la segunda visita a Wembley, nosotros copiamos la fórmula con nuestros vecinos en el Saints-Dolphins y les invitamos a varias en el que era su primer viaje desde Alemania para ver la NFL. Así da gusto ser  el “anfitrión”.

El partido terminó con un 29-19 a favor del equipo de casa, y la vuelta desde el estadio al Mall Of America fue todo lo contrario a lo que pasamos en Dallas; en apenas una hora estabamos de vuelta en el centro comercial.

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Nuestra suerte no se detuvo ahí, y es que el shuttle hacia el hotel estaba parado en el parking, esperando unos minutos más antes de arrancar hacía su destino. Así pues, terminó la noche mágica de J, y nuestro balance de victorias se situaba en 2 de 2. Not too shabby.

A partir de aquí nada tiene relación directa con la NFL, así que añadiré algunos puntos que, creo, han merecido la pena y que han hecho el viaje más especial aún. Vamos con los extra points:

  • El martes, tras recorrernos el downtown de Minneapolis hicimos nuestra propia ruta de bares, mientras esperábamos impacientes nuestro bautizo en partidos de béisbol. Tengo que destacar una IPA con sabor a mango que, hostia, era una maravilla.
  • Aquella noche, tras una decisión dictatorial en una fantasy league en la que J y yo participamos, nuestros ánimos estaban caldeados y preparamos varios complots mientras disfrutabamos del Target Field y de los Minnessota Twins. La cuenta de @FansMLBSpain recogió alguna de las fotos que pasé en un grupo de Telegram en el que estamos comentando las jornadas. Locura de partido, 16-0 para el equipo de casa contra los Padres y 3 de 3 para nosotros. La leyenda continúa.
  • Tras el partido volvimos al Cowboy Jack’s, sports bar donde vimos unas ofertas cojonudas mientras la temporada de los Twins está activa, y sentados al lado de su toro mecánico disfrutamos de un cubo de alitas ($5) y cervezas ($3). Habéis leído bien, cubo, con un kilo de alitas. La salsa Honey garlic fue la ganadora absoluta de la noche.
  • Al día siguiente partimos hacia Chicago, ya con el coche de alquiler y con el tiempo algo justo para llegar al partido de los Cubs contra Mets, condujimos parando tan solo para comer y llegar al estadio con el partido en los primeros pitches. Noche mágica en Wrigley. Cantar el “Take me out to the ball game” a mitad de la séptima entrada fue muy especial.
  • Tras el chivatazo de Carlos, otro de los integrantes del chat en Telegram sobre MLB, busqué el puesto en el que iba a conseguir mi First Game Certificate (¡y una pegatina!), un recuerdo muy bonito que cada estadio de béisbol hace hoy en día y por el que no se ha de pagar nada. Además, en las entradas finales pudimos bajar abajo del todo y estuve en primera fila al lado de primera base, con Anthony Rizzo cerquísima.
  • Cubs Win! Las W que no dejan de ondear, el “Go Cubs Go” en megafonía ¡y yo en una nube otra vez! 4 de 4, y tras otro bañito del equipo local (17-5), seguidores de Twitter empiezan a sugerirnos ir a ver a sus equipos para romper sus malas rachas.
  • 14 de septiembre, día de ocio en Chicago que incluyen visitas al Soldier Field y gastronomía clásica, como es la Deep Pan Pizza. Vemos el TNF en un pub con mi amigo Roger (¡culpa suya es que ahora le siga a Cubs! hace un año me aficionó a esto) y terminamos viendo la segunda victoria seguida de los Cachorros desde Wrigleyville. Aproveché para comprarme esta gorra, que además estaba rebajada, y al terminar el partido comimos victory hot-dogs cortesía de las camareras.
  • A punto estuvimos de quedarnos una noche más y volver a ir a Wrigley, pero decidimos no alterar el plan inicial y seguir conduciendo con dirección a Nueva Orleans. Hicimos todo el tramo hasta Memphis de una tacada (parando a comer y respostar, claro) y ya en el hotel vimos Austin Powers 2 y Speed hasta quedarnos dormidos.
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    Bourbon Street

    Llegamos a Nueva Orleans la tarde siguiente, dejamos las cosas en el hotel (que era más un albergue que otra cosa) y nos perdímos por la ciudad. El primer rato fue un tanto extraño, la ciudad parece algo destartalada pero según te acostumbras la cosa mejora. Sobretodo de noche. ¡OH, DE NOCHE!

  • Visitamos el Mercedes-Benz Superdome y nos refugiamos del intenso calor y horrible humedad en el Walk On´s Bistreaux & Bar que me recomendó el sexy de Rog, nuestro Rog de Football Speech. Vaya sitio más chulo, que tiene a Drew Brees como uno de sus dueños. El local está ambientado con varios banners y grandes momentos de los Saints, siendo el que más me gustó un mural con Thomas Morstead a punto de chutar y la palabra “AMBUSH!” acompañándole. Punto de inflexión de aquella SuperBowl XLIV.
  • Al estar todo el mundo pendiente de LSU, que jugaba contra Mississipi State, el Walk-On´s se volvió imposible, pero nos dimos cuenta que hay uno más pequeño anexado a su hermano mayor. Encontramos mesa y allí estuvimos hasta que recibimos la llamada de nuestro GM en el curro (Packer fan), que empezaba su luna de miel en Nueva Orleans.
  • Fuímos a molestarles, y nos reunimos en el bar que nos dijeron en pleno Bourbon Street, y del que salimos finos los 4. Malditos hurricanes, o lo que fuera aquella bebida del diablo.
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    Mi carnet de conducir como referencia

    Al día siguiente la resaca era un factor importante, y J y yo pensamos que era buena idea desayunar algo de gordos y bebernos una de esas cocacolas de millones de litros. Ayudó.

  • Nuestra idea era ver toda la jornada en el Walk On´s, y eso hicimos, aunque antes de aquello nuestro jefe nos llamó para ver si le podíamos cuidar el bolso a su mujer, que habían pillado entradas para el Saints-Patriots y no sabían lo del Clear bag. En fin.
  • Tras pagar las rondas con la tarjeta de su mujer… Cumplimos con lo prometido, probamos el caimán como cocina tradicional, que por cierto está buenísimo, y aguantamos a duras penas hasta el final de la noche. El jefe, tras volver a por el bolso después de su partido, no apareció más por allí viendo la que le estaba cayendo a sus Packers contra los Falcons en su nuevo estadio.
  • En los días siguientes, visitamos más puntos de la ciudad como el aquarium (donde pudimos tocar mantas… el animal, no lo que conserva el calor y que te pones para el Netflix & Chill), y salir absolutamente encantados del WWII Museum.
  • Antes de partir hacia Houston decidimos embarcarnos en una aventura por los pantanos, y es algo que recomiendo si tenéis la oportunidad de hacerlo algún día. Parece que estás en un capítulo de True Detective, y la velocidad que alcanza el dichoso Airboat es curiosa. Nuestro guía se lanzó a las hierbas bajas para cojer un caimán de algo menos de un año, pero lo suficientemente mayor como para ser abandonado a su suerte por su madre, y dejárnoslo sujetar antes de devolverlo al agua.
  • El último día, apasionado por el espacio como ya dije que soy, no pude dejar pasar la oportunidad para ir al Johnson Space Center de Houston, propiedad de la NASA. El poder darme un paseo por el interior de un Space Shuttle (sistema de transporte espacial que me volvía loco y del que vi más de un despegue en directo desde casa) me volvío loco, y es algo que está a la altura de haber visto a los Cowboys en el AT&T.
  • Tras saltarme una alerta en el móvil por riesgo de inundacíon, pusimos rumbo al aeropuerto mucho antes de lo que preveíamos, pero es que lo último que queríamos era arriesgar nuestra vuelta a casa. El Ford Taurus terminó con 1869 millas recorridas durante nuestro alquiler.

Y hasta aquí todo lo referente a este viajazo. Espero que os haya gustado acompañarme tanto como a mi el recordarlo, quien sabe si volveré a hacer algo siquiera parecido. Ha sido un año impresionante en lo que respecta a viajes para mi, y no puedo dejar de sentirme agradecido por la oportunidad que he tenido. Gracias por leerme.

Un abrazo,

Gartzo.

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De Vikingos y Vaqueros (Primera parte)

 

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¡Hola a todos! Menos de un año después desde la última entrada, en la que el menda tuvo la suerte de pasarse por Lambeau Field para ver a los Dallas Cowboys, volvemos con otro serial al que podríamos llamar: “Los viajes del cabronazo de Gartzo.

Aquellos que me sigáis por Twitter (¡santa paciencia la vuestra!) habréis podido seguir mis aventuras por tierras estadounidenses, y seguramente conozcáis los detalles y lugares que visité, pero previendo una historia larguísima, voy a partir este viaje en un par de entradas. De esta manera, podré añadir más fotos y links a twitter, y hacer que las entradas salgan antes.

Como ya escribí el año pasado, no pretendo que lo que voy a contar aquí sea una guía de como hacer esto o aquello, simplemente narrar mi experiencia en la que, seguro, muchas cosas se podrían haber hecho de manera más eficiente y/o barata. ¿Preparados? Pues al lío:

497 días, o lo que es lo mismo, 1 año, 4 meses y 8 días es el tiempo que tuvo que pasar para que nuestra idea de viaje perfecto se cumpliera. Todo nació la tarde-noche del 28 abril 2016, cuando 3 locos nos juntamos en un pub, horas antes del Draft 2016 para comentar lo que esperábamos de aquellos días siguientes y en sus potenciales consecuencias para nuestros equipos.

Conmigo con la idea de viajar a Green Bay y a nuestro colega Charger convencido de ir a ver a los suyos en los próximos meses, pensamos que sería un puntazo hacer un tour para ver a nuestros equipos, más aún sabiendo que CowboysChargers se iban a enfrentar en Dallas en 2017, fecha aún por concretar.

No dejamos de pensar en ello durante toda la temporada, y tras ir sorteando varios imprevistos y complicaciones habituales de la vida cotidiana, nos colocamos ya en la SuperBowl, donde nuestro amigo Viking y yo decidimos que sería estupendo empezar la temporada en EEUU, pasar una semana viendo a los Cowboys en casa y viajar la siguiente semana a ver a Vikes, o viceversa, dependiendo de quien jugara primero.

Pero el calendario de la NFL, allá por abril, nos preparó una sorpresa bastante desagradable, y fue el hecho de ver que Cowboys y Vikings iban a compartir alternancia de partidos en casa/fuera. A estas alturas, nuestro Charger ya se había visto forzado a darse de baja del plan por motivos profesionales, lo cual nos “facilitaba” el camino al tener que ver a dos equipos en vez de a tres, sobretodo porque logísticamente prometía ser una odisea.

Entre que debatíamos qué equipo íbamos a ver a su estadio y a cual en la segunda semana (Vikings contra Steelers o Cowboys contra Broncos) caímos en la cuenta de que aún existía la remota posibilidad de ver a ambos equipos en casa: Dallas jugaba el SNF y los de Minnesota el MNF. Tendríamos menos de 24 horas para llegar del extremo sur de EEUU al extremo norte, algo posible viendo que los precios de avión tampoco se disparaban demasiado.

El 3 de mayo, en plena celebración de mi cumpleaños (a la manera inglesa, pinta tras pinta en un pub, of course) y con el calentón del momento, intentamos comprar vuelos y entradas para ambos partidos desde el móvil, y gracias a Dios que el mío no parecía estar por la labor de colaborar, ¡benditos smartphones!

Ya con la cabeza más calmada y tras reposar la idea durante… horas, el 4 de mayo compramos todo lo más doloroso del viaje: Mi amigo Viking, al que llamaremos J, se ocupó del viaje Houston-Londres y yo pagué las entradas para ambos partidos más el vuelo Dallas-Minnesota. Decir aquí que aunque la idea inicial era volver a Londres desde algún destino en el norte, el precio del avión se volvía imposible, así que hacer la ida y vuelta desde la misma ciudad parecía ser lo más sensato. Significaba tener un gasto adicional al tener que alquilar un coche, sí, pero nos abría un abanico de posibilidades y lugares que podríamos visitar.

No me meteré en faena de explicar cómo se consigue el ESTA, carnet internacional (que tuve que volver a sacarme), seguro, y otras gestiones porque ya las expliqué un poquito más en detalle el año pasado, siempre podéis echar un vistazo ahí o sino preguntarme, que para eso estamos.

Pasaron meses con el hype, pensando el qué planes íbamos a hacer una vez allí y soñando con nuestros estadios, cuando a una semana para volar nos llegan noticias preocupantes desde el sur de EEUU: La zona de Houston y otras ciudades de alrededor están siendo azotadas por el huracán Harvey. Aeropuerto cerrado, la ciudad sumergida como no lo había estado nunca, y nosotros acojonados, claro. Meses de planes y de gastarse los dollars para que cuando casi estamos allí, todo quede en el aire.

Que una central química estuviera en riesgo de explotar tampoco ayudó a tranquilizarnos, y vale que no hubiera sido tan malo como si reventase una central nuclear, pero mostraba que las cosas estaban lejos de normalizarse. Aquí fue donde nos planteamos muy seriamente el cambiar el vuelo directamente a Dallas y gastarnos más dinero, que una vez llegados a este punto era lo de menos, la verdad. Por suerte, en el fin de semana previo los vuelos desde el George Bush Intercontinental se retomaron y creedme cuando os digo que durante esos días seguimos la pista de todo vuelo que salía de Londres con destino Houston.

Tras lidiar con este estrés, el 7 de septiembre del 2017 llegó, con la promesa del Kickoff a la temporada 2017 y un muy apetecible viaje de dos semanas por delante. No hay mucho que contar del viaje en sí, aparte de la sorprendente escasez de viajeros aquella mañana, lo cual vino genial para poder coger filas enteras para uno mismo y tumbarse y dormir algo más cómodos que en la rigidez del asiento erguido.

La llegada al aeropuerto fue mucho más fluida de lo previsto, con el nuevo sistema electrónico que tenían montado las colas se han reducido muchísimo y no creo que pasasen más de 20-25 minutos desde que nos bajamos del avión hasta que salimos de la terminal.

No nos quisimos pillar los dedos con nada, y por comodidad y rapidez decidimos coger un taxi que nos llevara directamente al hotel, y de paso aprovechamos para preguntar al conductor por las consecuencias y efectos del huracán en la ciudad. Todo parecía estar bajo control, y nos confirmó que salvo algunos lugares concretos en los que todavía esas consecuencias eran visibles, Houston apenas se resentía.

Para poco más tarde de las tres de la tarde ya estábamos con el check-in hecho, las mochilas desperdigadas por el hotel y unas ganas terribles de ver football. Yo tenía mis servicios de telefonía activados y funcionaban de la misma manera que si estuviera en el Reino Unido, lo cual nos ayudó a salir del hotel y andar todo sin miedo a perdernos.

Porque otra cosa no, pero J y yo hemos andado como si no hubiera un mañana, y menos mal, teniendo en cuenta la cantidad de homenajes que nos hemos dado en esto del comercio y el bebercio.

Nuestros pasos nos llevaron hasta el downtown de Houston, en donde tras cerca de tres cuartos de hora después encontramos un sports bar que nos convenció. Tejas Grill se llamaba, y nos refugiamos del calor texano de la manera que mejor conocemos: sentaditos disfrutando de una cerveza fría, y aprovechamos para comer y beber hasta que empezó el Chiefs-Patriots que abría la temporada NFL.

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Tejas Grill

Antes del descanso yo ya estaba dando cabezadas bastante pronunciadas, y veía que el camino hasta el final se me iba a hacer larguísimo, pero por suerte para mi J parecía correr la misma fortuna. Eso hizo que al llegar el descanso decidiéramos volver hacia el hotel… andando, por si había la más mínima duda. Pusimos la TV en el cuarto para terminar de ver el partido pero yo me quedé sopa en el momento que rocé la cama. No me dio tiempo ni a quitarme la ropa.

Tras un sueño reparador y varios intentos fallidos de desayunar en el típico diner americano, emprendimos la marcha por Houston, con la idea fija de llegar hasta el NRG Stadium y echar unas fotos del estadio que acogió la más reciente SuperBowl. Tuiteé al respecto, y es que como las grandes mentes pensantes que somos, se nos ocurrió andar hasta allí bajo un Sol y un calor acojonante.

Nos llevó algo más de dos horas, con paradas incluidas, y es que por el camino descubrimos Hermann Park, uno de los parques mejor valorados de la ciudad. Aprovechamos para recuperar líquidos y sentarnos un buen rato bajo un árbol, disfrutando de la suave brisa que acompañaba a la inmejorable sombra que nos cobijaba.

8,9 millas después llegamos a nuestro destino y toda la caminata mereció la pena. La ciudad de Houston es amplísima, y tener coche se hace casi indispensable, razón de más para que nos pareciera que, o todo estaba lejísimos, o que lo que vimos era bastante decepcionante teniendo en cuenta la fama de la ciudad. Que un huracán acabase de azotar tampoco ayudaba, eso lo sabemos, pero en los apenas dos días que estuvimos allí no salimos impresionados más que en contadas ocasiones.

Una de ellas fue en el parque que he mencionado antes, y la otra en al llegar al NRG. Varias zonas se encontraban valladas, y un banner de “Houston Strong” acababa de ser instalado en una de las fachadas. Justo al lado del estadio se encuentra el viejo Astrodome, y el recinto para el Houston Livestock Show and Rodeo. He de reconocer que una de las espinitas que se me quedan clavadas de este viaje es no haber podido ir a ver un rodeo, pero bueno, todo no se puede tener.

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Hermann Park

Para la vuelta decidimos coger el tranvía, y acercarnos así a los otros estadios que nos quedaban por ver. A la ida, y el jueves por la tarde, habíamos pasado por delante del Toyota Center que es el recinto que acoge los partidos de los Houston Rockets de la NBA. Es una pena ver que salvo un par de banderas y una placa en el suelo, hay muy poca referencia al equipo, imaginamos que porque será un centro compartido con muchos otros eventos.

El Minute Maid Park es el estadio de los Houston Astros, equipo de béisbol de la ciudad, y bastante difícil de fotografiar como para sacar un ángulo decente de todas sus peculiaridades. Tras las fotos de rigor ya sólo nos quedaba por ver el estadio de la MLS, el BBVA Compass Stadium de los Houston Dynamo.

Muy pequeño y curioso éste último, y lo que es más importante, relativamente cerca de los otros dos y… con un pub con una selección variada de cerveza al que ya habíamos fichado en una búsqueda por internet. No me vais a negar que nos lo habíamos ganado, ¡por pura hidratación eh, no alcoholismo!

Cuando creíamos haber llegado al pub que queríamos, nos dimos cuenta que era otro, y que que buscábamos nosotros se encontraba un poco más adelante. Nosotros nunca desaprovechamos una oportunidad así, por lo que decidimos tomar una cerveza en “Lucky’s” porque somos así de leales con nuestras decisiones, para acto seguido ir al otro bar (Little Woodrow’s) a por la siguiente. Y de vuelta al Lucky´s, y una vez más al Woodrows. En estas idas y venidas aprovechamos para ver el US open, algo de béisbol, y como no, cenar. Una tarde noche de lo más bien aprovechada culminada con J perdiendo sus gafas de sol en el camino de vuelta al hostal.

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Lucky’s

A la mañana siguiente, ya sábado, tocó andar hasta la estación de Greyhound de Houston… el sitio más desolador y tenebroso del mundo entero. Mientras deshacíamos los pasos de la noche anterior y con la mente clara se me ocurrió que el único sitio donde J podía haber perdido sus gafas era en el momento en el que recibió la llamada de la naturaleza para aliviar su vejiga, y la razón por la que no las habíamos oído caer era porque había tenido que ser en un tramo de hierba. Y tal cual, allí reposaban sus gafas con una ligera humedad en los cristales fruto del rocío mañanero. El puto Grissom de Zarautz, me llaman.

Volviendo al tema Greyhound (he pensado que el gafa-gate os tenía en vilo) no sé si habéis tenido la suerte desgracia de viajar en uno, pero es una experiencia muy difícil de explicar. Lo digo totalmente en serio, los alrededores, incluso la sala de espera de la estación de buses es punto de encuentro para la gente más variopinta y escalofriante. Íbamos con la idea de desayunar tranquilamente cerca de allí, pero al ser “semi-rodeados” por un grupo de unas 7 personas y declinar amistosamente su oferta para comprar droga y darles alguna propinilla, decidimos meternos en la terminal echando hostias.

Dentro la cosa no mejoraba mucho, y el asegurata que nos checkeaba los billetes nos preguntaba si llevábamos armas en las mochilas. A día de hoy no sé si lo preguntaba por seguridad, o para cerciorarse de que teníamos con qué defendernos. Tras nuestra negativa, ni se molestó en hacérnoslas abrir Al rato, y después de ser testigos del inmejorable servicio al cliente americano (nótese la ironía), nos subíamos al bus con destino a Dallas… fuck yeah!

El viaje transcurrió sin incidentes, 4 horas de camino incluyendo una parada para estirar las piernas. Y así, sin tener tiempo a procesarlo, llegamos a Big D, donde lo primero que hicimos fue contratar un Uber para que nos llevase desde la terminal de autobuses hasta nuestro hotel. Aquí fue cuando conocimos a Kenneth, nuestro conductor, el tío más majo entre los que conocimos en nuestras aventuras.

Hablamos de todo un poco, de Europa, Reino Unido, de Jerry’s World, el soccer, de lo graciosos que eran nuestros acentos, nos recomendó varios steakhouses y se lamentó de no poder llevarnos él mismo al partido al día siguiente porque decía que conocía un par de sitios que merecía la pena visitar.

También nos contó que en ese mismo asiento en el que yo me sentaba había estado Zach Martin unos meses atrás, cuando al parecer él y otros 2 compañeros llegaron tarde al bus del equipo y tuvieron que ir por su cuenta. Al preguntarle si había podido charlar un rato con el guard de los Cowboys, Kenneth se limitó a decir que Martin tenía cara de pocos amigos y que no quiso ni intentarlo.

Nos dio su tarjeta y nos animó a llamarle si queríamos recomendaciones más específicas de algún steakhouse, sobretodo si pasábamos por Fort Worth. Tampoco nos bajamos del Uber sin antes recibir un par de lecciones de cómo hablar texano por parte de nuestro amigo. A las clásicas “Howdy” (para “Hola”) y “Y’all” (para referirse a alguien) nos introdujo al  “I´m fixing to”, que viene a ser el equivalente al “I´m going to” (“voy a…” “estoy”) que usa todo hijo de vecino. Así pues, Kenneth juntó todo para terminar diciendo “Howdy, y’all, I´m fixin’ to drive you to your hotel!”. Fucking legend.

Una vez nos despedimos de nuestro chófer, nos tocaba esperar para hacer el check-in, así que lo que hicimos fue dejar las mochilas en recepción e irnos a comer a un restaurante contiguo, y del que salimos absolutamente enamorados. Por suerte para nosotros Denny´s es una cadena de restaurantes 24 horas, y le rendimos varias visitas durante nuestro viaje. San Denny´s, patrón de los fanegas.

Otro Uber nos llevó hasta el Downtown, esta vez el conductor era un tío que parecía estar algo tocado en el piso de arriba, y preferimos no hacerle demasiado caso. Paseando por la ciudad pasamos por el hotel The Westin en el que los Giants se alojaban, cosa que desconocíamos, pero nos dimos de bruces con todos los jugadores y staff. No había ni vallas ni nada, y de de la sorpresa de verlos delante no me salió ni insultarles.

Entre las visitas obligadas, estuvieron el Pioneer Plaza, y como no, el lugar en el que JFK fue asesinado. Aquí pecamos de pardillos al ser enganchados por un guía “oficial” cuando ya salíamos de la zona, nos pegó el sablazo del siglo y no quisimos ni rebatirlo, pero a decir verdad la charla y los sitios que nos enseño estuvieron de puta madre: Hubo 3 tiradores, pero solo 2 dispararon, había 4 razones fundamentales por las que querían a Kennedy muerto… y otras varias cosas que no os voy a desvelar porque me he propuesto recuperar ese dinero. Si queréis saber más, os mando mi cuenta de PayPal, me ingresáis el dinero y ya si eso os lo cuento.

IMG_0949Tras esto, y visitar una tienda en la que vendían sombreros vaqueros y en donde el que me gustó estaba defectuoso, me entró bastante bajona. Fuimos a un bar a echar una cerveza y ver algo de college, Clemson vs Auburn, pero apenas pude terminármela. Decidimos que ya estaba bien del downtown y que era hora de volver al hotel, no sin antes pegarnos otra comilona en el Denny’s.

Llegó el gran día y es que por fin pondríamos rumbo hacia Arlington para ver a mis queridos Cowboys, por lo que más nos valía desayunar como campeones (¿no había duda de dónde lo íbamos a hacer, verdad?). Serían eso de las 10:30 cuando llamamos al Uber que nos llevaría hasta el estadio, y aquí tengo que decir que me esperaba que nos costase más caro de lo que fue ($24) pero también es verdad que íbamos como con 10 horas de antelación. El partido era a las 7:30pm hora local, y como sabíamos que la gente llevaría sus televisiones para disfrutar del tailgate, esperábamos poder engancharnos a alguien y ver los partidos previos al que íbamos a presenciar.

Según avanzas por la autopista empieza a resaltar una figura inmensa, y sabes que no puede ser otra cosa que el AT&T Stadium. La gente de la ciudad no para de repetirte lo maravilloso que es, y de todo lo que vas a disfrutar una vez dentro, sobretodo siendo fan de Dallas pero os puedo asegurar que nada como ir acercándose a un lugar tantas veces has visto por la TV y en el que te has imaginado tantas otras. Justo antes de llegar te encuentras con “Six Flags Over Texas”, un parque temático impresionante en el que no me hubiera importado haber pasado un rato soltando adrenalina en sus atracciones, pero para el que no tenía ojos aquel día. Además, ya daba igual quien me estuviera hablando: no estaba escuchando.

Leticia, nuestra conductora Uber, se metía por las carreteras cercanas al estadio mientras buscaba el punto de destino marcado por la aplicación, pero no me pude contener más y le dije que si no le importaba soltarme allí mismo, que yo iba a desmayarme igual me dejara donde me dejara. Bajé del Uber y… no puedo explicar lo que sentí. Creía que tras un tiempo desde que viví la experiencia iba a poder describir lo que fue, pero se ve que me equivocaba. Como siempre, añadirá el típico listo.

Fue muy extraño, me pasé un buen rato quieto en el mismo sitio, mirando al AT&T mientras lo único que era capaz de balbucear era WOW. En bucle, en un larguísimo bucle. Miraba a J, señalaba al estadio, WOW. Me frotaba los ojos, mandaba fotos a mi familia, y WOW. Daba pequeños pasos hacia adelante, como temiendo que uno de ellos me despertara de un sueño, porque es lo que sentía que era aquello. Un sueño.

Fui recuperando la compostura, pude hacerme más fotos sin parecer un completo idiota delante del estadio, y la primera parada tras apreciar aquella obra de ingeniería fue la tienda, no sin antes echarme una foto con la estatua de una leyenda vaquera como Tom Landry.

La tienda es como ser un chiquillo otra vez, pero no por lo mágico, que también, sino porque lo quieres TODO y no tienes dinero para comprarlo. Iba con la idea de comprarme el jersey color rush de Prescott o Elliot, pero el único que parecía quedar era el de Witten, precisamente jugador del que llevaba el jersey aquel día. Gasté mis dineros en un chubasquero/paravientos, una sudadera y una camiseta con la estrella y el mapa USA que reza “America´s Team”. Esta última me da mucho gustico llevarla porque la gente siempre tiene algo que decir, y a mi me encanta discutir por discutir… es lo que tiene ser un trolazo. También añadí una guía del partido, algo que me gusta comprar como recuerdo, guía que por cierto aún ni he sacado del plástico.

Contento con mis nuevas adquisiciones y por hacer algo de tiempo hasta que los primeros partidos comenzasen, nos acercamos hasta el estadio de los Texas Rangers, que está justo enfrente del AT&T y en el que además había partido aquel día: final de la serie contra los Yankees de Nueva York. Iba a ser Texas contra NY tanto en béisbol como en football.

Tanto caminar al Sol nos estaba asfixiando un poco, así que nos fuimos hasta un Wal·Mart que se encuentra en las inmediaciones del estadio para comprar Gatorade y recuperar sales minerales, y cerveza, para volver a perderlas. Todo acompañado por unos Doritos que hicieron las delicias del respetable.

Estando sentados bajo un árbol veíamos como la gente se esmeraba en colocar sus tailgates zonas como es debido, montando carpas desde cero y trayendo pantallas de plasma grandísimas y generadores que les dotasen de energía para toda la tarde. Y como no, barbacoas cada cual más grande que la anterior, porque para eso estábamos en Texas.

Fuímos saltando de tailgate en tailgate hasta que encontramos un sitio en el que podíamos ver las TVs sin problemas, y con el tiempo fue llenándose con gente de ambos equipos, todos charlando y haciendo amigos. Nosotros conocimos a un grupo que nos acogió en su tailgate, nos dieron cervezas, comida, y echamos unos pases y les retamos al bean bag toss, ya sabéis, este juego en el que lanzas saquitos de arena/arroz/lo que sea desde una distancia y hay que meterlos en el orificio del rival. En el orificio de la tabla que hace de objetivo, ojocuidao, no que haya que hacer cosas sucias a los rivales. Al menos no a esas horas.

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Tras pasar un tiempo muy agradable con nuestros nuevos amigos, pensamos que era buena idea ir acercándose al estadio cuando abrieran la Miller Lite Plaza, exclusivo ya para aquellos que tienen entrada, y en la que la música y el alcohol siguen en un recinto cerrado y con muy buen ambiente. Según entramos en aquella zona vimos una carpa con un par de cheerleaders vaqueras sacándose fotos con los allí presentes, por lo que no perdí ni un segundo y me puse a esperar mi turno.

Tuve bastante suerte porque en menos de un minuto estaba ya bien agarrado a las dos simpáticas mujeres, con las que pude hablar muy brevemente, y echamos la foto que veis aquí. Qué felices los 3, no me lo iréis a negar. Y es que no todos los días se tiene la suerte de poder sacarse una foto con uno de los locos del Monday Night Blog. Ehem.


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Después de la larga espera llegaba otro momento mágico, entrar al AT&T y disfrutar de lo que tiene para ofrecernos dentro, y os puedo asegurar que es impresionante. Te das de frente con el Jumbotron quieras o no quieras, y eso que solo ves las pantallas laterales, pero sigue siendo igual de alucinante. Según te vas abriendo en ángulo y empiezas a ser consciente de todo el espacio que una pantalla de alta definición de 60 yardas ocupa, tu mandíbula se desencaja de nuevo.

Fotos y más fotos aquí, incluyendo un vídeo de Facebook en directo para nuestros familiares y amigos tratando de describir la experiencia, y es que no era para menos. Cada asiento tenía una toalla para animar al equipo con la fecha del partido incluída, un recuerdo que está ya bien presente en mi sala de estar y que me devuelve por momentos a mi asiento en Arlington.

En lo que respecta al partido, vimos como la defensa de los Cowboys machacaba y anulaba al ataque neoyorquino, mermados con la notable baja del receptor Odell Beckham Jr., mientras que Prescott, Elliott (421!!) y compañía hacían lo suficiente para doblegar a sus rivales. Es justo decir que los Giants nos hicieron parecer mucho mejor de lo que en verdad éramos. Resultado final: 19-3 a favor de Dallas y yo contento de haber visto a mi equipo ganar en directo por tercera vez.

La salida del estadio la hicimos bastante rápido, no había mucho que nos retrasara pero a partir de aquí y con la vista puesta en el madrugón del día siguiente, la cosa se torció un poco. Antes de eso, y cuando caminábamos más siguiendo a la marea humana que otra cosa, me fijé en una persona a la que estaban llevando en silla de ruedas a uno de los coches en la zona de aparcamiento.

Aquella persona había sido presentada en el estadio, y a mi, que me pirra todo tema relacionado con el espacio no me era desconocido: ¡era Buzz Aldrin! Nadie más pareció verle, o eso o están muy acostumbrados, pero yo corrí a su lado y esperé a que sus asistentes le ayudasen a levantarse para saludarle y presentar mis respetos. No quise molestar con fotos, así que mientras esperaba me hice un selfie con el segundo hombre en pisar la Luna. Historia viva, aunque no todos los que leáis esto pensaréis lo mismo. Uníos al club que J empezó minutos después de este encuentro, magufos.

Como ya he dicho, aquí el día dio un giro a peor cuando no había manera de encontrar el sitio destinado para la recogida de pasajeros que proporciona Uber, y no solo eso sino que el tiempo de espera no paraba de aumentar, y en consecuencia, los precios. Llegamos a ver viajes de hasta 80$ por la vuelta al hotel, y no nos quedó más remedio que dejar que pasara un tiempo considerable hasta que pudimos montarnos en uno.

Pasada la medianoche nos recogió Tonjulla, a la que hicimos bastante poco caso por el cabreo que llevábamos encima, y es que el vuelo hacia Minnesota del día siguiente era a las 6.40 am. Cada segundo de más que pasamos esperando el Uber significaba otro que perdíamos de descanso, y fue algo que nos frustró a ambos.

25 minutos y $63.51 menos después, llegamos al hotel con las fuerzas justas de poner la alarma para 3 horas después y caer rendidos. A las 4:15 de la mañana, la siguiente aventura comenzaba…

Episodio CLVII – La amenaza Vaquera

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Hace mucho tiempo, en un blog muy, muy lejano…

Dejad de sorprenderos, estáis viendo bien: Esto es una entrada especial de Monday Night Blog. Y ojo que no es que sea especial porque el que escribe éstas líneas sea como Ralph, ni porque quienes escribimos escribíamos en éste espacio iban al colegio en autobuses cortos, no, es especial porque todas nuestras entradas son especiales y sería injusto que… pffffff, vale, mentiraca, ¿pero y lo bien que queda? El caso es que va a haber entrada nueva y punto, ¿no os iréis a poner exquisitos ahora, no?

Y qué extraño fenómeno del Universo ha propiciado tal hecho, os preguntaréis, pues que aquí el menda y la Anteriormente conocida como Lady Favre se han pegado un viajazo a Green Bay. Así, con toda nuestra chulería; por afición, locura, por impresionar a una extranjera… por la razón que sea nos fuimos (y volvimos contra nuestra voluntad) y aquí estoy para contarlo con pelos y señales. Al menos los pelos y señales de los que me acuerde.

¿Y por qué digo esto? Pues porque como no podía ser de otra manera, llego ultra tarde a una entrada que prometí hace eones, pero que por azares de la vida no he podido sentarme a escribir como es debido. En mi defensa diré que escribí un buen trozo el día que llegamos del viaje y tenía que forzarme a aguantar despierto para que el jet-lag no me amargara la existencia al volver a Europa, pero (y aunque usaré algo de lo que escribí) aquello fue mayormente una basura. Vamos, como viene siendo habitual, pero dándome cuenta de ello.

Es posible que hayáis escuchado la experiencia que vivimos el domingo 16 de octubre en el podcast de nuestros amigotes de Football Speech, que no sólo está en su mejor temporada ever tras su mejor temporada (rollo Inception, un lío de la hostia) sino que además son tan majos que tuvieron a bien enchufar un audio con nuestras seductoras voces. Si queréis ir directos al clip, empezad la reproducción en 1 hora, 23 minutos, 19 segundos.

Aquí lo que se pretende es contar con más detalle cómo fue todo, por si alguno de vosotros necesita un empujoncito extra para convencerse o tiene dudas de cómo organizamos tal o cual. No hace falta decir que lo que viene a continuación es nuestra propia historia, habrá otras mil formas muy válidas de hacerlo, pero nosotros “elegimos” esta. ¿Preparados? Pues al lío.

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Como bien podéis imaginar, un viaje de éste calibre requiere que muchas cosas salgan bien, demasiadas diría yo. Ya no sólo es que puedas librar esos días para pegarte una matada de viaje (que lo es, a menos que viajes en business), entra en juego que te lo puedas permitir (tema para nada baladí), que el equipo al que quieras ver esté jugando bien y no tenga lesionados a tus jugadores preferidos (que en la NFL, vete tú a saber), que el equipo rival sea medianamente decente y llegue en forma al partido, etc… Vamos, que casi es más fácil que te toque la lotería. Eso sin contar con retrasos/cancelaciones de vuelos, problemas con las entradas y otro sin fin de putadas propios de un viaje cualquiera.

En ese sentido nosotros tuvimos una potra tremenda, a principio de año ni siquiera se nos había pasado por la cabeza el ir a ver un partido de NFL en los Estados Unidos, pero ni por asomo. Hemos estado en bastantes partidos de International Series ya que viviendo en Londres es bastante cómodo y asequible, y de hecho me compré entradas para los 3 partidos que se jugaron en octubre de éste año. 2 se jugaron en Wembley, y por primera vez, uno en Twickenham, estadio conocidísimo entre los aficionados al rugby. En ese sentido, me daba por satisfecho con el menú de NFL que me había preparado: iba a disfrutar de un partido divisional entre Colts y Jaguars (Jag-wars, que dicen los americanos y que saca de quicio a ingleses), abuchear a muerte a los Giants en su partido contra Rams y más de lo mismo con los Redskins jugando “en casa” de los Bengals. Pero salió el calendario de 2016 y, casualidades de la vida, en una de las semanas en las que no tenía cita con la NFL en Inglaterra había un muy golosote Cowboys@Packers. Nuestros equipos frente a frente, y encima en Lambeau, como para pensárselo aunque sea.

Al principio nos lo tomamos a coña, sobretodo porque por cuestiones de trabajo esas fechas entre partidos son normalmente las únicas posibles para ir a casa a ver a la familia hasta pasadas las fiestas navideñas, pero al poco tiempo nos confirmaron que podíamos retrasarlas hasta noviembre… y ya no nos parecía tan descabellado. Es más, diría que lo más difícil estaba hecho, cuadrar fechas. “Seguro que cuesta un pastizal” fue lo siguiente que pensamos, casi como queriendo tener una excusa para cerrar el tema; y aquí no nos equivocamos. La indecisión nos retrasó muchísimo, y eso que estoy hablando de las primeras semanas de mayo, cuando los season ticket holders no tienen aún ni los billetes en la mano.

Las entradas y sus locos precios las íbamos mirando en TicketExchange, la página de Ticketmaster que lleva la NFL en donde aficionados de todos los equipos pueden comprar y vender sus entradas de forma segura. No os voy a mentir, acojona un huevo gastarte una pasta y en donde te dicen que, ya si eso, los tickets te los mandan por mail y que te los imprimes a tu nombre y con eso pasas. ¡El timo de la estampita versión yuesei!

– ¿Y si vamos y resulta que esas entradas no valen?

+ Que va, ¿no ves que lo promociona la NFL?

– Ya pero, ¿y si resulta que no valen?

+ Es veneno.

– Pero huele a canela…

Total, el tema se desvió y como ya he dicho antes, nos retrasó un copetín. Luego vas viendo que las entradas a las que más les echas el ojo se van yendo, que los precios suben aún más, y te desesperas. Cada vez parece más una locura. Porque claro, obviamente no te vas a dejar el dinero sólo en las entradas: está el alojamiento, el desplazamiento hasta el estadio y más cosas. Sumar y sumar. A unas malas, sabíamos que podíamos contar con un amigo que vive en Chicago y ahorrarnos el alojamiento, pero el viaje no es ninguna broma y eso sumaba más gestiones que ya detallaré un pelín más adelante.6Una tarde me dio por ser más pesado de lo habitual (que no queréis saber cuál es ese punto) y Amidala acabó cediendo siempre y cuando las entradas fueran “asequibles” y yo aceptara estar en la sideline de los Packers, cosa que me daba un poco igual porque ya estuve en el lado de los Cowboys cuando jugaron contra los Jaguars en Wembley (ay, qué bonico estaba Romo… un poco lisiado eso sí (algunas cosas nunca cambian (toma, multiple paréntesis como hizo mi Bro (aunque él con bastante más estilo y más largo (qué puto amo y sexy es))))). ¿Y cuando estaba ya todo decidido qué pasó? Que vamos a comprar las entradas y los gastos de gestión de Ticketmaster suben el precio de cada una más de 150$. Hijos de una hiena. Aquello sí que era un robo que ríete tú de lo de El Dioni. Otra hostia en la cara, nunca mejor dicho.

Al final nos decantamos por unas que, estoy seguro, iban a ser nuestra última intentona. íbamos a pagar lo que pretendíamos pagar por las otras antes de descubrir el gasto de gestión, y encima estando en peor sitio. Pero seguiría siendo en Lambeau, con eso bastaba. Fecha de compra: 22 de mayo. Desde la web me aseguraban que para 3 días antes del evento las tendría en el mail. Muy tranquilo no estaba, no os voy a engañar. Al final las entradas estuvieron listas para imprimir el 23 de agosto, y no os hacéis a la idea del subidón que te da eso. Entradas a mi nombre y todo en riguroso orden, como prometen en el anuncio, ninguna queja, desde luego.

Tras un desembolso así decidimos que lo mejor era esperar y tantear las webs de las distintas aerolíneas que cubren el vuelo Londres-Chicago con tiempo, ya que siendo el viaje tan adelante en el futuro, seguro que los precios variarían muchísimo. Con lo culo inquieto que yo soy (Amidala lo describiría como PLASTA), al día siguiente de lo que os acabo de contar con las entradas pagamos el viaje. Un puto día. El precio, hay que decir, estaba muy bien y no quería desaprovecharlo. De hecho, sigo muy contento por lo que pagamos. Lo de darse tanta prisa nos acabó sirviendo para una cosa (claro, qué voy a decir yo) y es que cuando los peores presagios del Brexit se cumplieron, la libra esterlina se desplomó de tal manera que nos habría hecho perder toda ventaja respecto al dólar estadounidense a la hora del cambio. Y de haber sido así, me parece que nos hubiéramos quedado con las ganas de ir.

En este punto vuelvo al tema de las gestiones que hablaba antes, más que nada porque15 desde finales de mayo hasta prácicamente el mes de octubre no hubo noticias importantes y fue más la interminable espera que otra cosa. El alojarnos en Chicago nos obligaba a viajar hasta Green Bay el día del partido, aunque tenía el kickoff previsto para las 3:25pm CT y eso nos daba margen de maniobra. Tras barajar las diferentes opciones (avión, tren, bus o coche) nos decantamos por la última por ser la más cómoda y por la flexibilidad que nos daba. El volar a Green Bay era indecentemente caro, el tren no nos venia bien de horas y el bus nos venía genial para la ida pero no teníamos opción viable para la vuelta. Intentamos cuadrar el tema con mil combinaciones diferentes, incluso la de pasar la noche allí tras el partido, pero una vez más, los “Wisconsianos” saben dónde hacer dinero. Claro que el alquilar un coche iba a traer consigo otros quebraderos de cabeza.

El primero de todos fue la necesidad de sacarse el permiso internacional de conducción ya que nuestro país no tiene ningún tipo de acuerdo con los Estados Unidos en este sentido y el carnet no sirve para circular allí si no está acompañado del ya citado permiso. El trámite es super sencillo hoy en día, pides cita en la página de la DGT, te plantas allí con tu cuerpo serrano, y tras pagar 10,10€ tienes tu permiso reshulón para un año entero. Hay ciertos requisitos que podéis rebuscar en la propia página, pero básicamente se trata de rellenar un formulario, llevar foto reciente y poco más. Nosotros, al vivir en Londres, teníamos que aprovechar las vacaciones de verano en casa para ir a sacárnoslo, y claro, en los meses de verano cualquiera se fía de un funcionario (¡un besi para todos los “trabajadores” del sector!). Ante mis miedos iniciales, todo se solucionó sin sobresaltos.

Otra cosa que implicaba el alquilar un coche era la necesidad de tener una tarjeta de crédito, algo que para muchos seguro que es vuestra opción preferida, pero nosotros no nos movemos más allá de la de débito así que había que sacarse una. Reuniones con los señoritos del Barclays: condición aquí, allá, límite de pasta y explicación sobre intereses aparte, otro trámite que solucionamos sin mayor historia a la vez que nos daba cierta tranquilidad en caso de cualquier imprevisto una vez en USA.

5Seguimos con más gestiones: Seguro de viaje. Algo vital cuando se conoce la faceta saca-pasta de la medicina estadounidense. A través de Olga y Antuán, unos youtubbrrs la mar de majos que viven en San Diego y que contaban su experiencia personal en cuestiones de seguros, conseguimos un descuento del 5% en el que contratamos. Explican cómo conseguirlo en éste video, y tengo que decir que IATI nos ofreció una cobertura cojonuda a un precio genial. Parece que me pagan a mi también por decirlo, pero no, habla un cliente satisfecho.

Ya por estas fechas, finales de agosto, recibo uno de los reveses más importantes en lo que a este viaje se refiere: Tony Romo se lesiona la espalda en el partido de pretemporada contra los Seattle Seahawks tras un golpe. Las previsiones eran que, como mínimo, estaría de baja hasta la semana 8 (el partido de Lambeau era la semana 6). Ésto suponía que el partido se descafeinaba ligeramente… aunque después apareció un tal Dak Prescott y, en fin, el resto ya lo conocéis. Simplemente quería plasmar mi decepción en aquel momento. Es más, en el trabajo, aparte de mi jefe que es fan de Vikings, tenemos al GM que es fan de Green Bay y pasó del insulto y la envidia inicial a un bullying continuo con el “váis a recibir una paliza bestial” o “me encantaría que las cámaras te enfocasen como único fan de Dallas en Lambeau, deprimidísimo con la sangría de puntos que estaréis recibiendo”. Y como el karma es muy puto, pues, también sabéis lo que terminó pasando. Lo he llamado bullying, pero nada más lejos, hay una relación footballera guay y un gran respeto profesional.

De hecho fue él quien me recomendó un programa que emitió la BBC con Reggie Yates, un10presentador de TV inglés que se dedica a viajar al más puro estilo Callejeros Viajeros, y siendo totalmente desconocedor de la NFL, se embarcó en un viaje a Green Bay contando cómo se vive el football en esa pequeña localidad. El capítulo se llama Touchdown USA y no os podéis imaginar cómo de arriba nos vinimos. ¿Sería posible vivir algo parecido en apenas un mes?

Seguimos. El cambio de divisa es algo de lo que hay que preocuparse también, aunque tengamos la tranquilidad de saber que la tarjeta de crédito estará ahí como plan B, nunca está de más llevar cash, sobretodo para las propinas. Madre mía qué hostiazos. A estas alturas de la película hay que decir que el cambio nos salió bastante peor de lo que hubiera sido antes de verano, pero bueno, no podíamos hacer nada así que para qué darle más vueltas.

A una semana del viaje alquilamos, por fin, el coche. Seguro waiver y GPS incluido. Gracias a nuestra compañía de teléfono teníamos datos móviles gratis en USA, pero no era plan de jugársela con problemas de conexión a la hora de seguir indicaciones de Google Maps así que creímos más que necesario el contratar el navegador. A la hora de elegir coche nos decantamos por un coche un poco grande, más que nada por la seguridad y el comfort que ofrecen sobre los compactos y más económicos. Un Chevrolet Cruze o similar era el coche que nos iba a tocar conducir, y yo estaba emocionado sobre desbloquear un logro que siempre he querido: conducir por las carreteras de Estados Unidos en un coche americano. Digamos que sólo el 50% del logro se cumplió, porque lo que terminaron dándonos fue un Volkswagen Jetta SE. Por supuestísimo, de transmisión automática. “El mejor seguro antirrobo que tienes en USA es que sea de cambio manual”, dice siempre  mi amigo Óscar. Un sabio, el tío.

He dejado para lo último la gestión MÁS COÑAZA que os podéis echar a la cara, y no es otra que el ESTA (siglas para Electronic System for Travel Authorization). Muy rápidamente, un formulario extensísimo que hay que rellenar (y pagar) para poder entrar en Estados Unidos, o bueno, más bien, para tener la opción de entrar al país siempre y cuando la tramitación sea aceptada, aunque luego esté en manos del miembro del Homeland Security dar el último sí para tu entrada a su territorio. Vamos, que puedes viajar hasta allí pero luego terminar en la frontera y que te manden de vuelta a casa si ven que algo no está en orden. La respuesta te la dan en un tope de 72 horas, y a nosotros nos llegó al mail tan pronto como al día siguiente. Todo en orden. El tema de presentarse ante el oficial de la frontera me daba cosica, más que nada por su fama de no pasar ni una y de ser tipos duros. Yo, como buen caballero, dejé a Amidala pasar primero y me esperé en la misma fila aunque hubiera algún otro sitio libre en otras ventanillas, pero sabía que aquello me beneficiaría.

A esto que estoy escuchando la conversación de Lady Favre con el oficial y sale el tema estrella: Motivo del viaje. Nada más y nada menos que ir a ver a los Packers… y va la tía y lo suelta tan campante en Chicago. EN CHICAGO. Joder con las vascas, vaya huevazos se gastan. Que para qué demonios iba a querer alguien ir a ver a los Packers, le pregunta, que a ver si no es conciente de que le puede negar la entrada ya sólo por eso. Y entre pitos y flautas, le cuenta la historia de como se hizo fan de Green Bay, que yo, ese tipo tan sexy y con cara de estar cagándose en los pantalones unos metros más atrás soy fan de Dallas y que venimos al partido del domingo. Me hace pasar para hablar conmigo también, que si aupa Romo, que él estudio en Eastern Illinois y que le tiene aprecio. Se nota a quién se enfrentaban los Cowboys ese fin de semana… tras el control rutinario, un “Go Cowboys!” de los buenos finaliza todo el gag. Un tío singular, aquel muchacho, y así sin más… Admitidos en USA. YEEEEHA!
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Ahora sí que sí, empieza el viaje de verdad.  Decir rápidamente que la noche antes de ponernos en marcha, los Chicago Cubs jugaban el primer partido de la NLCS contra los LA Dodgers y nos acercamos a los aledaños del mítico Wrigley Field para ver qué se cocía por allí y disfrutar del ambiente. Aunque el baseball no nos llamara demasiado en un principio, y tras un repasillo a las reglas básicas en un sports bar de los buenos, vivimos una experiencia increíble. Todos dejábamos el bocado a medias  para fijarnos en lo que pasaba en las pantallas, a Amidala escuchar a Joe Buck, no sé por qué, le ayudó a olvidar su haterismo por el “Bola-base”. Momento de confesión: tras un día de locura andando por la ciudad, estábamos tan cansados y teníamos que levantarnos tan temprano que tuvimos que marcharnos poco antes del Grand Slam que cerraba el partido a favor de Cubs. Escuchamos a la ciudad entera celebrarlo, y con pena, sí, pero había cosas más importantes a las que atender.
1
Habíamos decidido coger el coche a las 7 de la mañana, cuanto antes, y en base a eso elegimos el “concesionario” que más cerca se encontraba de casa de nuestro amigo. A pesar de que para cuando nos acostamos el reloj pasaba considerablemente de la 1 de la madrugada y que la alarma estaba puesta a las 6 y poco, recuerdo despertarme casi una hora antes… de la emoción, pensaréis. Pues no, por la pedazo de tormenta que estaba cayendo en ese momento sobre la ciudad. Qué manera de llover. Al rato se despertó la señorita pensando, “espero que pare para cuando vayamos a salir de casa”, y éste alegre pensamiento le duró lo que tardó en mirar el móvil y ver que no nos quedaba más de media hora para ponernos en marcha.

Con todos los trastos encima, y un paraguas no lo suficientemente grande para los dos (un vasco necesitando un paraguas, ¡ya veis qué ironía!), fuimos a la parada del autobús que nos dejaría cerca del concesionario. Digo cerca, pero con lo que caía, lo mal que funcionaba el alcantarillado y el sueño que teníamos aquello era una travesía a nado. Pasamos por delante del Wrigley Field una vez más, y con el cielo queriendo amanecer descubríamos la resaca de la victoria del día anterior. La verdad es que la imagen estaba bastante chula. Ninguna incidencia más hasta llegar a nuestro destino, como “buenos ingleses” a las 7 en punto entramos por la puerta del chiringuito, y el trámite de recoger el coche que habíamos alquilado fue super rápido. Acostumbrarse a él, ya no tanto…

He dicho antes que nunca había conducido un coche automático, y entre eso y la tontería que tengo en la cabeza me hicieron pensar que el dejar un pedal para cada pie era una idea fetén: derecho para el acelerador (bien, todo controlado), izquierdo para el freno (caos absoluto). Los karts no te preparan para ésta mierda. Alguna vez he frenado en un coche manual con el pie izquierdo y os puedo asegurar que ninguna de las veces pisé el pedal tan fuerte como cuando intenté parar el Jetta dentro del garaje. Menudo frenazo, un plano al neumático que ni en la F1… y Amidala mirándome acojonada perdida. El pavo de AVIS allí, preguntándose qué pollas hacía y que por qué no salía. A duras penas saco el coche de allí y aparco en el primer sitio que veo… aún llovía, aunque es verdad que menos, y las luces eran más que necesarias a esas horas. Todo hubiera estado en orden si no llega a ser porque ¡no las encontraba! Entre los nervios del susto anterior, el intentar no cagarla durante el viaje, etc… aquello era el despelote. Finalmente, con mi cansada compañera de viaje hasta el gorro, nos ponemos en marcha tras configurar el GPS. ¡Destino Green Bay!


27
Mi idea era hacer el camino lo más tranquilo posible, no parando aunque me tuviera que meter la matada del siglo, pero Amidala iba mirando las salidas de la interestatal en la que parecía haber un Starbucks para repostar café. Al rato, diría que a medio camino o así y tras haber pasado dos peajes bastante cercanos uno del otro cogí una de las salidas para ver si encontrábamos un sitio para pedir un café y estirar las piernas ya de paso. En una bifurcación se ve que tomé la que no era y nos desviamos del plan que acabábamos de improvisar, con tal suerte y fortuna que dimos de lleno con un dichoso Starbucks. Pam! La potra de Gartzete seguía intacta. Mensaje a la familia mientras la Lady pedía el café y aprovechaba para ir al aseo, un poco de Twitter y reemprendemos la marcha. Bueno, o lo intentamos, porque al apagar el motor se había apagado también el GPS y había que recalibrarlo. “¿Cual era la dirección de Lambeau?”, pregunto mientras empiezo a mover al coche. “Espera, que lo vuelvo a mirar” dice ella. Se pone blanca… deja hasta de respirar.

– Pero qué pasa, ¿estás bien?

+ ¡EL iPHONE! ¡NO LO TENGO! ¡ME LO HE DEJADO DENTRO!.

Aquí el acojone era ya total y no esperó ni a que parara del todo el coche, saltó y salió corriendo para el baño del Starbucks, en donde, gracias a Dios, su teléfono seguía allí. En los minutos posteriores al susto comentamos que fue una suerte que el GPS se apagara, porque de lo contrarío no sabíamos hasta cuando no se habría dado cuenta de que le faltaba el móvil. Nos incorporamos a la I-94, y tiramos millas. Tal cual. Es interesante cómo funciona el cerebro, acostumbrado toda la vida a seguir las señales e indicaciones en kilómetros, y lo laaaaargas que se pueden hacer unas míseras millas. El último gran tramo, una vez más por carreteras de cuatro carriles en las que puedes adelantar tanto como por la izquierda como por la derecha y con límite de 70mph si no recuerdo mal, fue interminable. Claro, ves que Green Bay queda como a 130, y piensas que en un pis-pas te plantas allí, pero si conviertes esas 130 millas a 209 kilómetros, normal que se haga largo. El viaje se hizo agradable, los paisajes me parecieron una pasada, de película total: las granjas típicas de la zona, los silos de agua, etc… Amidala insistía que quería pararse en Manitowoc, ciudad donde se grabó el documental Making a murderer, y yo pues como que no estaba por la labor; no entraba en mis planes el ser acusado falsamente y detenido poco antes de llegar a uno de los mejores eventos de mi vida. Faltaría más.

Cuando estábamos casi en Green Bay, y tras preguntar a la familia Twittera qué debíamos poner en nuestra pancarta para el partido, empezamos a ver como el tráfico se intensificaba, y encima la carretera se reconvertía a dos carriles. Vimos bastantes coches y caravanas pintadas con los colores verde y oro del equipo de Wisconsin, estaba claro a dónde estábamos llegando.
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Desde que compramos las entradas hasta que llegamos a Green Bay, me había parecido que a Amidala “no le hacía tanta ilusión” el viaje, que no digo que no quisiera hacerlo ni nada por el estilo pero era simplemente una sensación que me daba. Seguramente sea que ella lo puede disimular mejor, pero todo aquello cambió en el momento en el que cogimos la salida hacia Green Bay desde donde se podía apreciar Lambeau Field y su gran G a la derecha de la carretera. Aquí no hubo disimulos que funcionasen, según vio aquella estampa se puso a llorar de emoción (¡me hizo derramar alguna lágrima incluso a mi!) y no se pudo contener durante un buen rato.

Ahora venía otro punto de máxima importancia y es que al haber metido la dirección del estadio en el GPS, no teníamos otra que intentar aparcar lo más cerca posible, gastando el mínimo en aparcamiento. Seguimos la caravana de coches por Oneida Street, calle que te enfila hacia el estadio y en un momento dado, no sé muy bien por qué, se me ocurrió girar a la derecha.

Era una de las calles perpendiculares a Oneida y vimos a gente ofreciendo sitio en el parking de un centro religioso (no quiero llamarlo iglesia porque no era tal) y un
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poco más adelante un par de campas, con sitio a ambos lados de la calle. Preguntamos a un guardia de seguridad que estaba en una de las campas si había que pagar o si podíamos dejar el coche sin más. Nos dijo que si lo subíamos al césped había que pagar 15$ pero que en la calle era absolutamente gratis, así que lo dejáramos aparcado junto al bordillo. ¡Pues no nos hacía falta más! AAAAPARCAO’. Eran poco más de las 11 de la mañana.

Sacamos los básicos esenciales para llevar al estadio, todo metido en ámbas bolsas transparentes que tenemos de la NFL, y nos quitamos la ropa que nos sobraba. Porque, sí, contra todo pronóstico hacía una temperatura increíble y un solazo que pegaba la mar de ricamente. Yo llevaba una camiseta térmica puesta, pero ni sudadera, ni cazadora, me la jugué y me fui al estadio ligerito. Metí un gorro de invierno de Dallas por si refrescaba, más que nada porque con la gorra las orejas se me quedan heladas y me jode un huevo. Total, que según saco la foto a la calle para ver exactamente dónde habíamos dejado el coche en caso de no acordarnos (Oneida St con William Charles St) y miro hacia adelante para ver una cola tremenda seguir hacia el estadio. Llegamos en el momento idóneo, por lo que se ve.

Poco a poco nos íbamos acercando a Lambeau Field, parándonos mil y una veces, disfrutando e intentando asimilar dónde estábamos. Era una sensación extrañísima, veía a la gente empezar a preparar sus tailgates, las casas con las banderas, gente echando pases en las aceras, parkings… inolvidable. Bastante más fans tejanos de los que me esperaba, a buen seguro el buen hacer de Dak Prescott a los mandos y un record de 4-1 habían ayudado a que la gente se acercara. Los días previos al partido y tras mirar la Game day information que ofrece la página web del estadio, nos enteramos que iba a haber una celebración en el descanso como homenaje a la introducción al salón de la fama de… ¡Brett Favre! Amidala no cabía en sí (de odio, claro). Sólo el karma más cabrón habría sido capaz de preparar un evento así el día, quizá el ÚNICO día, en el que Amidala pisase Green Bay y Lambeau Field. Yo, por los suelos viendo su odio eterno, tuve el placer de contárselo además. Mi viaje ya estaba hecho.

Fotos de los puestos de comida, casas pegadas al estadio, el Doc Hutson Center, el Atrium, y todo lo que rodea al estadio (incluyendo las figuras de Vince Lombardi y Curly Lambeau, así como un lugar para imitar el archiconocido Lambeau Leap) nos vamos mezclando con la gente de allí. Preparamos el cartel para el partido, gracias a la idea de @Sillonbowl, y nos disponemos a entrar después de comprar el programa oficial del partido, con, como no, Brett Favre en portada. Según caminábamos hasta la puerta, podíamos escuchar a la gente murmurar sobre nuestro “Venímos desde Londres” plasmado en el cartel. Cuando nos ponemos en la fila y entablamos conversación con un padre y su hijo, me doy cuenta que nos estábamos poniendo en la entrada que no era, así que nos despedimos de ellos y nos vamos, ahora sí, a la correcta.

Esperando como estábamos, veo a un señora acercarse a mi, y de la nada me suelta que “Ésa camiseta no es muy buena para tener aquí”, señalando mi jersey Salute to Service de Dez Bryant. “Es más, ¿vienes de verde para que se note menos, eh?”. Qué cabrona, la vieja. Tras explicar de dónde veníamos (del mono, dije… la que lié en Wisconsin), me dijo que entendía que yo pudiera ser de Dallas, que explicaba mi poco criterio (un encanto de mujer). A Amidala, por supuesto, la felicitó por el buen gusto y por ser una chica tan maja. Cuando dejó de dar por culo, el fan que teníamos detrás con su hijo sobre los hombros nos explicó que iba a ser el primer partido del niño, del que además era su ¿octavo? cumpleaños. Todo esto mientras se abría una lata de cerveza. Como dije en Football Speech, “que la paternidad no disimule tu alcoholismo”.25

Entramos y lo segundo que hicimos (después de flipar mucho) fue alquilar las sillas para el campo, porque imagino que lo sabréis pero Lambeau Field no tiene asientos como tal, es una bancada para que entre más gente y se esté más acurrucadito y más protegido del frío. Así de paso hacen negocio con el alquiler de asientos. $6 dólares costaba cada uno, pero si vas a estar más de tres horas sentado, merece la pena tener respaldo y no apoyar tu buyate en el frío metal/piedra de la bancada. El error que cometímos fue el pillarlos nada más entrar porque luego tuvimos que cargar con ellos durante el tiempo en la Pro Shop y demás caminata que nos pegamos dentro. Se suelen agotar, así que por ese lado, tampoco lo consideramos como un error total.

El atrio del estadio es una pasada, es una imagen bastante habitual que se puede ver en los pre-games y se hace rarísimo estar allí. A la entrada nos obsequiaron con un can-holder, una especia de calcetín para el móvil que tan de moda estuvieron en su día, y servía para que la mano no se te jodiera de frío con la birra o refrigerio que tomaras. Imagino que también podría ser usado como abrigo para los huevos, en caso de que algún valiente lleve la mercancía fuera del envoltorio. Esto ya es más sensación mía, no lo he probado (¡ni volveré a hacerlo!). Cogimos uno de más, porque queríamos llevarle uno a Nuere, mi Bro, mi amor en pecado y más guarrerías que no puedo escribir aquí por si me leen mis allegados. También le compré un llavero toh molonguis de Lambeau, en la Packers Pro Shop y en las que las colas son HORRIBLES. Es verdad que el tema va rápido, pero si váis y tenéis pensado comprar algo, id cuanto antes. Amidala se compró entre otras muchas cosas, un Cheesehead.

Llegó el momento de buscar nuestros asientos y de colocar las sillas de alquiler. Me resultó curioso que el señor que me tocó al lado nos diera la bienvenida a los asientos, que era un placer tenernos allí. Algo parecido nos dijo un señor durante el tailgate, “gracias por venir”. Ya ves tú.

Como no habíamos comido nada Amidala se fue a comprar algo típico de la región, unas bolas de queso fritas (Cheese Curds) que estaban buenísimas. Si os soy sinceros, estaba tan impaciente que no notaba que tenía hambre siquiera. Los equipos habían calentado ya y cuando les tocó saltar al campo, hubo pitos para Dallas y vítores para los jugadores locales, siendo los últimos presentados uno a uno cuando llegaron a gente como Cobb, Nelson, y Aaron Rodgers.

Se acercaba el momento himno. Vale, ya por la tele parece ser que el himno es un acto en sí
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mismo, al margen de cualquier equipo, partido o evento en general. Pues vivirlo en un campo de la NFL es una sensación acojonante, los pelos como escarpias incluso minutos después. Siempre me ha gustado cómo celebran éste momento los americanos, y aquellos minutos fueron increíbles y difíciles de explicar, una vez más. No sólo es la letra, el tener a todo el mundo cantándolo (no vi a nadie arrodillarse), las banderacas que despliegan, los fuegos artificiales, el sonido de los cuatro helicópteros CV-22 que hacían el fly-over retumbando en todo el recinto… IM-PRE-SI-O-NAN-TE.

 Del partido en sí no voy a hablar, lo que sí voy a decir es que justo delante tenía a otro fan de Dallas que estaba viendo el partido con su hermano y sobrinos (todos Packersfans) y me estaba poniendo de los nervios incluso a mi. Llegué a pensar que me iban a calzar una hostia norteña a mi también ya sólo sea por compartir equipo, y porque no hacía más que chocarme la mano. En serio, insoportable, regocijándose de cada cagada como si los Cowboys no hicieran de eso. Cuando la victoria parecía clara ya me vine más arriba, esto también es cierto, pero al menos no me reía de los queseros en su puta cara.

Momento álgido fue ver a Favre en el campo. Perdón, el momento álgido fue la cara de Lady Favre con el viejales en la pantalla. ORO PURO.

Y tras unos buenos abucheos a McCarthy y varias horas después, el sólo motivo del viaje llegó a su fin con una victoria “imprevista” para Dallas. Yo contento, aunque a la vez un poco fastidiado por mi acompañante, sobretodo cuando me soltó: “Tú al menos ya habías visto ganar a Dallas en directo, yo me quedo sin ver ganar a los Packers en Lambeau”.

Una vez terminado el partido nos quedamos merodeando por allí y bajamos a la primera fila para sacar las fotos a pie de campo hasta que nos invitaron a salir. No me esperaba ver el parking tan lleno al salir, no por los coches en sí sino por la cantidad de gente que aún estaba bebiendo y viendo lo que quedaba de jornada en las televisiones allí instaladas. Que el partido estuviera roto antes del final seguro ayudó a vaciar el estadio antes, y es verdad que para cuando encontramos el coche y salimos, la cola no fue tan larga y salimos bastante rápido de allí. Hubo alguna retención por unas cuantas millas, pero nada del otro mundo, así que decidimos poner rumbo de vuelta a Chicago escuchando el SNF por la radio y con Amidala prometiéndome que no se iba a dormir para darme conversación y que se me hiciera más ameno el viaje… fracasando estrepitosamente. Cuando íbamos a pasar el segundo y último peaje, que era de los automáticos en los que has de meter el cambio justo (o de más, si vas sobrado), nos damos cuenta de que no tenemos suficiente… por 3 míseros céntimos. Pocos minutos después, y sin saber qué hacer, nos damos cuenta de que el peaje era de 1,5 dólares en vez de 1,80, como creíamos. Menos. Mal.

Antes de entregar el coche de vuelta en el aeropuerto de Chicago, ya que tienen un servicio de 24 horas, teníamos que repostar para dejar el depósito lleno (no he echado gasolina tan barato en mi vida, ¡daban ganas de invitar a la gente y todo!) y ya de paso aprovechamos para paramos en un Taco Bell a comer algo, vamos, que me pegué todo el viaje del tirón y a eso de las 23 habíamos dejado ya el coche con 401 millas a nuestras espaldas. Casi nada.

La vuelta a Chicago fue una odisea, y nos metimos a la cama a eso de las 2:30 am del lunes. Una paliza que mereció la pena en todos los sentidos. Es más, Amidala se lamentaba de no haber comprado entradas para el partido del jueves también (los Packers se enfrentaron a los Bears, de nuevo en Lambeau). Así de adictivo fue el viaje, nos hubiéramos pegado una paliza igual de grande tan sólo unos días después para volver a vivirlo. Cerramos el periplo footballero con un tour al Soldier Field en nuestro último día en la ciudad, y aún a día de hoy nos cuesta creer lo que vivimos a mediados de octubre.

Si habéis llegado al final, sois unos héroes, siento la chapada pero había que contarlo como pasó, y eso que me he dejado cosas en el tintero (sobretodo fotos, pero ha sido un dolor subirlas). Os lo completaré en persona algún día, si se tercia. Hasta entonces, ya sabéis donde estamos.

Un saludo de vuestro Amistoso Vecino Gartzman.

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Así tengo el Ohio ahora mismo, ¡igualito que cuando vea a mi Bro!

La ley de Murphy es una mala puta

Las probabilidades de que una tostada caiga del lado de la mantequilla son proporcionales al precio de la alfombra”, @Internet

Siempre he querido empezar un artículo con una cita, da mucho caché”, @Nuere16

Es lo que tiene, en ocasiones, el trabajo. Que te aburres y te pones a buscar las cosas más extrañas. Como la ley de Murphy, esa de que la que todos hemos oído hablar. Básicamente, el bueno de Murphy venía a decir que si algo puede salir mal, así será (lo de la segunda cita es porque soy subnormal y este artículo es para hacer reír, no le busquéis más (o algún) sentido a eso).

Luego te vienen científicos ganadores de premios Ig Nobel (que no Nobel a secas, cuidado ahí) a decir que si la tostada cae por el lado de la mantequilla es por la altura de la mesa, el tiempo de vuelo tostadil, y la rotación terrestre cuando la luna está alineada con Saturno. Y que claro, siempre te acuerdas más del hambre que se te quedó por no comerte esa tostada que cayó malamente. Lo normal, vaya.

¡Gato + tostada = VUELO ETERNO!

¡Gato + tostada = VUELO ETERNO!

¿Y a mí qué me estás contando de Murphy, mantequillas, vuelos y rasantes, Nuere, si he venido aquí a leer de football (Animalicos, en este blog se habla de lo que me salga del cimbrel)? Pues ay amigos footballeros, que en el football, y sobre todo en las ligas fantasy, la ley de Murphy es el pan (con o sin mantequilla) de cada jornada. Y como uno es de Bilbao de toda la vida, más chulo que un 8, os traigo la prueba fehaciente de ello, en forma de 7 leyes de nombre rimbombante que lo van a petar en el próximo encuentro footballistico:

La tendenciosa casualidad de los Keepers lesionados:

Empezamos por el principio. Bueno, más bien por el final. En algunas ligas se tiene la opción de mantener un número variable de jugadores de cara a la siguiente temporada. Esta elección es largamente meditada, pues de ella depende afianzar la base de tu futuro equipo.

¿Y dices que los pick 6 son malos?

* Entonces tu WR1 hace un slant y… – No tengo ni frostis de lo que me estás contando

Así pues, te decides por esos jugadores sobre los que depositas todas tus esperanzas, desechas a otros, en muchas ocasiones con gran dolor de corazón, y cruzas los dedos para que su siguiente temporada vuelva a ser tan buen a como la anterior.

¿Pero qué pasa? Que estás jodido, porque uno de esos jugadores que guardas como oro en paño se va a lesionar. Mentalízate, es así. Igual se salva de los training camps, igual se salva de la pretemporada, pero llegará un momento en el que ese jugador se lesionará. Si tienes suerte será una lesión de un par de semanas, pero prepárate para un IR del tamaño de Alaska.

La habilidad demoníaca de tu antecesor en el draft para robarte tus caprichos:

A la hora de afrontar un draft existen diferentes estrategias. Por un lado, está el estudioso del football, que analiza los prospectos, las bye-weeks, los rookies y toda la hostia, se apunta nombres y elige todo en menos de 10 segundos porque saben lo que quieren, cuando lo quieren y como lo quieren. Por  otro lado, está el que pasa bastante un poco del tema y dice, “Pero si ya elegiré en vivo, si tengo un minutazo”. Lo que se dice vivir al límite, vaya. Sea tu perfil el que sea, siempre tendrás por delante, justo un puesto antes, algún hijodeputa que te va a robar todos tus caramelos.

Y así te encuentras en tu casa, a la hora acordada, con varias ventanas abiertas en tu ordenador para poder ver los stats de tus objetos de deseo susurrando “Watty watty, ¿quién te quiere a ti, jota jota? ¿Quién te va a draftear? ¡Yooooooo! ¡Animal, que eres un animal! ¡Mala bestia!”. Y te crees muy listo porque todos están drafteando jugadores ofensivos y tú eso ya lo tienes cubierto. Les vas a adelantar por la derecha, saludando con sonrisa de fucker y entonces… “Pakitos Ducks drafted JJ Watt”. El portátil a tomar por culo, el vecino dando bastonazos por los gritos y tu madre/novia/mujer entrando en tu cuarto a ver qué te pasa.

AAAAAAH EN TOAS LAS GAFACAS!!!!!

¡¡¡¡AAAAAAH EN TO’AS LAS GAFACAS, FURCIA!!!!

Bueno, bueno, bueno… calma, reacciona Nuere, qué no pasa nada. ¿Yo? Tranquilo. Respira.Drafteas a otro DL que tenías ojeado y recitas tu mantra zen. Pero eso se repetirá seguro, ya sea con un WR rookie al que tenías cariño o un QB que pensabas que nadie draftearía

La fatalidad semanal de los MVP de la jornada:

Nunca te enfrentas a un Aaron Rodgers con 2 INT, cosa que no pasaba desde que Favre enseñaba la pilila. Ni te enfrentas a un Antonio Ramiro Romo post-cena de acción de gracias que canta más que los cuervos de su película favorita (me refiero a Dumbo, duh?). Y por supuestísimo nunca jugarás contra un Lynch embajonado, sin huecos en la defensa o contra un Calvin Johnson al que le quitan TD por nuevas reglas incomprensibles.

No, no, no… Eso no te va a pasar. Te enfrentarás a un Manning (el bueno, no el Elishalite) que se saca 7 TD de la cicatriz del cuello (y ojo, solo a Manning si tienes suerte, si no al combo Manning+Welker), a un DeMarco Murray al que le gusta aviolinar a carneros desprotegidos o a un Victor Cruz en uno de esos días en los que le da por mover las caderas, repetidas veces.

Porque cuando mires la alineación de tu contrario, verás que con dos jugadores ya te ha hecho 70 puntos mientras que tú te conformas con que McFadden corra 9 yardas y lance un pase, ¡UN PUTO PASE!, de TD. ¡QUE YO LO QUE QUIERO ES QUE MI RB CORRA!

La volatilidad inherente de los WR de tu plantilla: 

Siempre se ha dicho que los receptores están hechos de otra pasta. Con su ego, su divismo, su talento desperdiciado. Les ver realizar sus recepciones imposibles, sus celebraciones hilarantes y sus más recientes quejas de nena malcriada por un pass-interferance no pitado… Y piensas, “¡qué bueno es el hijoputa y que tonto también!”.

Habla chucho, que no te escucho

Habla chucho, que no te escucho

En tu liga fantasy pasa parecido, solo que el tonto eres tú. Porque te dices, “Mike Wallace… Mikey, colegui, tú este año lo vas a petar con los Dolphins, ¿eh? ¡¡¡Wallace Wallace!!!”. Pero no. El puto Mike Wallace recibe un balón para 8 risa-yardas y cero mofa-TD  y tú te comes los mocos. Así que le sientas, por quejica, y pones en su lugar a Miles Austin, James Jones, Nate Burleson o cualquier otro receptor que tienes en la reserva.

¿Y qué pasa? Pues que tu nuevo receptor hace 3 miseros puntos, y gracias, mientras que el Wallacito de turno se ríe en el banquillo, con 150 yardas y tropecioentos TD. Así son los receptores, divinos bastardos a los que sustituirás tras dos partidos malos para que se salgan en el banquillo, mientras que sus remplazos te la juegan con ridículas actuaciones.

La inoportuna concordancia entre lesiones y descansos:

Has sido un tipo previsor. A pesar de eso compañero que mediante malas artes te ha robado tus juguetes, te las has ido apañando para confeccionar una plantilla competitiva, capaz de sortear las bye-week con solvencia.

Pero no, amigos, no. Porque cuando lleguen las semanas de descanso, ese jugador destinado a sustituir a tu RB titular tiene una conmoción, mientras que ese WR con el que nunca acertabas tiene un dedo roto (¡MARICÓN!) y a tu TE no le pasan ni en los entrenos. Así que ya puedes rebuscar entre la morralla libre, a ver si encuentras algo decente.

Asúmelo, la plaga de lesiones te azotará durante el periodo de las bye-week, haciendo cuasi-imposible competir con garantías.

El abultamiento sobredimensionado en jornadas inservibles:

Cada liga tiene su método, su número de jugadores, puntos por TD, etc, etc. En la mía, actualmente, un buen resultado es estar entre los 110 y 130 puntos. Con eso puedes aspirar a la victoria. Por supuesto hay jornadas muy buenas (con 160 puntos) y jornadas muy malas (en las que no llegas a los 80).

PeytonManning-2

– Nuere majo, este TD va por ti! + ¡Calla maricón! ¡Mira qué mano de sarasa tienes!

Lo que sí que es seguro es que cuando alcances tus mejores puntuaciones, no te servirán para nada. O sea, sí, ganarás y estará guay, que bien, pero tu contrario habrá sacado 90 puntos, por lo que tu pedazo de jornada será como los goles de Cristiano Ronaldo cuando el Madrid gana 5-0, para maquillar las estadísticas…

Eso sí, le semana siguiente, cuando tu rival te haga 110 puntos, olvídate. Olvídate porque entonces no llegarás ni a los 100. Y por supuesto, cuando hagas 150 puntacos tu contrario hará 152. Hagas lo que hagas, estás muy jodido.

La diosa fortuna, protectora de los vagatas de la liga:

Todos tenemos un vagata en la liga. En mayor o menor medida, siempre hay uno. Y da igual lo que te esfuerces, lo que busques, lo que insistas, alguno, poco a poco, se dejará llevar e irá pasando progresivamente de actualizar la alineación. Esto pasa sobre todo al principio, en las primeras ligas, con gente novata. Arrastras a un amiguete para llenar los huecos y al final éste pasa del tema.

Y ahí entras tú, que te enfrentas a  un equipo que tiene a su RB lesionado, otro jugador “questionable” y otros dos en bye-week. JO JO JO, te dices. JO JO JO, te relames. “Equipo abandonao, partido regalao”, cantas. Iluso.

Porque ese abanderado de la potra mundial, ese amiguete al que has intentado timar con trades imposibles, tiene a Reggie Bush y Jimmy Graham sanos, en estado de gracia y tocados por la varita, y con eso le vale para violarte con violencia y frenesí. ¿Y lo peor de todo sabéis qué es? Que tu amigo, el legítimo propietario de ese equipo, ni siquiera sabe que te ha ganado, ¡que se enfrentaba a ti!, que tenía a Vick Ballard lesionado o que en football hay bye-weeks y hay que estar atentos a eso…

BROndon Calling y demás mierdas. Segunda parte.

  • ¡Oye Bro, tengo una idea pistonuda!
  • A ver, sorpréndeme.
  • Vamos a escribir la entrada como si aquí no hubiera pasado nada, sin ninguna clase de saludo especial. ¡Así la gente no se dará cuenta de que llevamos eones sin escribir ni frostis!
  • ¡ERES UN PUTO GENIO!
  • FUCK YEAH!

Bueno, bueno, bueno, muchachotes, aquí estamos los Bros del lugar con Nuere al aparato dispuestos a seguir contandoos como fue nuestra fantabulosa aventura en tierras londinenses. Así que coge el bombín, cálzate ese monóculo y prepara a leer este texto con el mejor acento british que tengas, WANKER!

Como ya sabréis, o no, mi Bro Gartzolicious está haciendo las Américas versión moderna, que es básicamente irse a Londres a ver si encuentra curro (y ya que está, una putica que le cuide (siempre que me pase mi examen psicotécnico, claro (la putica, mi Bro lo pasa por debajo de la pata (Tengo ganas de abrir un cuarto paréntesis, que me está quedando chuli este invento (jiji (si se rie jiji la chupa (¡pues que claro que la chupo!))))) (A ver que cuente si llevo bien el número de paréntesis))). ¡TOMA MORENO, OCHO PARENTESIS, NIU WOL RÉCORD! Récord de suPnormalidad, quiero decir.

35 neuronas menos.. ¡Y BAJANDO!

35 neuronas menos.. ¡Y BAJANDO!

Por donde iba (joeee, sí que volvemos con fuerza), ah sí. Pues eso, como mi Bro ya estaba instalado en Londres, me tocaba a mí hacer el petate e irme al aeropuerto de la ciudad más bonita del mundo (Bilbao, no Londres). Iba yo con mi jersey de los Packers, a ver si veía a algún otro colgado rumbo a Londres pero nada, ni un alma. Ni siquiera chavalitas dables en el avión. Desastre. Así que llegué a Heathrow, sin mayores contratiempos, me hice un par de pajas en honor a un colega jmuy fan de los aeropuertos y puse rumbo a Fulham, donde me esperaba mi colegui de aventuras, mi luna y mis estrellas, mi compañero de Golden Gates y Eiffel Towers.

Después de enseñarme su pisito molongui donde estaba viviendo, y tomarnos una birrilla (que yo ahora soy muy macho y bebo cerveza), ya que estábamos, nos fuimos el trío vascongado a cenar con unos amiguetes míos que tengo yo en Londres. Uno de ellos, cuyo nombre no diré pues cuida mucho de su imagen en las redes sociales y aparecer en este blog puede hacer que caiga al más infecto de los barros, me había recomendado una hamburguesería en la que servían “la @BarRefaeli de las hamburguesas”. ¡ojo!

A ver, más grande: ¡OJO! ¡OJO! ¡OJO! Los que me seguís en Twitter (un aplauso desde aquí, valientes que aun os mantenéis incluso a pesar de las mil gilipuarteces) sabéis que Bar y yo mantenemos una relación… complicada. Ella cuelga fotos en Instagram en las que sale con un nivel de dabilidad que se out of charts, yo le digo que está muy buena, ella pasa de mí, yo me cago en los cielos, aparece Karlie Kloss con una foto nueva, le declaro mi amor, en mi cabeza Bar se pone celosa, aparece mi bro sureño @Caleion para decirme que KK es suya, Bar sube otra foto… En fin, el amor, chicos, que es un mundo muy complicado… Todo este tostón para decir que a mí ♥Bartxu♥, porque yo la llamo ♥Bartxu♥, me pone a más no poder. O sea, RRPRRRRÁ elevado a la brutalisima potencia. Así que prometerme una hamburguesa que era “la @BarRefaeli de las hamburguesas” (así, literal, con arroba y todo (mi amigo anónimo, a pesar de su imagen social tan cuidada, también es bastante supnormal, se ríe por lo bajini en el curro mientras juega al #Triviados y tal)) era algo muy a tener en cuenta. Y ahí que fuimos, el trío más mis dos colegas en busca de la hamburguesa BarRefaeliesca. Sin embargo, el destino es caprichoso y no quería que paladease semejante manjar, al menos no sin esperar ¡DOS HORAZAS! hasta que tuviésemos mesa. Pero no pasa nada, nos fuimos a tomar una birra y pista.

No lo decimos nosotros, lo dicen las pancartas... hechas por nosotros.

No lo decimos nosotros, lo dicen las pancartas… hechas por nosotros.

Charlamos, nos pusimos al día, todo guay, y por fin pudimos ir a cenar. Combo de hamburguesa con patatas fritas, aderezadas con romero, que estaba jodidamente bueno, la verdad. En un estado estomacal mucho más adecuado nos fuimos a gozar un poco de la noche londinense. Nos os narraré toda la noche, que bastante peñazo llevo ya. Solo diré que hubo más cervezas (checas, japonesas, españolas (sí, vete a Londres para tomar una puta Estrella Damm (Yo no, ¿eh?)). Ahora que lo leo, que pena que fuesen cervezas y no zorrillas), mariconas que bebían mariconadas, grupos de mujeres que te pueden comer, bares de jevis, más cervezas, uno del Atlético de Madrid que portaba muy orgulloso su camiseta, una amiga suya que tenía un apretoncete (apretoncete, dígase de la que no está mal, pero tampoco es la repanocha. Vamos, que tú le dabas, pero tampoco te ibas a esforzar demasiado por conseguirlo (¡MIS COJONES QUE NO!)) y una vuelta a casa en bus… Por no olvidar la odisea de hinchar el colchoneto teniendo uno de los dos agujeros sin cerrar. ¡NIVEL BROs!

El domingo amaneció poco a poco. Con calma, sin prisas, tranquilamente. Mi Bro y yo teníamos planeado llegar a Wembley sobre las 14:00 hora zulú para ir metiéndonos en el ambientillo, mientras que la Lady, que es un poco pussy, pasaba de esas mierdas y tenía claro que iría directamente al partido. En su defensa diré que… ¡JAJAJAJAJAAJAJ EN SU DEFENSA DIGO, LO LLEVA CLARO! Ejem. Pero antes de todo eso nos fuimos a tomar un brunch. Bueno, bueno, bueno, pensaréis, vaya par de maricones. Pues no. Porque fue un brunch en plan BROs. Guy love, #NotGayAtAll y eso. Nos comimos los huevos, pero nada más. O sea, los huevos de gallina, no el sacrosanto lugar donde nuestro néctar del amor se almacena en forma de grumo. La verdad es que los susodichos huevos estaban muy buenos. Y este comentario tan sacable de contexto me recuerda lo dura que es la vida de los tíos a los que nos gusta el pepino. El pepino hortaliza, el cucumis sativus. No podemos ir diciendo, “pues a mí me encanta el pepino y cuanto más crujiente mejor” porque no, porque a mí me dicen eso y soy el primero en descojonarme, así que imaginaos si lo digo yo. La única vez que hablé con libertad sobre mi amor por los pepinos, la hortaliza, fue con una zagala y ella compartía mi opinión con frases tipo “sí, a mí me encanta el pepino”. No os podéis imaginar lo que me costó contenerme. En fin, además de la calidad culinaria, el sitio estaba lleno de pijas londinenses del barrio de Chelsea, braguetazos en potencia. Lo cual siempre ayuda.

Agüela, ¿A usted como le gustan los huevos?

Agüela, ¿A usted como le gustan los huevos?

Pero bueno, volviendo al partido (Aaaaahhh, que esta entrada va de un partido…), mi Bro y yo nos dirigimos rumbo a Wembley con los nervios previos normales en unos jóvenes y núbiles muchachos como nosotros. En el metro poco a poco íbamos viendo más jerseys y después de la clásica maniobra de “salgo del metro como que no quiere la cosa porque me he colado, pero oh espera, que no, que no nos hemos colado, así que vuelvo a entrar, pero a otro vagón, como que no quiere la cosa de nuevo” a la que llamaremos “the Brows in the tube move”, por fin llegamos a Wembley. La salida de la estación, como siempre, espectacular. Llegamos a las dos en punto y ahí estaban @Jmx_Smoke14 y @dikzaragoza, con sus jerseys de Patriots y Steelers respectivamente, esperándonos. Y por ahí anduvimos, riéndonos de Sánchez y de los que llevaban su dorsal, de los Ponderfull of fat a los que costaba más saltarlos que rodearlos y de ciertos sombreros gomaespumicos de dudoso valor estético.

No quisimos tomar parte en los drills  que había montados, porque tampoco había que humillar a los pobres pánfilos que estaban ahí haciendo el ridículo. Vale que no aciertes en el agujerito, tron, pero colega, ¡qué has lanzado el pase fuera del puto recinto! Me sorprendió ver varios tipos de pruebas que no recordaba de la anterior vez. Pases, kicks y snaps. Y mirásemos donde mirásemos ni uno atinaba. Tras una cervecita a precio de grumo de BROs tranquilamente sentados en un prao, nos separamos de @Jmx_Smoke14 y @dikzaragoza y nos pusimos a pajarear por los aledaños. “Pues yo a esa le daba”, “Ojo a esa patriotilla que le clavaba todo mi mástil”, “¡Ni una sola vaquera a la que domar con mi lazo, BRO!”, “¡Pues en Wisconsin solo hay vacas y gordas, BRO!”… Las clásicas conversaciones de BROs, a ver si os vais a pensar que estamos siempre hablando de cosas cultas…

Metes cuatro filtros y ya eres fotgrafo po'fesional

Metes cuatro filtros y ya eres fotgrafo po’fesional

Ya por fin entramos en Wembley, que sigue siendo una pasada, aunque no alcanza la magnitud del nuevo San Mamés (de Bilbao de toda la vida, pues). Teníamos unos sitios similares a los de la última vez que estuve (El Denver Broncos “@” San Francisco 49ers, con Tim Tebow (¡OJO!) y Troy Smith (¡DOBLE OJO!) a los mandos de las ofensivas). En uno de los fondos, lo más escorados posibles. Disfrutamos del carrerón de Adrian Peterson, un TD de Le’veon Bell (putos nombres de negros) con voltereta incluida, la recepción de Greg Jennings y ese drive final tan de Big Ben que acabó con fumble. Del partido poco voy a decir, pero a mí me encantó. Los que digan que fue una mierda será que han visto mucho football, pero para mí tuvo emoción hasta el final y eso es lo que cuenta. Vamos, ese último drive con Big Ben lanzando pases a diestro y siniestro, con los BROs instándole a gritos para que hiciera el spike más rápido (puede que también le llamáramos puto gordo en el proceso, quien sabe) no me lo quita nadie. En los detalles técnicos no vamos a entrar, que ya sabéis que somos unos inútiles y no tenemos ni idea, pero simplemente nos sorprendió lo cerca de la caja que jugaban los safeties de Pittsburgh, supongo que siempre pendientes de AD.

Por supuesto cumplimos la tradición de llevar pancartas molonguis, que posiblemente ya habréis visto por Twitter. En una de ellas alabábamos las virtudes de Christian Ponder (y no me refiero a su supuesta belleza, según cierto sector femenino) y en la otra hacíamos un llamamiento a la cordura en el podcast de @FootballSpeech. Los que estaban a nuestros alrededores coincidieron en que éramos los mejores del lugar. Que sí. Que lo dijeron. ¡PERO QUE ES VERDAD!. Pero la puta realización no nos enfocó, porque prefería centrarse en garrulos disfrazados de vikingos y putillas dables. Muy injusto todo.

¿Has dicho cereza?

¿Has dicho cereza?

La vuelta a casa fue tranquila, paciente y poco a poco. En el metro un par de aficionados a los Steelers lloraban sus penas, pero se consolaban con que Baltimore apestaba… Mi pobre Bro sufría sin saber lo que hacían sus Cowboys, aunque un afable vejete le había spoileado que al menos un TD habían anotado. Esto me recuerda lo que me sorprendió el número de personas mayores con jerseys, más o menos antiguos, de fútbol americano. Una pasada, vaya. Siempre es bueno que la afición perdure, pero vaya, me chocó ver tanto abuelete en Wembley disfrutando de la jornada.

Por fin llegamos y nuestros temores se hicieron realidad. Queríamos disfrutar del partido de los Cowboys usando mi cuenta de Game Pass, pero mi Bro creía que ese partido lo daban por Sky, por lo que la señal del Game Pass estaría bloqueada… Y así  fue. Así que nada, un stream para ver el final, con toda la desesperación, ira, enfado y mala uva que eso le causó a mi pobre chicovaca preferido… Mientras, Amidala y yo nos reíamos por lo bajini, sin que se diera cuenta para no cabrearle más, y consultábamos nuestras fantasys en busca de la victoria (Que en mi caso llegó, en las dos ligas además).

Para cerrar la noche nos vimos el último capítulo de IT Crowd, tan maravilloso como siempre. Un final muy guay y muy bonico porque además fue una de las primeras series, si no la primera, que me pasó mi Bro allá por los tiempos universitarios… Seguimos un poco el partido entre Patriots y Falcons, pero yo estaba ya para irme a la cama. Gartzo, en cambio, se quedó, que quería ver el finalaco de Breaking Bad en directo. Al final no pudo ser, que no encontró enlaces de calidad.

Y ya el lunes a la mañana pues mariconeamos un poco por Londres, fuimos a la tienda de Nike, hicimos el tonto con los cascos, nos comimos unos pancakes muy sabrosos y para terminar hicimos la paradita obligatoria en Forbidden Planet, donde añadí un par de piezas a mi ya de por sí abultada colección. Cualquier día me echan de casa. No, mis padres no, los miles de cómics que tengo…

Y ya que estamos os cuento también el viaje de vuelta, sin problemas, con una milf argentina, creo, muy dable, otra chavalita de fuera de la UE con un apretón gracioso y una azafata petable que también cogió el autobús desde el aeropuerto. Autobús en el que también iban un Clay Mathews III y un Andrew Luck, por cierto. Yo era el idiota que andaba tuiteando sobre el azafato maricón y riéndose por lo bajini.

Maravilloso fin de semana, como no podía ser de otra manera, en el que vimos jugar a Adrian Peterson, Troy Polamalu, Big Ben y Jared Allen entre otros… Casi nada. ¡Ahora cuando abra un blog llamado “Yo vi jugar a Adrian Peterson” sí que será verdad!

Como la nueva interfaz de WordPress es mierda pura, os quedáis sin video insertado. Pulsad aquí, motherfuckers!

Cool! Cool cool cool!

BROndon Calling y demás mierdas. Primera parte.

Hola a todos. ¡Qué gusto da volver a ser libre!

¡Ah! que a lo mejor no lo sabéis, y apuesto a que encima no nos vais a creer, pero llevamos meses secuestrados por una banda de malos-malísimos y todo por hacer entrevistas tan buenas a jugadores de la NFL. Lo peor de todo es que nos obligaban a usar nuestras cuentas en Twitter de manera normal para no levantar las sospechas de nuestros fanses, y cada cierto tiempo, a prostituirnos por unas decenas de míseros Euros. Lo que no sabían los imbécil es que lo hubiéramos hecho gratis…

football

En fin, que me salgo de madre. Un año más el football llega a Londres y por segunda vez, los BROs coincidíamos en un partido. Han sido 2 años de escaqueo por parte de Nuere pero como las excusas que se inventaba eran tanto o más creíbles que la del secuestro del que os hablaba más arriba, se le perdona.

Vamos a repartir nuestra odisea footballera en dos partes, básicamente porque sabemos como estirar el chicle más de lo necesario sin que el contenido se resienta (tienes mucho que aprender aquí, ¿eh, guionista hideputa de Dexter?).

Desconozco cuantos de vosotros os habéis acercado a la capital inglesa durante el fin de semana pasado, o si lo habéis hecho alguna vez con motivo del International Series, pero estoy seguro de que compartís conmigo la idea de que son unos días en los que Football y Cerveza van de la mano. Olvidaos de las muchachas, al menos de las de sin pagar, porque este fin de semana no entran en la ecuación las pérdidas de tiempo. Inciso aquí y es que podrían entrar si son otras locas del football y tenéis a vuestro BRO cerca, entonces la jugada básica a ejecutar está clara:

686 Pump F-Stop on two.

Estoy haciendo una suposición con tíos más bien feotes para darle realismo al tema. Vosotros, aprobados justicos en el test de la sepsibilidad rodéais a la moza de puntuación 8, uno por cada lado. Hasta aquí, sencillo. Intentad no ir muy pasados de rosca tampoco porque los defensive tackles de su grupo de amigas son infranqueables, incluso tendrán safeties que bajarán a la caja en cuanto deduzcan que vuestra intención no es más que penetrar el gap y correr por el centro.

Que quede claro que esta jugada está pensada para que uno de los dos triunfe, hay muchas más en nuestro PlayBROok que obviamente, no vamos a compartir así por las buenas. Es el momento pues, de que los BROs demuestren su habilidad como jál of feimers del ligoteo y conseguir la W para el elegido esa noche.

El futuro onanista ha de brillar en el Pump F-Stop ya que con ese quiebro/engaño hacia la muchacha en cuestión, ha de hacer creer a la Fea (de ahí la F) que pretende ser él el triunfador y acto seguido realizar el bloqueo de su vida. Todo por un Bro. On Two, HUT! El tempo lo podéis marcar como queráis pero cantar audibles a grito pelao’ en un bar tiene su punto… y si lo hacéis tan pronto como en un par de segundos tenéis menos probabilidad de que os vean haciendo el canelo y se vayan del bar.

Tras este BROnsejo gratuito estamos ya metidos en ambiente y es que el jueves me dediqué a charlar de football entre cervezas con varios amiguetes de Twitter. Todo rabos amigos, porque como ya he dicho, si no hay chicas footballeras está prohibido; para hacer el ridículo ya tenemos los fines de semana del resto del año. Así pues @Jmx_Smoke14 y @diegoserranoNFL tuvieron a bien quedar con el esquizofrénico que escribe estas líneas, haciéndolo además delante de la placica del Big Ben, para que se viera quien llegaba tarde y humillar a patadas en los huevos al tardón.

Y allí a la que estoy llegando bajo la estatua de Nelson Mandela (colegui del insti) vislumbro una figura solitaria, impaciente y apesadumbrada puesto que su intención no era otra sino la de volver obnubilado tras contemplar las maravillas que el Imperial War Museum tiene para ofrecer. Esfuerzo baladí para el amigo maño ya que los astutos y cabrones ingleses habían recortado muchas de las salas con la excusa de la restauración. Todos sabemos que lo que no querían era verse invadidos.

Cordiales saludos por ambas partes, apreciaciones de la grandísima camiseta que llevaba el señorito Josemix, no otra sino la de los Raiders… pero no los Raiders que vosotros pensáis, sino una con claros tintes Battlestar Galactica. Un win absoluto. Tuve que pararle los pies un poco ya que aún nos faltaba la compañía del Giant, que están por todas partes, y una vez estando todos y habiendo resuelto nuestras diferencias a hostia limpia procedimos a curar nuestras heridas de la única manera que sabemos: bebiendo. Hermanamiento Giant-Cowboy… lo que no consiga el alcohol…

La ruta triunfal de @diegoserranoNFL

Una vez en el pub que había elegido, cerquita de Trafalgar y en palabras de mis acompañantes “con las camareras más feas de todo Londres” nos pusimos al lío de presentarnos tal y como es debido. Y entre temas de football, culos y tetas y lanzando hipótesis sobre el tamaño de miembro que debía gastar una de las camareras echamos la tarde-noche. Momento cumbre fue aquel en el que teníamos un grupo de muchachas (no footballeras) que nos miraban con deseo y el azar quiso que coincidieran sus miradas furtivas con mi frase: “Pues a lo de hacer así BRRRRRRR en las tetas he sabido que se llama “Motor Boating the tits”.

Todo esto acompañándolo de gestos bastante explícitos. Cuando cesaron nuestras estúpidas risas descubrimos que para más inri, era un grupo de chicas españolas. Más risas, total, ya no nos las íbamos a follar…

A una hora prudente y tras unas cuantas pintas de cerveza encima decidimos que cada uno se fuera por su lado, les acompañé al metro y les di las direcciones básicas para volver a sus hoteles. No estoy seguro si uno de los dos se dio la vuelta tras despistarme y volvió a por la azafata del rabaco, pero doy fe que la cantidad de viajes al baño que se pegó Diego llegó a resultar sospechoso. Sí, por mucho que la camarer@ siempre me sirviera a mi y yo hubiera ido como dos veces más al baño que mis amigotes. Todo legal.

Al día siguiente, ya viernes, estaba en casa sin mucho que hacer y recibí una llamada que estaré muy lejos de olvidar en mi vida, sobretodo por lo que vino después. El caso es que me llamó mi amigo Carlos, gran fan del football y sobre todo de College (se pirra por UT), que trabaja para un periódico de aquí de Londres. Os diré sin querer enrollarme demasiado que este año consiguió la acreditación de prensa para cubrir el partido y el segundo día le sobró una de las acreditaciones y se acordó de mí.

Resultado: en menos de una hora estaba en el campo en el que los Pittsburgh Steelers iban a entrenar y… fue espectacular. Creo que lo mejor que puedo hacer es enlazaos el artículo que escribió para su periódico en el que explica perfectamente lo que vivimos, incluyendo el saludar y dar la mano a varios de los jugadores. Os dejo el link aquí, en el que además tenéis las fotos disponibles más abajo. Estaré eternamente agradecido. Gracias una vez más, Carlos.

A partir de este punto muy poco puedo contar, creo que nada lo supera… bueno como anécdota no escrita está el que al abandonar todos los jugadores el lugar vi una caja llena de Gatorades y no pude resistirme a pillar uno. No era una maravilla pero salió la vena hispana: si es gratis sabe el doble de bueno. Esto es así. La noche la pasé precisamente con un fan acerero, en la que no paré de narrarle nuestra experiencia.

Regent StreetEl sábado se puso en marcha el fan rally que generalmente ayuda a los fans del football a meterse en el lío, ver a los jugadores de cerca, probarte como jugador y esas mierdas que tanto nos gustan.

Como novedad este año cerraron Regent Street para cubrirlo de parafernalia NFL y personalmente creo que deberían de seguir así en los años venideros. Los años anteriores ha sido en Trafalgar Square y aunque espectacular, el espacio se reduce muchísimo. Por esa parte Carlos y yo, que volvimos a coincidir, quedamos bastante satisfechos; se veía el ir y venir de la gente y era entretenido.

He de decir que quedamos muy tarde y tras darnos un paseo por la NikeTown para ver lo que había llegó el momento de decir adiós que llegaba mi BRO. Tenía que ir a recogerle a la estación del metro y petar el fin de semana, pero, mira… mejor dejaré que os lo cuente él. Yo me despido de momento, nos leemos pronto. Agur!

Entrevista a Bill Belichick (por @Jmx_Smoke14)

Hola a todos. Después de la resaca del partido en Londres, del que tenemos la review en camino (dejad de reíros coño, que va en serio), os traemos una entrevista que nos ha mandado el amigo Josemix. ¿Veis? así funciona esto, cuando el blog está triste y taciturno, lo que tenéis que hacer es compartir vuestras vivencias footballeras. Nosotros haríamos lo mismo por vuestro blog… previo pago, claro.

Como en el fondo somos almas generosas hemos creído conveniente no solo publicárselo sino que además, hemos mandado a nuestro amigo una foto nuestra dedicada, en pelotas. Tócate lo justo Josemix, y enmárcala. Os dejo con él:

Pues a mi Zaragoza me huele raro…

“No os lo vais a creer pero hoy, en un centro comercial de Zaragoza, cuando pasaba delante de una outlet de El Corte Inglés, me he encontrado con Bill Belichick. Si si, el puto lord oscuro, el mismísimo Bill Fucking Belichick. Al principio se hacía el loco y no lo quería reconocer pero le he dicho que llevando una sudadera con las mangas recortadas es imposible que pase desapercibido para un Patriot Fan. Así que tras mucho insistir y tras esperar que terminase de pagar en caja un pack de 3 pares de calcetines Boomerang, conseguí llevarlo a un bar cercano para poder hacer esta entrevista para el Monday Night Blog.

-En primer lugar, muchas gracias Mr. Belichick por aceptar esta entrevista. La primera pregunta es evidente, ¿que narices hace usted en una tienda outlet de Zaragoza?

-Me gusta aprovechar las oportunidades que ofrecen estas tiendas, comprar lo que nadie quiere.  Siempre puedes encontrar algún chollo tirado de precio que te puede sacar de un apuro. En esta no había estado y como tenía un rato libre, me he acercado a ver si cae algo.

-Pensaba que lo de la ropa vieja solo era una pose para la banda, pero veo que no. Por cierto,  se puedes quitar la sudadera que estará más cómodo, que estamos a 30 grados…

-Tranquilo, estoy bien, además Winter is Coming.

-Vaya, ¿veo que es fan de Juego de Tronos? ¿Qué personaje es su favorito?

-Si, estoy enganchado. El enano es el puto amo y Hodor también me gusta, me recuerda a Solder.

-No pensaba que fuera de series.

-Empecé hace unos años. Tenía un montón de cintas de video en el despacho que había que reciclar y me dio por grabar series de la tele.

-¿Alguna que me recomiende?

-¡Buah, muchas! Firefly, Heroes, Las Crónicas de Sarah Connor, Alcatraz, Flash Forward , The Chicago Code, Luck

-¡Menudo ojo! ¿Alguna que no fuese cortada, digoooo cancelada?

-Siempre me gustó mucho Betty la Fea, ¿cómo la gente no podía ver el bellezón que ocultaba esa chica? Yo enseguida vi su belleza oculta, pero en la serie les costó descubrirlo.

-¡Es usted un hacha! ¿Tiene alguna afición más que desconozcamos, aparte de las series?

-Si, soy criador de perros.

-¡Mira!, ¿como Cesar Millán?

-Algo parecido, en realidad me dedico a criar chihuahuas para convertirlos en rottweilers.

-¡Que me estás contando!

-¡Eh! Que no se me da mal. No serán pura raza pero dan el pego. Una vez conseguí vender una camada entera a un tipo en Atlanta.

-Menuda locura…

-No, locura es lo que hace McDaniels.

-Cuente, cuente.

-El muy bestia se dedica a criar patos…

-No me parece excesivamente raro.

-…¡para convertirlos en perros!

-Vale, eso sí que es raro. ¿Pero de donde ha sacado esa idea?

-¡Y yo que sé! Volvió de Denver con esa idea en la cabeza. Creo que la altitud y la falta de oxígeno le afectaron.

-¡Vaya tela!

-Este verano se trajo un pato a los training camps y allí estuvo dale que te pego.

-¿Se lo llevó a los TC? ¿Y usted se lo permitió?

-Hombre, al principio nos hizo gracia. Le puso nombre y todo, Timoteo.

-Menudo nombre

-Si, es bíblico.

-Lo siento yo soy más de El Jueves.

– Y yo del Necronomicón, pero me lo explicó un periodista de ESPN. Bueno, que me voy por las ramas, lo que te contaba. El caso es que tú lo veías y allí estaba Josh todos los días con el pato:

    -Timoteo di guau, di guau, guau, guau, guau

Y el puto pato pues claro, le contestaba:

    –Cuac, cuac, cuac, cuac, cuac…

Ya te digo que al principio hace gracia, pero cuando ya llevaba 4 semanas con el experimento lo que daba era vergüenza ajena.

-¿Y cómo solucionó la papeleta al final?

-En un momento que dejó solo al pato, lo agarré y lo metí en la taquilla de Wilfork y…

  

-No siga, me imagino el resto. Pero hablemos ahora de cosas más importantes, ¿la Bündchen que tal?

-Pffff ¡Daría una 1ª ronda por ella sin dudar!

-Jo-der, palabras mayores viniendo de usted.

-Este verano tuvimos que elegir. Si seguía Welker, ella no se acercaba ni a 10 km. del estadio. Así que hicimos lo mejor para el equipo, está claro.

-La verdad es que viendolo así, casi que entiendo que al final acabase con Frenteancha. Le noto distraido, ¿que está mirando?

-A la chavalilla de allí con los shorts esos que parecen un cinturón, ¡MAMMA MIA!

-¡Por el amor de dios! ¡Que tendrá 16 años como mucho!

-No hay que ver lo que hay ahora sino lo que será en el futuro. Talento entrenable amigo mio, talento entrenable.

-Esto se nos va de las manos, será mejor que lo dejemos. Ha sido un honor conocerle Mr. Belichik, permita que le bese los anillos para despedirme.

-Un placer, ¿te vas a comer la última patata?

-Es toda suya

-Gracias, pero pagas tú, eh!”

Esto es todo amigos. ¿He dado las gracias ya a Josemix? Mil gracias por esta exclusiva. Como veis, el bueno de Bill siempre tiene apuntes interesantes para los fanses. No dejéis de esperar, nos leemos pronto.


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